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ENTRE TÚ Y YO

El coste de la irresponsabilidad

Lucio Fernández Lunes, 10 de Mayo de 2021 Tiempo de lectura:

 

En un mundo cambiante, en progresión continua, adaptándose minuto a minuto la definición de Responsabilidad Social Empresarial no podía ser distinta.

 

De entre las muchas definiciones encontramos esta: “La Responsabilidad social corporativa (RSC) también llamada responsabilidad social empresarial (RSE), se define como la contribución activa y voluntaria al mejoramiento social, económico y ambiental por parte de las empresas, generalmente con el objetivo de mejorar su situación competitiva, valorativa y su valor añadido”

 

Dentro de la misma encontramos múltiples conceptos más que interesantes: “contribución activa y voluntaria”, “mejoramiento social, económico y ambiental”, “mejorar su situación competitiva, valorativa”. Conceptos que dan forma a un nuevo modelo de gestión de las organizaciones. Una manera transparente, fiable, ajustada a la realidad, pensada para todos y, sobre todo, rentable.

 

En mi caso, he desarrollado una definición algo más simple y directa: “La RSE es un cómo para conseguir un qué”. Donde el QUÉ son los resultados de las compañías – que siempre, siempre buscan ser lo más positivos – y donde el CÓMO es la forma en que se consiguen esos resultados.

 

Innumerables instituciones y entidades (Pacto Mundial de Naciones Unidas, Parlamento Europeo, Asociación Española de Directivos de RSE, …) durante mucho tiempo están trabajando para que estos “cómos” se introduzcan en el ADN de las organizaciones y formen parte de su tuétano estratégico que permite mover la maquinaria empresarial.

 

Es de destacar que, la transversalidad de la RSE, se está poniendo de manifiesto en Máster de Universidades y de Escuelas de Negocios. Y lo que es más interesante es que podemos encontrar MBA Executive, donde uno de los temas que se imparten es la Ética y la RSE.

 

Esa “lucha” frente a la máxima rentabilidad a costa de lo que sea suena a David frente a Goliat y, poco a poco, los resultados en el tejido empresarial internacional y español van siendo más que notorios.

 

Directivos de todas las áreas “asumen” que trabajar de esta manera es un camino que hay que escoger, donde el viaje es largo, duro, con días de lluvia y días de calor extremo, pero donde la meta merece el esfuerzo.

 

Los que tenemos la suerte de poder viajar por España transmitiendo nuestra visión sobre lo que la RSE supone y las ventajas que implica desarrollarla sabemos lo que cuesta la responsabilidad social empresarial, pero también, la irresponsabilidad.

 

La responsabilidad da como resultado: trabajadores más motivados y productivos, proveedores más adaptados a las necesidades del negocio, clientes más fidelizados y comprometidos, socios más implicados…

 

La irresponsabilidad conlleva pérdida de motivación y su respectivo aumento de costes, gran rotación de clientes, proveedores que no sirven el producto o servicio en tiempo y forma, socios descontentos, pérdida de ingentes cantidades en bolsa por el miedo de los inversores, pérdida de reputación, … lo que genera una clara pérdida de rentabilidad.

 

Ante la pregunta ¿qué es mejor la responsabilidad o la irresponsabilidad?, la respuesta es siempre la misma: la responsabilidad.

 

Tenemos casos como los de Nike que en los años 90 sufrió un caso de denuncia por explotación de los trabajadores que le supuso perder un 25% de su valor en bolsa. O Inditex implicada en un caso de explotación infantil en Brasil o Apple con su crisis de suicidios en la fábrica Foxconn, o tantos otros.

 

De estas lecciones deberíamos haber aprendido, algunos lo han hecho, otros no.

 

Un caso más fue la crisis del CO2 de Volkswagen. Si analizamos fríamente las consecuencias de la misma, en mi opinión, el principal motivo y más grave de todo no es el fraude fiscal o económico realizado – evitando pagar impuestos al declarar menos emisiones u obtener subvenciones de gobiernos – realmente es el engaño. No un engaño cualquiera, sino un engaño medioambiental.

 

Lo que ha hecho tambalearse los cimientos de este monstruo de la automoción es un problema de reputación y de ética. Lo que hasta ahora era un intangible que en muchos casos era complicado extrapolar a un supuesto beneficio de aplicación, se ha convertido en una crisis económica de alcance insospechado.

 

Una frase que, personalmente me gusta aplicar es “Haz lo que debas y di lo que haces”. Sencilla, clara y muy directa.

 

Debemos aprender de esta situación todos, sobre todo los escépticos de esto que llamamos RSE, pues la inversión en responsabilidad es importante y alta, pero más aún es el coste de la irresponsabilidad.

 

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