La venganza de la buena suerte
“En España pasáis por un mal momento, pero lo superaréis, no te preocupes, al igual que nosotros lo superamos en el Perú de 1990, y nuestro problema era muy superior al vuestro. Ahora toca trabajar duro, muy duro, durante un tiempo y ser generosos en los esfuerzos para superar la situación”. Estos comentarios los recibía la semana pasada en Lima de un buen amigo y gerente de una empresa peruana líder en centrales hidroeléctricas. Perú es hoy un país en continuo crecimiento, pero pasó por momentos muy difíciles a finales de los 80 y principios de los 90.
La verdad es que el panorama español es causa de preocupación en todo el mundo, sea donde nos quieren y sufren con nosotros, como en América Central y del Sur, sea donde temen que nuestra situación les contagie, como en Europa Central.
Nuestros gobernantes ya hablan alto y claro -día sí, día también- de la insostenibilidad del sector público, cuyos gastos alcanzan el 10% del PIB, y tras haber perdido un tiempo precioso -y un dinero muy necesario-, ya se toman en serio aplicar una reestructuración profunda de la Administración pública. Basta ya de tímidos reajustes que no atajan el mal, pero enfadan a todo el mundo, a quienes van dirigidos -a nadie le gusta que le reduzcan el sueldo y a la vez le aumenten la jornada laboral- y a quienes esperan soluciones reales -cirugía, no maquillaje- para enderezar el rumbo del país.
Establecer la libre competencia en el hoy deficitario sector público es una magnífica noticia que debe ser ampliamente extendida a todas las AAPP, no sólo a algunas de las deficitarias, por falta de rentabilidad y ausencia de eficacia.
“No hay dinero para pagar las nóminas de los funcionarios, por lo que no podemos pagar vuestras facturas”, se nos dice. En nuestra asociación, las empresas de ingeniería quiebran cuando eso ocurre y sus trabajadores lamentablemente se quedan sin trabajo. Y todo porque las AAPP mantienen un personal a todas luces excesivo para el trabajo a realizar, que ha disminuido sensiblemente, cuando no ha desaparecido por completo. Si todos estamos de acuerdo en que esta situación es insostenible, ¿a qué esperamos para darle la vuelta y enderezar el rumbo? No perdamos más tiempo y actuemos de forma contundente contra nuestros males endémicos, siendo generosos en el esfuerzo para cantar victoria en la dura batalla.
Es la venganza de la buena suerte…o la recompensa de la mala vida.
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La verdad es que el panorama español es causa de preocupación en todo el mundo, sea donde nos quieren y sufren con nosotros, como en América Central y del Sur, sea donde temen que nuestra situación les contagie, como en Europa Central.
Nuestros gobernantes ya hablan alto y claro -día sí, día también- de la insostenibilidad del sector público, cuyos gastos alcanzan el 10% del PIB, y tras haber perdido un tiempo precioso -y un dinero muy necesario-, ya se toman en serio aplicar una reestructuración profunda de la Administración pública. Basta ya de tímidos reajustes que no atajan el mal, pero enfadan a todo el mundo, a quienes van dirigidos -a nadie le gusta que le reduzcan el sueldo y a la vez le aumenten la jornada laboral- y a quienes esperan soluciones reales -cirugía, no maquillaje- para enderezar el rumbo del país.
Establecer la libre competencia en el hoy deficitario sector público es una magnífica noticia que debe ser ampliamente extendida a todas las AAPP, no sólo a algunas de las deficitarias, por falta de rentabilidad y ausencia de eficacia.
“No hay dinero para pagar las nóminas de los funcionarios, por lo que no podemos pagar vuestras facturas”, se nos dice. En nuestra asociación, las empresas de ingeniería quiebran cuando eso ocurre y sus trabajadores lamentablemente se quedan sin trabajo. Y todo porque las AAPP mantienen un personal a todas luces excesivo para el trabajo a realizar, que ha disminuido sensiblemente, cuando no ha desaparecido por completo. Si todos estamos de acuerdo en que esta situación es insostenible, ¿a qué esperamos para darle la vuelta y enderezar el rumbo? No perdamos más tiempo y actuemos de forma contundente contra nuestros males endémicos, siendo generosos en el esfuerzo para cantar victoria en la dura batalla.
Es la venganza de la buena suerte…o la recompensa de la mala vida.
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