
Pues resulta que ahora se ha puesto de moda el intraemprendimiento. Una palabra un tanto larga pero que incorpora un enorme significado. Y sobre todo práctico. Muy útil, porque a los de nuestra tierra les viene como anillo al dedo.
La verdad es que reconozco que no puede ser más acertado esto de intraemprender. Es una actividad que se ha importado de las grandes compañías, normalmente norteamericanas y que ya ha aterrizado en las empresas españolas. Y no se trata de una fiesta el estilo Halloween. Se trata de que los empleados de cualquier empresa puedan aportar ideas a la gerencia de la misma, para que se generen innovaciones que mejoren algunos aspectos de la empresa. Lo cual es un reto para estos empleados y una satisfacción si se consigue finalmente un logro, que a nadie se le había ocurrido. Y digo que me parece un acierto, porque en un mercado tan rígido, donde parece que todas las empresas se cortan con un mismo patrón y se disponen plantas de oficinas interminables con mesas y ordenadores y poco margen para explotar las habilidades singulares de cada empelado, darles esta opción es una transformación radical. Y a cambio, ¿qué ofrece la empresa? Pues los recursos suficientes para poder desarrollar esa idea, tras un proceso de selección de las que se presenten.
Y es que, lo vengo diciendo por lo obvio. No todo el mundo sirve para emprender, aventurándose a montar una empresa y meterse en el complicado mundo de los inversores y la competencia, con una idea, inicialmente genial, pero que puede generar muchas noches de insomnio. Y ya saben que la enfermedad de este siglo se llama ansiedad, cuando lo que toca es vivir. Vivir como sea, pero felices.
Google o Ford, ya han sido pioneras y en España ya hay algunos casos de éxito. Algunos de ellos, en el entorno de los grandes bancos. Es de cajón. El que más sabe de lo suyo en la empresa es el empleado. Cada uno de nosotros tienen una habilidad. Y si se sabe llegaré a ella y premiarla, ir a trabajar cada día como intraemprendedor puede ser todo un avance. Y una ilusión.
Y todo ello, sin descuidar el trabajo habitual, pero con la ilusión de que por fin se reconozca esa creatividad, intuición, ingenio o previsión que la empresa desconocía de los que tiene en nómina.
Yo sigo insistiendo en que no todo el mundo sirve para montar una startup, pero en el fondo, quién no ha pensado alguna vez “si fuese capaz de montar este negocio, aquí y ahora, funcionaría seguro. Y me forraba”. Pero es que claro, eso te obliga a dejarte el puesto en la empresa en la que llevas trabajando 20 años. Pues nada, ya no hace falta complicarse la vida. Si la empresa se anima y lo implanta, se puede intraemprender. Esto es, emprender en el seno de la empresa para mejorar algunos de sus indicadores, con la implicación de la dirección para que se pueda hacer realidad. Ahora lo que falta es lo de siempre, el cambio cultural que tanto nos cuesta. Porque de gracia, astucia y talento vamos “sobraos”. ¡Será por habilidades!

