
Entramos ya en el mes de vacaciones por excelencia: agosto. Cierto es que, cada vez más, los meses de julio y septiembre están cogiendo más adeptos, pero agosto sigue siendo el líder.
Parece mentira, pero ya ha pasado un año desde que volvimos a tener esta sensación de necesidad de parar nuestra intensa vida profesional y personal. Un año que ha estado marcado por el COVID19.
A finales del 2020 empezó la tan esperada vacunación, pero durante estos 12 meses hemos pasado por distintos altibajos emocionales sobre la pandemia. Un mes parecía que todo iba en la buena dirección y, al mes siguiente, volvíamos a tener una ola inesperada. Si comparamos los meses de verano del año pasado con éste vemos que, claramente, estamos peor ahora. Una incidencia desbocada, aumento de restricciones, retorno a los miedos, pero con la esperanza puesta en la vacuna y en volver a la responsabilidad personal que cada uno debemos practicar.
Toda esta situación hace más que necesarias unas vacaciones. Si quitamos de la fórmula el COVID - algo complicado - podemos decir que todos necesitamos realizar un parón en la vida para poder coger impulso.
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Un ejemplo muy interesante es lo que ocurre en el mundo deportivo. Estamos viviendo unos Juegos Olímpicos atípicos, por la falta de público, que ponen de manifiesto lo que estoy comentando. Dos pueden ser claros ejemplos.
Por un lado, una gimnasta, Simon Biles, venía a convertirse en la mejor de la historia si conseguía las 6 medallas que tenía a su alcance. Sorprendentemente, toma la decisión de dejar la competición tras no poder con la presión que tenía. Dijo en unas declaraciones "Tenemos que proteger nuestra mente y nuestro cuerpo y no limitarnos a hacer lo que el mundo quiere que hagamos"
Otro ejemplo, es lo que le ha sucedido a Novak Djokovic. Venía de ganar los 4 grandes torneos y podría convertirse en el segundo tenista en conquistar el Golden Slam, después de que lo consiguiera André Agassi. En un día perdió dos semifinales (individual y dobles mixtos) terminando abatido y destrozado. Es un caso distinto que el de Simon, pero viene a certificar cómo el estrés y el cansancio pueden hacer mella en el rendimiento de cualquier persona, incluidos los números 1.
Todo esto tiene su traslado al mundo empresarial. Hemos escuchado en multitud de ocasiones a empleados decirnos “este año no sé si voy a poder coger vacaciones, hay mucho trabajo”, “si me voy de vacaciones, ¿quién va a hacer el trabajo?”. Año tras año se repite esta situación. Si esto ocurre tenemos 2 problemas:
- Una buena gestión de personas, y no hablo de la gestión de los departamentos de recursos humanos, sino también de la gestión que todos los directivos y mandos deben hacer de sus equipos, es aquella en la que se consigue que, falte quien falte, la organización no sufre. Nadie es imprescindible o, mejor dicho, todos debemos ser prescindibles.
- La productividad no es cuestión de horas de trabajo, es cuestión de calidad en el trabajo. A mayor número de horas menor productividad.
Como gestores de personas debemos buscar la máxima productividad de nuestros equipos. Las vacaciones permiten esa necesaria desconexión que hace que nuestras baterías se carguen lo suficiente para volver a rendir al máximo.
No debemos permitir frases como las comentadas anteriormente y preparar a las organizaciones a ser autónomas, esté quien esté, sea cuando sea, todo debe seguir igual.
Si no hacemos esto nos vamos a encontrar muchos “Novak” y muchas “Simon” en nuestros equipos y habremos fallado como profesionales.
Disfrutemos de unas merecidas vacaciones y volvamos con las baterías cargadas, nos espera un año apasionante.

