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ENTRE TU Y YO

Los terremotos ganan batallas

Consuelo Aguayo Martes, 13 de Julio de 2021 Tiempo de lectura:

 

Siempre hemos creído que las batallas las ganan los mejores estrategas, los ejércitos más armados o los luchadores más aguerridos. Pues nada de eso, señores, creo que cualquier historiador convendrá conmigo en que la naturaleza puede ser la mejor aliada en una contienda.

El vuelo de un cóndor, una fuerte nevada, las heladas, las sequías…como en política: todo vale con tal de derrotar al adversario. Y en esta historia que hoy les voy a contar fue un terremoto el que impidió el avance de las tropas cristianas sobre la ciudad de Granada para conquistarla definitivamente, pese a la buena posición logística que consiguieron tras la dura batalla que tuvo lugar en los alrededores de la ciudad granadina de Atarfe y que permitió grandes logros al rey castellano y a sus aliados.

Les cuento, les cuento. Parece ser que fue allá por julio de 1431, con los rigores del calor del verano cuando los mozárabes, judíos y muladíes que poblaban las tierras granadinas por aquellas fechas, en vez de disfrutar del frescor de las aguas del deshielo de Sierra Nevada (imagínense lo que es el agua para un bereber rodeado de desierto por todas partes) pues  no se les ocurre otra cosa que enfrentarse por el dominio de la rica Medina Elvira en el término municipal de Atarfe ¡válgame el cielo que fecha más inoportuna!

Como Medina Elvira era una de las capitales más importantes de Al Ándalus pues se había convertido en un centro cultural, hidráulico, farmacológico y de productos agrícolas de una riqueza y exuberancia inigualables, esto, claro está, desató una lucha por la hegemonía entre sus pobladores que desmembró la ciudad y enfrentó a sus gobernantes. Es lo que siempre pasa en lugares y tiempos de bonanza.

Como siempre hay un listillo de turno dispuesto a buscar ayudas vengan de donde vengan, Yusuf IV se entrevistó con  el rey castellano Juan II para pedirle ayuda. Este joven rey tenía el ímpetu de todos los jóvenes  pero en este caso acrecentado quizás  por ser hijo de Enrique “El Doliente” (supongo que pesarían mucho las múltiples dolencias de su padre para que el joven  Juan se mostrara impetuoso o también que fuera su padre quien estrenara el título de Príncipe de Asturias que luego llevarán los borbones, vaya usted a saber) lo que hizo que le ayudara a enfrentarse a Muhammed IX y elevarse como sultán de Granada, cosa que consiguió así tras la batalla de La Higueruela en la que cuentan que cayeron los musulmanes granadinos por miles. Y fíjense que buena oportunidad para asestar el golpe definitivo a Granada y apuntarse el  rey Juan II un tanto. Pero no pudo ser.

Por muchos Caballeros de Santiago que llevara, por muchas Lanzas que pusiera el Condestable y valido del rey, Álvaro de Luna, por muchas justas y tácticas que desempeñaran sus guerreros adiestrados,… las huestes cristianas –como Alberti- no pudieron “entrar en Granada” pues las sacudidas de dos terremotos próximos en el tiempo a la batalla de La Higueruela (por cierto, dicen que se llama así porque la batalla fue tan sangrienta que lo único que quedó de pié fue una higuera, aunque no sé si esto último es una exageración) hizo que la soldadesca se atemorizara después de que quedara destruida incluso parte de La Alhambra, y que el rey  de Castilla abandonara la campaña. Ya ven, la naturaleza es caprichosa y Juan se quedó sin el premio final.

Pero si desean tener una aproximación de esa gran batalla no dejen de visitar La Sala de las Batallas en el Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial en la que encontrarán los frescos de un grupo de pintores genoveses que recrean una iconografía propagandística de importantes contiendas españolas, entre ellas la de la Higueruela en Atarfe con Juan II de Trastámara, les aseguro que disfrutarán de la historia.

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