
El autismo es objeto de investigación ientífica y cuyos efectos perduran durante toda la vida, interacción social, comunicación y consultas. Son personas que nos asombran por su sinceridad, porque cuando ríen, besan, lloran, te abrazan... lo hacen de verdad. Si trabajan en algo que les gusta, llegan a destacar en ello.
Ellos no quiern sentirse solos, quieren nuestra amistad y no sentirse discriminados. Para poder abrazarles, besarles tenemos que ganarnos su confianza, estos niños no toleran las bromas y tampoco el roce de las etiquetas. Lo que hoy si les gusta, puede ser que mañana no.
Al principio del diagnóstico tienes muchos sentimientos negativos, de negación de buscar culpables y no encontrarlos. Así que acabas echándotela a ti misma y luego pasas por un tiempo de duelo porque esperabas al hijo modelo que por lo menos, fuera ingeniero industrial y luego la aceptación. El hijo tan maravilloso que tienes y que no le cambias nada. Entonces, levantas la cabeza y empieazas a luchar por él, para él y con él.
Estas enfermedades provocan a veces incomprensión y rechazo. Cuando salimos con nuestro hijo a veces se pone a gritar, a decir palabras absurdas. La gente mira y cuchichea: "Vaya un niño maleducado". A veces hasta te llegas a cuestionar como madre y en el caso del autismo, no existen rasgos físicos. Acostumbrarse a las miradas de cómo te miran y sobre todo a tu propio hijo es muy doloroso.
"Autismo somos todo, ellos nos enseñan lecciones de vida".

