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ENTRE TÚ Y YO

Generaciones

Ángeles Hernández-Gil Jueves, 27 de Mayo de 2021 Tiempo de lectura:

 

“Una generación es toda la gente que nace y vive más o menos al mismo tiempo, considerada colectivamente, con un promedio entre 20 o 30 años en los que los niños nacen y crecen, se convierten en adultos y comienzan a tener hijos” Hoy día, en el planeta conviven varias generaciones: Grandiosa o GL; Silenciosa; Baby Boomers; X; Millenials y Z.

Se ha escrito tanto sobre las diferencias generacionales y sobre cómo catalogar a la población, en función de su nacimiento, que la oficialidad en los años concretos de inicio y final de cada una de  las generaciones depende de los diferentes demógrafos. Por este motivo puede suceder que no coincidan unos estudios con otros, y existan algunas alteraciones.

La Generación Grandiosa se define como las personas nacidas entre 1901 y 1927; una generación moldeada por la Gran Depresión y su participación como protagonista en la Segunda Guerra Mundial. O sea que yo pertenezco a la Generación Silenciosa, según quien haya hecho las estadísticas, situada en una transición, porque lo mismo puede situarse al final o principio de la Baby Boomer (El boom de los bebés). Se estima que en 2020 la generación silenciosa abarcaba el 3,5% de la población mundial.

Así que la generación silenciosa (pocos afortunados) llegaba con grandes heridas económicas y de guerra (también en España), una sociedad resquebrajada, empobrecida y desilusionada. Fue una auténtica demostración de obediencia y disciplina levantar los países arrasados y preservar la familia por encima de todo lo demás. El carácter y la personalidad funcionaban en silencio, la rebeldía estaba reservada para más adelante y con todas estas expectativas la verdad es que la vida resultaba de una simplicidad demasiado compleja. Los matrimonios funcionaban de una forma patriarcal, los hijos venían pronto y en abundancia, y hasta mucho más tarde no se dieron cuenta de que el cambio iba a ser colosal. Los hijos que nacimos en ese deterioro mundial creímos que seguiríamos los mismos pasos de nuestros padres, formaríamos familias y continuaríamos con las mismas pautas que estaban señaladas de antemano.

Pero a principios de la década de los 60 la sociedad empieza a romper hilos, a distanciarse como una reacción generalizada de apertura. Las  revoluciones surgen por las mismas causas en distintas ciudades europeas y de todo el mundo. El movimiento hippie va creciendo e incorporando su ideología de paz libertad y amor. Aparecen los Beatles, y otros músicos poetas reivindicando cambios urgentes; son leyendas vivas a favor de la libertad y los derechos humanos: figuras como John F. Kennedy, Martin Luther King asesinados y convertidos en mitos: la guerra de Vietnam, el feminismo, y otros manifiestos movilizaron a una generación que desafió todo lo establecido anteriormente. Un cambio que dio paso la inauguración de una vida nueva, mucho más participativa, ruidosa y libre en la generación Baby Bloomers, marcada por un cambio radical en el mundo, sin vuelta atrás, y de la que se aprovecharían las generaciones posteriores.

Pronto nos dimos cuenta de que los hijos ya pintaban otros paisajes en la historia. El mundo late a fuerza de revoluciones, así es como se hará en adelante, y el viraje familiar no se queda atrás. Las diferencias de cada generación, se hacen mucho más visibles; separan y distancian la forma de pensar entre padres e hijos. Las costumbres se deterioran ante los vínculos familiares. Los hijos piensan por sí mismos, pierden la dependencia de los padres, se relajan y difieren con naturalidad, tomando sus propias decisiones. Adoptan posturas más contestatarias, mientras observamos que ya no sirve lo que hicimos nosotros cuando éramos jóvenes.

Las circunstancias han cambiado. Pretender tomar las riendas y frenar un poco, es un desafío serio y delicado. Y los jóvenes necesitan ese envoltorio desigual que les produce seguridad. No es momento de poner el grito en el cielo pensando que, ¡todo ha sido tan rápido! Sí y no. Los procesos han seguido su curso y aquí estamos haciendo comparaciones, pero lo mejor es cambiar el gesto y sonreír rechazando esos pequeños roces generacionales que todos sin excepción, hemos sentido en muchos momentos.

Y, como no, conseguir un poco de confianza para los que ya estamos en una hora de la noche… bastante avanzada.

 

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