
Los niños no estaban muy convencidos con la tarde que se les había organizado. Los mayores diferían mucho de su opinión. Era necesario, importante, aunque en principio se prestara a discusión y malas caras. Por una vez serían intransigentes; faltaría más. Un museo tan fabuloso, con las características tan impresionantes, en el centro de Manhattan, súper moderno, entre la Quinta y Sexta Avenida, les iba a encantar. Ya podían protestar y enfadarse, se les pasaría nada más pisar los jardines, y ver la maravillosa estructura de cristal y cemento. Considerado uno de los grandes santuarios de arte impresionista y surrealista del mundo, seguro que no se arrepentirían una vez puestos los pies en su luminosa y alegre naturaleza tan descriptiva y divertida como no pudieran soñar.
Así que esa lúcida tarde acabó como un cuento. Mis nietos se entusiasmaron con la visita al MoMA. Atentos a las explicaciones que recibían de sus auriculares, paseando por las espaciosas salas, impregnando su imaginación de sorprendentes sensaciones, con las mejores colecciones de obras maestras, y, hasta videojuegos, reconocidos sus méritos para estar ahí.
El atrevimiento de dotar a la ciudad de este impresionante proyecto surgió de tres mujeres de la alta sociedad, muy relevantes de Nueva York, amantes de la cultura, que se puso en marcha como entidad privada, aunque sin ánimo de lucro para ayudar a la gente a entender, utilizar y disfrutar de las artes visuales de nuestro tiempo. De las primeras vanguardias del siglo XX, el MoMA conserva obras clave de Picasso, como “Las señoritas de Avignon”, “La persistencia de la memoria”, de Salvador Dalí, “El cazador”, de Joan Miró, “La noche estrellada”, de Van Gogh. Artistas americanos como Jackson Pollock, Andy Warhol, Hopper, y una larga lista de impresionistas europeos y artistas de todo el mundo.
Música, teatro, danza, visitas guiadas y grandes actividades para todos los públicos, incitan a salir en la noche de los museos. Un evento cultural organizado en forma conjunta con todas las instituciones, para poder visitar estos lugares durante la tarde y parte de la noche, con el objetivo de acercar a los ciudadanos a la cultura. Un verdadero objetivo de actividades educativas para la divulgación del arte, la investigación y el placer. Nadie nos obliga a salir esa noche que se presenta apasionante, pero lo hacemos para gozar una mágica y universal LARGA NOCHE DE LOS MUSEOS, que pone siempre en marcha alguna originalidad por la que merece la pena hacer el recorrido nocturno por estos santuarios del arte, que a lo mejor no hemos pisado en años.
En Murcia hay unos cuantos museos con los que deleitarse: el Museo de Bellas Artes, y las colecciones temporales, ahora con pinturas costumbristas de Pedro Flores, y no olvidar su espléndido espacio al aire libre para eventos musicales. El “Museo Ramón Gaya”, en la plaza de Santa Catalina, uno de los imprescindibles para disfrutar su casa museo. Sus cuadros expresan la belleza de la mujer murciana y su paisaje, utilizando una claridad absoluta y transparente de la luz mediterránea. La fundación Pedro Cano, en Blanca, cuenta con más de mil obras entre óleos, acuarelas, dibujos y sus preciosos y personales cuadernos de viaje, cedidos a su famita y al lugar donde nació.
Encontrar estos lugares, por la noche, con la temperatura asegurada, es un auténtico gusto. Nuestra tierra tiene una cultura impresionante, a veces soterrada porque vivimos ciertas inseguridades con respecto a nosotros mismos, y nuestra situación en el mapa, esquinada y solitaria, no deja otra opción que la de descubrirla con los ojos bien abiertos.
Hay preguntas que nos hemos hecho alguna vez, a propósito de las interminables colas en museos y exposiciones. Lo que allí se exhibe nos atrae, aunque la verdad puede ser otra bien distinta: cuando alguien se siente agotado antes de entrar, y fríamente piensa si le interesan esas horas lentas, largas, mirando los cuadros de las paredes, despacio, detallando el autor, el año, señalando con el dedo, obligado a decir alguna frase que pueda ser original. Todo puede suceder, pero nadie escapa a la realidad, a la verdadera esencia de un museo.
Es entonces cuando ciertos recuerdos y vagos deseos se sienten superados en la conciencia de quien se encuentra observando la vida. Porque el arte se nutre de la vida que el artista plasma en su obra, y de la fe que alimenta su continuo caminar. Porque a la pregunta: “¿Qué sabes hacer bien? la respuesta del sabio es:” Ir tras de lo que puedo”.
¡FELIZ SEMANA!

