
La odisea por conseguir la nacionalidad española ha sido objeto de mofa y banalización durante años. Se han escrito historias cómicas basadas en los problemas derivados de esta hasta la saciedad. Que si “las rusas que vienen para casarse y conseguir los papeles”, que si los “moros” o los “panchos”. Pero detrás de toda esta chanza de dudosa moralidad existe un problema real. Un gran número de personas que, aun casadas, con trabajo e hijos, tienen que esperar durante años para poner sus papeles en regla. 5, 8, 10, a veces incluso más años.
Las trabas burocráticas que existen para adultos irregulares son infinitas y, en algunos casos, imposibles de salvar. Hay quienes se ven encerrados en la paradoja de necesitar ingresos de 500 euros para conseguir un permiso de residencia, y al mismo tiempo necesitar un permiso de residencia para obtener el permiso de trabajo. Pero, aunque un adulto pase a ser regular y logre un permiso de residencia y trabajo, aún tiene que conseguir nacionalizarse. Ahí aparece otro muro infranqueable, un muro construido con cimientos de papel y con burócratas por capataces. Sin duda don Quijote, de vivir en nuestros días, no habría confundido molinos con gigantes sino, probablemente, instancias públicas. Y lo peor es que no habría andado tan desencaminado, porque los españoles luchan contra su propio Estado día tras día.
Este es el caso de una pareja de Huércal-Overa, Almería. Un matrimonio al que llamaremos Rosa y Nacho. Nacho es un argentino que lleva trabajando en España desde el año 2008. Se casó con Rosa, española de nacimiento, en el año 2013. En ese entonces, ya tenían un hijo. A día de hoy, tienen dos hijos y siguen sin conseguir la nacionalidad para Nacho.
No es la primera guerra que libran con la burocracia española. Nacho interrumpió su carrera profesional en la península para vivir en Argentina durante dos años, en 2012 y parte de 2013. Por aquel entonces, iniciaron los trámites para homologar el título universitario argentino y validarlo en España. Ese proceso terminó el año pasado, en 2020, ocho años después.
Con la nacionalidad, según parece, van a correr la misma suerte. En 2014 empezaron a informarse. Ya estaban casados, así que Rosa pensó que “en un año o dos estaría hecho”. “Siempre se había dicho que cuando un extranjero se casaba con una española, conseguía la nacionalidad rápido. Pero a la vista está que no ha sido así”.
“Hicimos el examen, pagamos las tasas y presentamos los papeles en 2016”, recuerda. Iniciaron el proceso como tal en 2015, cuando solicitaron el examen de cultura general española que han de pasar todos los adultos extranjeros que quieran obtener la nacionalidad. “Luego, en 2017, nos volvieron a citar y otra vez nos pidieron el pasaporte, el documento de identidad, el certificado del examen… Todos los papeles otra vez, como si empezásemos desde el principio”. Un año de retraso podría parecer poco, pero en un proceso que avanza a pasos tan lentos, puede significar una diferencia enorme.
“Lo peor es que no hay un sitio físico al que puedas ir a preguntar, no hay una persona que te pueda ayudar a desbloquear lo papeles”, lamenta. “Ya no funciona así”. Hoy, en la época de la industria 4.0, esas respuestas se encuentran en Internet. “Pero es que a nosotros, hasta el año pasado, no nos dieron el número de registro para comprobar el estado de la solicitud online – reclama −. Cuando nos lo dieron, miré y ponía que el proceso estaba ‘en trámite’. En enero de este año volví a mirar y estaba en ‘calificación’. Cuando vi eso pensé: ¡ah! mira, por fin avanza esto. Pero no, porque en febrero volví a entrar y otra vez estaba ‘en trámite’”.
En una situación como esta solo se puede sentir una cosa: impotencia. “No lo puedo llegar a entender, ¿dónde está el problema? Es una persona de habla hispana, de un pueblo hermano − declara, indignada −. Y está casado con una española, tiene 2 hijos españoles y lleva 10 años trabajando en España. Es que se la tienes que dar [la nacionalidad]. Lo peor − dice − es que no dan ninguna respuesta, es una incertidumbre total”.
Nacho tiene todas las condiciones para que le den la nacionalidad, de sobra, pero los papeles no avanzan. “Es que estamos con los de 2015”, les han dicho alguna vez, después de presionar mucho por teléfono. Ahí es cuando más lamentan el año de retraso que les sumaron las instituciones sin ninguna justificación.
La vida sin nacionalidad
“Le afecta en absolutamente todo − ha confesado Rosa, al preguntarle por los efectos de la situación irregular de su marido −. No puede votar, no puede presentarse a unas oposiciones, lo separan de mí y de mis hijos en el aeropuerto porque no es europeo. ¡Ah!, claro – añade −, también le quitan casi la mitad de su sueldo por el IRPF”. Puede que, si pensamos en las acciones más cotidianas, no veamos la gravedad de la situación. “En el día a día, pues, gracias a Dios, no afecta tanto”, admite. Hasta que quieres pedir un préstamo, viajar o presentarte a ciertas plazas de trabajo. Las partes de su vida que se ven paralizadas por esta falta de nacionalidad son pilares fundamentales que te hacen sentir integrado o excluido de la sociedad.
Así que, después del esfuerzo, Rosa y Nacho siguen igual: comprobando cada día la página del Ministerio de Justicia para enfrentarse, una y otra vez, al mismo mensaje que les dice que su proceso está “en trámite”. Con sus vidas paralizadas y sin opciones.
Salir del ciclo
El primer abogado con el que contactaron Rosa y Nacho, también de Huércal-Overa, ha corroborado la situación. Según este, cuando otras personas le solicitaron ayuda, experimentó cómo los documentos se “paralizaban sin razón” en el registro civil. De hecho, este abogado rechazó ayudarles porque sabía que “no iba a poder hacer nada por ellos”.
![[Img #82350]](https://murciaeconomia.com/upload/images/05_2021/1894_registro-civil-almeria.jpg)
Registro civil de Almería
Pero esta no fue la única persona a la que pidieron ayuda. También llamaron a otra abogada, esta vez a una residente en Madrid, para buscar alguna solución. Ella escribió un documento de solicitud de datos que ha sido ignorado, por ahora, por las instituciones. De hecho, en palabras de Rosa, “la abogada va a pasar del conserje”. Según ella, “antes las cosas se hacían de otra manera”, presentándose físicamente y encontrando a alguien que pudiese ayudarte. “Yo, ahora, voy al registro − continúa Rosa − y quien me atiende es un pobre oficinista que puede hacer lo mismo que hago yo en mi casa: abrir el ordenador y recordarme que mi solicitud está en trámite”.
Una última posibilidad
“Nosotros presentamos un escrito a finales de marzo”, comenta la abogada, hablando de una solicitud de acceso a la información pública que ha presentado al Ministerio de Justicia por el matrimonio almeriense. Su objetivo es averiguar, al menos, en qué punto de la tramitación se encuentra el expediente, pues de otra forma “obtener información es total y absolutamente imposible”. “Yo les dije que, efectivamente, no se puede hacer nada – continúa −. Ahora bien, lo que no consideraba inviable era acceder al estado de la tramitación amparados en la normativa de transparencia”.
Decidieron abrir esa vía teniendo en cuenta que la normativa de transparencia es, al mismo tiempo, “ajena al todo el sector público”, pero “transversal a todo él”. Es decir, que la legislación sobre transparencia se aplica a todo el sector público de forma independiente. Así, si la solicitud es denegada “de forma explícita o por silencio”, pueden acceder a una instancia superior, que es el Consejo de Transparencia. Todo eso única y exclusivamente para saber cómo va la tramitación de su expediente, que está, más que probablemente paralizado. Aún tendrán que esperar para poder seguir adelante con este proceso, pues “en este caso, el silencio administrativo se computa a los tres meses”.
Existe otro pequeño atisbo de esperanza en esta solicitud en materia de transparencia. “Lo que queremos es ejercer presión indirecta – afirma la abogada −. Va a ser muy difícil que esto haga un efecto directo en la tramitación del expediente, aunque la otra opción que hay es nada. Es muy frustrante la imposibilidad de conseguir información”. A pesar de todo, son realistas y mantienen las expectativas bajas. Su única pretensión real es saber qué pasa con su expediente. “Eso teníamos y eso tenemos”.
¿Y qué hacer con esta situación? El Gobierno facilita los requisitos necesarios para solicitar la nacionalidad, pero no trabaja para eliminar los verdaderos problemas, que vienen a la hora de llevar el proceso a la práctica. Cuando uno se ve con todos los requisitos cumplidos, pero alejado de su objetivo por las propias instituciones, las opciones de futuro pueden desaparecer del horizonte y solo queda la impotencia.
Mauricio, otro vecino de Huércal-Overa, de origen ecuatoriano y que ya consiguió la nacionalidad y vive en ese pueblo desde hace unos 20 años, cuenta que tuvo que “darse un viaje a Madrid” para conseguir desbloquear los papeles que se habían estancado sin justificación en el registro civil. Ni siquiera allí supieron decirle por qué se había detenido el proceso. Mauricio recuerda que tuvo el apoyo de su jefe en aquel momento, que le ayudó a mover todos los papeles y le explicó adónde debía dirigirse para saber el estado de sus documentos.
Sería preocupante que la única solución para no tener que esperar casi una década por negligencia administrativa fuese viajar a Madrid. Para colmo de males, esa información que hace dos décadas se podía consultar en Madrid, hoy, en teoría, se revisa en internet, como nos ha contado Rosa. Y ya hemos visto la multitud de opciones que deja abiertas esta vía de actuación. Entre pocas y ninguna.
Lo "normal" es que la nacionalidad termine de tramitarse en dos años a lo sumo. Una cantidad de tiempo que está normalizada, pero que no es ni mucho menos baja teniendo en cuenta todas las puertas que te cierra no tener ese documento. Pero, cuando un error administrativo paraliza el proceso, ¿qué queda? No se puede luchar contra quien hace las reglas.





