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ENTRE TÚ Y YO

El humor en la música

Soledad Hernando Miércoles, 23 de Junio de 2021 Tiempo de lectura:

 

Existe la creencia de que la música clásica es algo serio, y como tal, no debe aligerarse relacionándola con el humor.

 

El sentido del humor consiste en interpretar la realidad de una manera alegre. El humor nos aporta una mirada optimista hacia la vida. Gracias al humor tomamos distancia y podemos relativizar. Se tiende a creer que no merece la pena estudiar el concepto de humor y menos aún relacionarlo con el hecho musical, como si la música humorística no fuese lo suficientemente seria para merecer un estudio. ¿Es menos profesional un educador con sentido del humor que uno serio? ¿Tiene menos calidad la música de Mozart por introducir elementos humorísticos? Me temo que en ocasiones confundimos seriedad con profesionalidad.

 

En la música, como en cualquier ámbito de la vida, ha habido grandes compositores que han incluido el humor en sus obras, entre ellos: Haydn, Mozart, Satie, Rossini, Stravinsky, Schostakovich. Hasta Bach compuso un aria llena de carcajadas.

 

La época dorada del humor es el clasicismo. Es el momento en el que el lenguaje musical es claro, diáfano y la sintaxis exacta. El compositor y el público comparten el mismo lenguaje por lo que cualquier transgresión resulta evidente. De ahí que el humor fuera más perceptible que en obras de otras épocas. Dentro de los compositores del clasicismo vamos a destacar al padre de la sinfonía, a Haydn.

 

Joseph Haydn (Viena 1732-1809) fue un músico fino y original que influyó en Mozart y en Beethoven, de quien fue profesor. Llevó una vida tranquila y apacible y destilaba humor tanto en su vida como en su obra. ¿Cómo se logra expresar el sentido del humor en la música? Veamos cómo lo hacía Haydn.

 

Uno de los recursos que Haydn empleaba para expresar sentido del humor era la sorpresa. Conseguía este efecto utilizando silencios repentinos, cambios súbitos de dinámica o usando temas rapidísimos. El ejemplo más célebre es el de su Sinfonía 94 llamada “La sorpresa”. Como a Haydn le disgustaba que la gente fuese a los conciertos a dormir, sorprendió a la audiencia mediante un fortísimo súbito en el segundo movimiento.

 

La velocidad también es usada con fines humorísticos, por ejemplo en el finale de la Sinfonía 102, con forma rondó. Haydn usa aquí pequeños motivos que se suceden a toda velocidad, lo cual nos produce una risa nerviosa, vigorizante.

 

Otro recurso es el ostinato o repetición. Un ostinato es una figura rítmica que se repite durante varios compases. De ahí el término obstinado, repetitivo, insistente. El ejemplo más claro de uso de este recurso humorístico lo tenemos en la Sinfonía del Reloj nº 101, cuyo nombre se debe al ostinato del fagot y el pizzicato de las cuerdas en la segunda frase. En otras sinfonías, como la nº 70, se observan motivos de cinco notas negras que también se van repitiendo. En el último movimiento de la Sinfonía nº 86 se repite un motivo de cinco corcheas que vuelve a escucharse en la coda final. La Sinfonía 83 recibe el sobrenombre de “La gallina” por un pasaje de notas repetidas con el oboe que se parecen al cacareo de una gallina.

 

Haydn juega muy a menudo con los finales inesperados. Es común que use finales instrumentales en forma de danza que contrastan con el carácter solemne del resto de la obra, por ejemplo el final de la Sinfonía 82 "El oso" basado en una danza croata.

 

Y el ejemplo más conocido de expresión del sentido del humor es el de la Sinfonía de los adioses nº 45 que termina con los músicos yéndose uno a uno del escenario, quedando solamente dos violines, el del concertino y el del propio Haydn, como reivindicación ante el príncipe Esterházy, su mecenas, para conseguir vacaciones después de un período de intenso trabajo.

 

Tocar notas equivocadas o cambiadas, cambiar de modo inesperadamente, así como superponer canciones que tienen algo en común o contrastante (quodlibet), fueron otros de los efectos usados por Haydn.

 

La música puede incluir por sí misma el humor, sin necesidad de otros elementos como el texto. Recursos para conseguir ese fin serían: interpretar una melodía aparentemente fuera de tono, distorsionar la armonía, simular tocar mal los instrumentos o usar objetos que no son instrumentales. Un ejemplo muy conocido es "La máquina de escribir" de Leroy Anderson en 1950. Lo novedoso y divertido es que el instrumento solista es una máquina de escribir. La máquina de escribir está modificada de forma que solo funcionan dos teclas que, en palabras de Anderson, solo un baterista profesional tiene la suficiente flexibilidad en la muñeca para interpretarla. Ha sido considerada una de las piezas más ocurrentes e inteligentes del repertorio orquestal.​

 

La música es el recurso humano que más estados de ánimo puede llegar a suscitar. Produce tristeza, temor, euforia, inquietud, calma, serenidad, amistad, amor, y por supuesto puede generar en las personas sentido del humor. Si el compositor pone su humor en la obra y el oyente lo capta se ha producido la conexión, y uno de los mayores gozos de la vida es reír juntos.

Un abrazo sonoro

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