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ENTRE TÚ Y YO

¡Cuidado con los pájaros!

Consuelo Aguayo Martes, 27 de Julio de 2021 Tiempo de lectura:

 

Hoy les propongo un plan para sofocar las tórridas siestas del verano: tomen asiento en el rincón más fresco de su vivienda, refrésquense con un buen jugo de limonada aguada, salpicada con peces flotantes de hojitas de menta recién cortada y acompáñenme por el recorrido de esta buena historia, les aseguro que no se arrepentirán.

 

Siguiendo la coletilla de unos amigos míos cuando van a comenzar a contar algo interesante, comienzo con “serían las tres o las tres y media cuando…” los mismísimos Reyes Católicos estaban tan tranquilos (seguramente tomando lo mismo que ustedes para refrescarse) con la certeza de que dominaban toda la parte occidental de la península, cuando les llegó un sobresalto inesperado.

 

Desde las conquistas de Fernando III todo estaba muy tranquilo para la Corona de Castilla. El bueno de Fernando III, rey de Castilla y León, después de la gran victoria contra los musulmanes en Las Navas de Tolosa en 1212 y las múltiples expediciones reconquistando grandes urbes en Al-Ándalus como Sevilla o Córdoba y algunas de sus ciudades más importantes como Priego o Lebrija, y  además se ganase la entronización que le hizo pasar a la historia como “El Santo” (no sin cierta controversia, todo hay que decirlo), después de todo eso los musulmanes volvieron a las andadas.

 

Seguro que todos ustedes saben que el pico más alto de la península es el Mulhacén con sus 3.479 metros de altitud, lo que quizás desconozcan algunos es que su nombre proviene del sultán nazarí granadino Muley Hacén, aquél que estaba casado con Aixa (no sé cómo me las arreglo pero este nombre siempre me recuerda a aquella canción que versionó García Lorca  del músico refinado bagdadí llamado Ziryāb: tres morillas m´enamoran en Jaén/Aixa, Fátima y Marien) y para más señas, los padres de Boabdil (aquí  ya no falla, todos mis lectores saben de quien hablo), bueno que pierdo el hilo, pues el señor Muley Hacén atacó por sorpresa a la Corona de Castilla y conquistó la gaditana plaza de Zahara de la Sierra.

 

Nunca debiera de haberlo hecho porque las hojitas de menta se le atragantaron al Rey Católico cuando se enteró, y envió como una bala a uno de sus más valerosos militares, Rodrigo Ponce de León  y Ayala, señor de Marchena, conde de Arcos,  marqués de Cádiz después que la tomara, y unos cuantos títulos más que le adjudican algunos historiadores (que me perdonen por el recorte), y que debió servir muy bien a los reyes a juzgar por los numerosos títulos nobiliarios de los que hizo acopio.

 

Pues bien, cuentan que Ponce de León además de recuperar Zahara de la Sierra capitaneó el ejército para tomar Alhama de Granada, lo que consigue, y ya envalentonado, desde Antequera y junto a otros valerosos caballeros como los Fernández de Córdoba de la casa de Aguilar (entre ellos El Gran Capitán) y numerosos militares y Señores, lucharon contra Boabdil aprovechando su flaqueza  en lucha parricida junto a su madre Aixa por el poder, y lo capturaron en la batalla de Lucena.

 

Hay quien dice, que los Reyes Católicos tenían un pacto secreto de rendición con Boabdil para que el rey cristiano no atacase la Vega de Granada, hay quien lo niega (habladurías siempre ha habido) lo cierto es que el Rey Católico ya sin contemplaciones lo envió preso a Porcuna dándole nombre a la Torre de su castillo, y, según cuentan, allí permaneció hasta el 2 de enero de 1492, fecha en la que se firmaron las Capitulaciones. La reina Isabel  quiso fundar una ciudad en el lugar donde se planificó el asalto final y, fiel a sus creencias, la llamó Santa fe.

 

La misa de campaña para conmemorar la victoria y la entrega simbólica de las llaves de la ciudad fue multitudinaria y se llevó a cabo con gran boato en la gran explanada del Alcázar del Genil granadino, palacio construido extramuros de la Granada musulmana en su fértil y rica Vega, hoy sede de la Fundación Francisco Ayala.

 

Fíjense que todo empezó por la reconquista de Zahara de la Sierra, y a partir de ahí la que se lió fue menuda. Pero lo más gracioso que cuentan es la estrategia que usó Ponce de León para conquistarla, pues como buen estratega, estuvo observando que sus enemigos musulmanes lanzaban piedras desde lo alto de las torres del castillo de forma que el vuelo de los pájaros tras ellas les alertaran de la ausencia de enemigos, pues él,  que era muy listo, mandó soltar pájaros enjaulados después de que los enemigos tiraran las piedras y los engañó con esta argucia, los musulmanes dedujeron que no había enemigos y los cristianos les asaltaron sorpresivamente derrotándolos gracias a los pajaritos.

 

Con esto hoy finalizo con dos recomendaciones. Si quieren ver un conjunto de objetos que se atribuyen a Boabdil como son la espada jineta, la espada estoque, o incluso su indumentaria y sus zapatos, visiten el Museo del Ejército de Toledo. Pero si lo que desean es ver el Castillo del truco de los pajaritos, viajen a Zahara de la Sierra, sobre todo en octubre, que es cuando los zahareños recrean teatralmente esta historia.

 

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