
“El hombre se acerca por medio de la poesía con más rapidez al filo donde el filósofo y el matemático vuelven la espalda en silencio” Federico García Lorca (Fuente Vaqueros, 1898), de su libro: “Prosa. Conferencias y lecturas” (Obras completas, Aguilar, 1974).
Desde sus más remotos orígenes el ser humano se ha percatado de dos esenciales debilidades que de modo natural le adornan. A saber: una física, la certeza de que antes o después morirá; y otra, psíquica, lamenta tener que morirse; lo cual nos ha llevado a la pregunta recurrente: ¿existe alguna forma de supervivencia tras el colapso de nuestro cuerpo? La respuesta viene dada por la filosofía, las religiones reveladas monoteístas (judaísmo, cristianismo e islam) y diversas creencias místicas y herméticas.
Algunas filosofías orientales nos consuelan señalando el círculo vital de la “reencarnación infinita”; aunque no concluye con ello nuestra ansiedad, pues nuestro “yo” desaparecerá y seremos “otro” en la vida venidera.
En el fondo, el drama sigue siendo qué deseamos conservar nuestra alma, espíritu o intelecto, con “la memoria intacta de quién somos y el pasado en qué fuimos”.
Estas reflexiones, que comparto, se contienen en las primeras páginas de un libro, que hoy les recomiendo, de uno de mis autores favoritos: “La memoria vegetal”, (Penguin Random House Grupo Editorial, 2021) de Umberto Eco (Alessandria, 1932), filósofo, escritor y profesor de la Universidad de Bolonia (la edición original se publicó en 2018 en Milán con el título “La memoria vegetale e altri scritti di bibliofilia”).
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Es un libro de gran originalidad, como no es de extrañar conociendo la genialidad del autor, publicado tras su muerte en 2016 recopilando conferencias y artículos, en el que habla de:
1.- De la importancia de la lectura y el amor a los libros: “la memoria vegetal, la bibliomanía, la biblioteca y el fin del libro”.
Con la escritura nació, según Umberto Eco, la “memoria vegetal”, pues vegetal era el papiro y el papel (desde el siglo XII); se producen libros con trapos de lino, cáñamo y tela; y, por último, la etimología tanto de biblos como de liber remiten a la corteza del árbol.
Es por ello que el autor, nos sigue diciendo:
“Ante el libro, buscamos a una persona, una manera individual de ver las cosas… la lectura se convierte en un diálogo, pero un diálogo -y esta es la paradoja del libro- con alguien que no está delante de nosotros”
“No nos damos cuenta, pero nuestra riqueza con respecto a los analfabetos (o a los alfabetos que no leen) es que ellos están viviendo y vivirán solo su vida mientras que nosotros, vidas, hemos vivido muchísimas… no solo de nuestros errores extraemos lecciones, sino también de los errores de Pinocho o de los de Aníbal… no nos hemos angustiado solo por nuestros amores, sino también por los de Angélica de Ariosto… hemos asimilado algo de la sabiduría de Solón, nos hemos estremecido por ciertas noches de viento en Santa Elena… junto al cuento de hadas que nos ha contado nuestra abuela”.
“Los libros pueden inducirnos a recordar también muchas mentiras, pero tienen la virtud, al menos, de contradecirse entre ellos, … el libro es un seguro de vida, un pequeño anticipo de inmortalidad. Hacia atrás (por desgracia) en lugar de hacia delante”.
“Una biblioteca de casa no es solo un lugar donde se recogen libros: es también el lugar que los lee por nuestra cuenta… lo que el infeliz no sabe es que la biblioteca no es solo el lugar de tu memoria, donde conservas lo que has leído, sino el lugar de la memoria universal, donde un día, en el momento fatal, podrás encontrar lo que otros leyeron antes que tú”.
2.- De libros antiguos o serie histórica:
Destaca la síntesis de Tomas de Aquino de los principios de la estética medieval que tanta repercusión tuvieron en los libros: “contribuyen a la belleza tres condiciones o características: la integridad, la proporción y la claridad o nitidez del color”.
Como ejemplo más nítido puede ser la Hisperica Famina, una serie de composiciones poéticas que contienen descripciones de objetos, acontecimientos y fenómenos naturales; en ella, para describir un ímpetu de alegría, dice Ampla pectoralem suscitat vernia cavernam (una amplia alegría dilata las cavernas de mi pecho).
La importancia en la Edad Media de los colores sencillos, nítidos e intensos se traduce en la construcción de las iglesias y catedrales para que la luz irrumpa a través de estructuras (ventanas, rosetones y vitrales) y en la poesía, la predilección por el color brillante está siempre presente; así, para Guinizzelli, una mujer bella tiene un “rostro de nieve coloreado de granada”.
3.- De locos literarios y científicos con sus obras disparatadas y erróneas.
Aquí la variedad y curiosidad de ejemplares que Umberto Eco cita, son casi inabarcables. Veamos algunos ejemplos: inventores de lenguas universales, apóstoles de nuevas cosmogonías, cuadradores de círculos, inventores de máquinas del movimiento perpetuo, estudiosos de los golpes de bastón, médicos que describen animalejos nocivos que habitan el esperma humano, creadores de la teología de los ferrocarriles, precursores de la teoría de la Tierra Hueca, la creencia en los orígenes glaciales del cosmos, etcétera.
Del mismo modo, grandes obras de la literatura en su tiempo fueron considerados obras de perturbados sin interés alguno. Veamos algún ejemplo: 1851, Moby Dick (“no pensamos que pueda funcionar para el mercado de la literatura juvenil”); 1856, Madame Bobary (“habéis enterrado vuestra novela en un cúmulo de detalles que están bien delineados pero que son completamente superfluos”); 1945, Rebelión en la granja (“imposible vender historias de animales en Estados Unidos”)
4.- Heterotopías y falsificaciones
Entre ellas:
Un disparatado y desternillante “manual de estudios avanzados” por un antropólogo marciano estudioso de la especie humana terrícola tras su extinción, de cuyo leguaje una de las primeras palabras descifradas es “culo”, al cual define como: “lugar genérico donde se va a tomar algo”
Y un apasionante “monólogo interior de un e-book” el cual comienza con la toma de conciencia de dispositivo (“hasta hace poco yo no sabía qué era. He nacido vacío… luego algo ha entrado en mí, un flujo de letras”), más tarde se descubre como algo maravilloso (“un texto es un universo… tengo una memoria superior a la de un libro de papel”) y, sin embargo, concluye que le gustaría ser un libro de papel (“soy un libro disociado, tener muchas vidas y muchas almas es como no tener ninguna y, además, debo estar atento a no tomarle cariño a un texto porque al día siguiente mi usuario podría borrármelo”).
En mi opinión: está en lo cierto Umberto Eco al equipar “libros” con “memoria”. La “memoria vegetal” (los libros) es una herramienta que nos permite sentir la vida, experiencias y pensamientos de personas coetáneas o pasadas, que de otro modo jamás podríamos conocer. Con esta memoria y nuestras propias vivencias e ideas nos vamos construyendo y, a su vez, generamos impacto en las demás personas.
Por eso, es tan importante leer libros, más allá de mensajes de pocos caracteres, de poesía, novela, biografías, ensayos o lo que ustedes quieran; y también preocuparnos de cómo nos educamos para elegir las lecturas. Pues, como dice Umberto Eco: la difusión de la memoria vegetal tiene todos los defectos de la democracia, un régimen en el que, para permitir que todos hablen, es necesario dejar hablar también a los insensatos, e incluso los sinvergüenzas.
El libro es también un objeto que traslada parte de nosotros, por cuanto, la biblioteca que, a lo largo de los años, por pequeña que sea, somos capaces de crear, forma parte de la memoria (en soporte vegetal) que dejamos tras la conclusión de nuestro ciclo biológico. Un espacio que supera el tiempo para que otros, si quieren, puedan encontrarnos en la propia elección de los textos y, aún más, en las anotaciones que en ellos perduren.
He de reconocerme privilegiado por conservar libros que me han llegado desde mis antepasados y amigos, algunos de los cuales exponen ideas y reflejan preocupaciones que el tiempo ha descascarillado, pero como dice Umberto Eco “nos enseñan a valorar críticamente las informaciones” y extraer lecciones “no solo de nuestros errores”.
Queridos lectores, si la poesía nos coloca en el “filo donde otros se rinden”, la filosofía nos ayuda a “narrar el abismo”, la novela nos acerca a “vidas auténticas, aunque envueltas en ficción”, el ensayo nos proyecta a “un futuro explicado desde el pasado” y la biografía nos ejemplifica cómo son las vidas finitas y las huellas inmortales”, es nuestra la elección: buscamos “el consuelo de los adeptos” o “nos arriesgamos a escuchar la diversidad de los otros”.

