Tienes activado un bloqueador de publicidad

Intentamos presentarte publicidad respectuosa con el lector, que además ayuda a mantener este medio de comunicación y ofrecerte información de calidad.

Por eso te pedimos que nos apoyes y desactives el bloqueador de anuncios. Gracias.

ENTRE TÚ Y YO

El coche de los muertos

Paco López Mengual Viernes, 09 de Julio de 2021 Tiempo de lectura:

 

Confieso que desde niño soy adicto a la lectura de periódicos. En mi casa, el ejemplar del día pasaba de mano en mano y era leído por todos, desde mi abuelo a mi hermana pequeña. Estructurado de manera natural, cada uno de nosotros disponía de un momento del día para ojearlo –a primera hora de la mañana, en la siesta, tras la cena…-, y cada uno teníamos predilección por una sección concreta. Por suerte, en mi infancia no había psicólogos, porque seguro que mis padres me hubiesen obligado a tumbarme en su diván al descubrir que cada día abría el diario por las páginas de las esquelas mortuorias. Era mi preferida. Entonces era una sección importante del periódico y les dedicaban varias hojas. Aunque casi nunca conocía a nadie, las leía todas. Me detenía en la edad del muerto y la profesión, contaba el número de hijos que dejaba y miraba la ciudad donde vivía. Me llamaba mucho la atención cuando, bajo el nombre y los apellidos, entre paréntesis, aparecía el apodo del muerto. Fue ahí donde empecé a ser consciente de que los hombres nos morimos antes que las mujeres; en las esquelas, siempre aparecía el nombre de la esposa encabezando la lista de dolientes; en cambio, en los escasos casos en los que el fallecido era mujer, casi siempre aparecía bajo su nombre –y también entre paréntesis- la información de que era viuda de fulanito, a quien seguro había enterrado hacía años.

 

Observando las esquelas, también aprendías mucho. Por ejemplo, por el tamaño de la necrológica podías deducir el nivel económico del finado; o, si un mismo muerto disponía de varias publicaciones, concluir que era una persona muy querida y relacionada. A veces, la esquela ocupaba la página completa del periódico, y eso eran palabras mayores. En provincias, si querías ser alguien, el día de tu entierro tu nombre debía aparecer impreso en la prensa. Yo lo tengo dicho a mi mujer y mi hija: “el día que la palme, no seáis ratas, y pagarme una esquela en el periódico…; de la de tamaño normal, que yo siempre he sido muy discreto y no me ha gustado aparentar”.

 

Para mi decepción, debo de reconocer que las páginas de necrológicas han caído en desuso, como antes desaparecieron aquellas mujeres completamente enlutadas y con un pañuelo negro sobre la cabeza que, por una propina de la familia, iba anunciando casa por casa la hora del entierro del fallecido.

 

Pero los tiempos cambian y las formas de anunciar funerales también. Desde hace unas décadas, en algunos pueblo de alrededor de Murcia, cuando alguno de los vecinos nos morimos, sale un coche con un altavoz que vocea el nombre del fallecido, su apodo y profesión, así como el tanatorio en el que se está velando su cuerpo. Le llamamos El coche de los muertos. Aunque es el mismo que, unos minutos después, anuncia la apertura de una nueva pollería o una oferta de bragas. Me gusta ver el rostro de desconcierto de los forasteros que nos visitan cuando escuchan el siniestro mensaje que lanzan sus altavoces.

 

Admito que, al principio, El coche de los muertos nos parecía algo chabacano, pero con el paso del tiempo nos hemos acostumbrando a él y hasta lo consideramos un servicio público de primer orden. Reconozco que, al igual que sigo deteniéndome en la página de las esquelas, presto suma atención a la información que lanza el coche cuando circula frente a mi tienda. De hecho, si estoy atendiendo en el mostrador de mi mercería a una clienta y oigo que se acerca El coche de los muertos, interrumpo la venta, me disculpo un momento y salgo a la puerta para escucharlo con mayor nitidez. Ha habido ocasiones en las que en ese preciso momento ha pasado una moto haciendo un ruido infernal con su tubo de escape y no he logrado enterarme de quien había fallecido. También ha habido días en los que me han dado ganas de poner una reclamación porque el coche iba a tal velocidad que no podías captar el mensaje completo. En muchas ocasiones por el nombre, apellidos, apodo, edad y profesión logro identificar al fallecido, pero en otras, no. A veces pienso que no sería descabellado colocar sobre el vehículo una pantalla de luces led con una foto gigante del difunto. Los tiempos cambian..., y lo mejor es adaptarse a ellos.

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.