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ENTRE TÚ Y YO

Lo natural y salvaje

Ángeles Hernández-Gil Jueves, 22 de Julio de 2021 Tiempo de lectura:

 

Fue de repente cuando tomé conciencia de que vivir etapas en plena naturaleza era un paraíso. Un paraíso, sí, aunque salvaje en medio de un paisaje con un gran poder de seducción Por supuesto, no mío, pero con la facilidad de poder disfrutarlo cuanto quisiera. Caí en la cuenta mientras ayudaba a gran velocidad a dar por terminado la puesta a punto para recibir a las familias que iban a vivir por unos días disfrutando de todos esos encantos. Una tradición muy nuestra, que sigue vigente; en este momento con otros aspectos más exigentes, personalizados para quien se decide a dar un paso diferente en las vacaciones. Y lo mejor es el atractivo de poder decidir esos días.

 

Pienso que cada vez son más interesantes estas casas: más prácticas, más acogedoras, gustan porque están identificadas con la vegetación que las rodea, con el paisaje interior que resulta difícil de apreciar cuando no se conoce, es así. Pero quien se decide por la belleza dentro de este inmenso panorama, encuentra la paz fuera del escenario típico del verano. Y también un descanso para quien tiene que trabajar. Sí, es perfecto. Todo ha cambiado tanto que no es extraño que el trabajo se haga desde casa. Trabajos como los que se pueden realizar en este tiempo de pandemia con una herramienta tan básica, ahora, como es el ordenador, estés donde estés, no importa.

 

Para muchos cada vez es más irresistible pertenecer a una naturaleza que refleja el esfuerzo continuo. Quien la busca es consciente de lo que significa. Un lugar para sentirse bien, tanto si se viene de lejos, o de cerca, o de países donde se aprecia la diversidad, el calor, pero con noches aseguradas por una temperatura perfecta. Mirar las estrellas, investigar lo que el firmamento infinito nos muestra, más allá de la imaginación desbordante, da para mucho; el cielo en las noches de verano nos empequeñece y nos enseña a darnos cuenta de que no somos nada. Se ha dicho infinidad de veces, pero es así de fascinante sentirse tan poca cosa ante la inmensidad que nos rodea.

 

Por ese motivo, rodeado de tanta belleza natural es imposible no sentirse satisfecho a la hora de iniciar el día. Yo también, cada mañana al despertar cojo mi cuaderno para tomar apuntes aparentemente insignificantes, como describir las sensaciones que me produce lo más cercano; no me canso de mirar el horizonte, esos montes alargados y redondeados, tan apacibles, cuajados de pinos renovados por la nieve del invierno y la lluvia, un poco justa, eso sí, de la primavera.  El placer de olvidarte de poner la radio; el desayuno en el patio, fresco, radiante, todos juntos, alrededor de las tostadas, galletas, con los embutidos hechos muy cerca, el café y el colacao para los niños. De esta manera empieza un nuevo día, quizá de trabajo, hay muchas cosas que hacer, pero en su justa medida, porque se respira una lentitud donde hay momentos para todo: darte un baño, seguir con la novela, o mirar los frutales y arreglar la pequeña zona dedicada un poco a la jardinería. Poco se puede añadir, nos gusta que el paisaje se funda con las plantas más bien silvestres y un poco salvajes que es lo que define esta zona y nada más, solo acentuar con piedras y algunas plantas, los pequeños caminos para ir a la piscina, sorteando los frutales.

 

Son remedios naturales que siguen un ritmo sin atosigamientos. Para la comida se hace un balance de lo que hay en cada casa y se pone al servicio de todos. Y se acepta compartirla. Dejar este paraíso para que lo disfruten otros, saber lo atrayente que resulta lo que se ha creado para tu familia produce buenas vibraciones. Por ese motivo los cambios son asumidos con naturalidad.

 

También el verano es alegre en el pueblo. No existe ese vacío de la ciudad calurosa, donde la realidad de cada día baja el listón por mucho que nos empeñemos en verlo de otro modo. Sin embargo, en los pueblos crece un auténtico bullicio que resalta cada rincón, placita, o lugar donde sentarte a picar algo muy rico y sabroso, en las noches, como una fiesta, en tanto observas estos trasiegos de la gente que se siente perfectamente identificada después del largo camino del invierno. Muchos suspiran por lo rural, lo que significa esa palabra tan degradada, y que se ha puesto de moda, porque allí se entiende una forma de vivir que muchos buscan.

 

Veranos así son los que hacen renovar todo lo referente al espíritu, debilitado por tantos acontecimientos. Porque poner entusiasmo en las cosas que hacemos no basta; es complicado sentirse libre en un mundo que corre velozmente, con los ritmos de convivencia marcados. Y creo que la impotencia que sentimos por la situación pasará a convertirse en una forma de vida normal acuciada por este virus que habrá que aceptar cada vez con menos acritud; como algo que nos ha venido, así sin más. Porque la quinta ola se ve venir con naturalidad, como algo ya asumido en nuestro vivir.     

 

¡¡Feliz semana!!

 

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