
La crisis de la Covid-19 ha generado sin lugar a duda efectos transversales en la economía española, afectando tanto a las compañías (durante los primeros meses de la pandemia se destruyeron casi 100.000 empresas) como a los profesionales.
La inestabilidad laboral derivada del coronavirus provocó que, el año pasado, las inquietudes básicas de la población activa en relación al empleo estuvieran lideradas por las siguientes preocupaciones: el cierre de empresas (69%), la existencia de salarios y puestos no acordes a la experiencia y la formación (66%) y la posibilidad de la pérdida de empleo (61%). En este sentido, la inversión que ha tenido que hacer el gobierno en el ámbito laboral para hacer frente a la pandemia (medidas de protección del empleo como los ERTE, ayudas a autónomos…), ha supuesto un elevado coste para las administraciones, provocando que las pensiones vuelvan a ponerse en el punto de mira. Así, a principios de año, se tomó la decisión de alargar la edad de jubilación, con la idea de ampliarla hasta los 67 años en 2027.
Esta medida ha tenido una importante afectación sobre los desvelos de los trabajadores españoles. Y es que, precisamente, con el avance de la pandemia y el comienzo de la recuperación, las preocupaciones de los españoles en torno al trabajo han cambiado significativamente, siendo el tema de la edad de jubilación el que hoy más preocupa entre los trabajadores: casi el 60% de la población activa (13.716.000 trabajadores) afirma estar preocupado por la posibilidad de tener que trabajar hasta los 67 años, según datos del III Barómetro InfoJobs sobre Preocupaciones de los Españoles en Relación al Empleo.



