
“Cuando el mismo viento se vuelve melancólico, la hierba no se mece y yo no miro a las gentes que vivieron antaño” Chuya Nakahara (Shimounorei, 1907), de su libro: “Abrazando a las estrellas” (Satori Ediciones 2020).
Como ya he escrito: “las biografías nos ejemplifican cómo son las vidas finitas y las huellas inmortales” de quienes nos han precedido en esta aventura que, sin duda, es la vida humana; sean cuales fueren “el espacio y el tiempo” de su concreta existencia.
Y por ello, es hoy y ahora, como lo fue y sin duda lo será, “tiempo de personas”; de ustedes, de nosotros, y de cualquier ser humano que habita nuestro planeta. Más allá de nuestra diversidad tenemos un tiempo que nos pertenece y que se califica por ser propio y al mismo tiempo compartido; pues calificar algo de humano supone comprender la interrelación con los demás.
Hablar de huellas inmortales dejadas por personas coetáneas o antepasadas es complicado; pero no me resisto a darles noticia de dos biografías relativamente recientes, a mi juicio muy bien escritas, tanto en la forma como, en lo más difícil, su contenido; cual es, captar la esencia de las huellas que la vida finita de sus protagonistas (muy distintos), parecen haber dejado en la histórica compartida de la humanidad. Estas son:
1º.- “Leonardo Da Vinci” (Editorial Debate, 2018) de Walter Isaacson, (Nueva Orleans, 1952) profesor de historia, ex presidente del Instituto Aspen y ex editor de la revista Time; sin duda uno de los mejores biógrafos actuales.
![[Img #84351]](https://murciaeconomia.com/upload/images/08_2021/5758_img-20210805-wa0024-002.jpg)
El libro de 479 páginas discurre desde la infancia (“Leonardo tuvo la suerte de nacer fuera del matrimonio. De lo contrario, le habría correspondido ser notario, como todos los hijos primogénitos legítimos de su familia desde hacía por lo menos cinco generaciones”) hasta su viaje final en Paris y su testamento ante un Notario de Amboise, que comienza: “… considerando la certeza de la muerte y la incertidumbre de la hora de esta…”.
La figura que retrata el biógrafo es de gran atractivo; en cualquiera de las facetas a las que aplicó su inteligencia y de las etapas de su intensa vida, pero de la que me atrevo a destacar, en palabras del propio autor:
“Leonardo intentaría mirar los hechos y, desde ellos, descubrir los patrones y las fuerzas naturales que hicieron que las cosas sucedieran… este enfoque empírico lo convirtió en un adelantado a su época… Incluso los humanistas de principios del Renacimiento preferían repetir los conocimientos de los textos clásicos en lugar de ponerlos a prueba”.
“Leonardo fue un genio, una de las pocas personas en la historia que, de forma indiscutible, se merece -o, para ser más exactos, se ganó- ese calificativo; sin embargo, no parece menos cierto que era un simple mortal”.
“No recibió ese tipo de genialidad insondable, sino que, como autodidacta, se convirtió en genio a fuerza de voluntad. Así pues, aunque nunca consigamos igualar su talento, sí podemos aprender de él”.
E incluso, concluye el autor, ofreciendo una lista de numerosas enseñanzas de Leonardo que, a su juicio, son, entre otras: “sea curioso, infatigablemente curioso… busque el conocimiento por sí mismo… conserve capacidad de asombro de un niño… cree para usted, no solo para los clientes… y, abrase al misterio”.
2º.- “Benedicto XVI. Una vida” (Ediciones Mensajero, 2020) de Peter Seewald, (Nueva Orleans, 1954) periodista y autor de libros religiosos, lleva acompañando a Joseph Ratzinger más de veinticinco años; por lo que su impresionante biografía es un retrato profundo del teólogo y hombre de Iglesia que es el actual Papa Emérito.
![[Img #84350]](https://murciaeconomia.com/upload/images/08_2021/9727_img-20210805-wa0025-002.jpg)
En sus 1.080 páginas late la presencia de un hombre notablemente inteligente y de extraordinaria fe, que, con toda su fuerza interior, (como el propio Ratzinger dice), ha dedicado su vida, al “bien común, al de la Iglesia y de la humanidad”.
Es casi un siglo de historia que va desde la infancia de un muchacho de un pueblo bávaro el pie de los Alpes, nacido el 16 de abril de 1927, por tanto, al final de la República de Weimar, hasta nuestros días. Así encontramos “al niño y adolescente”, al “alumno modélico”, al “participante en los siete días que cambiaron a la Iglesia católica para siempre” (Concilio Vaticano II), “al profesor universitario y maestro” y, por último, su compromiso en las máximas responsabilidades como “prefecto” y, posteriormente, “Sumo Pontífice”.
Descubrimos a una persona de salud poco robusta, pero con una gran fortaleza intelectual; que ha mostrado que la religión y la razón no se contraponen (“precisamente la razón es la garantía que protege la religión del peligro de deslizarse hacia enajenadas fantasías y hacia el fanatismo”); que descubrió -como él dice- “la belleza del conocer” y la gran aventura del diálogo con Dios que es la teología. Y muestra de esta línea esencial de su pensamiento teológico (la segunda, sería, según el propio Ratzinger, la liturgia), es la afirmación, contenida en la lección magistral pronunciada en Ratisbona: “no actuar conforme a la razón, es contrario a la esencia de Dios; lo cual incluye, no ejercer coacción, ni, menos aún, nuda violencia en cuestiones de fe”.
La extensión de la obra, con un índice lleno de significado, nos permite adentrarnos en las diversas etapas vitales de Josef Ratzinger, escogiendo aquella que nos es más interesante y, en este viaje de letras, localizar sus raíces, vivencias, doctrina, aciertos y errores, de una vida que en parte es historia y en parte queda inacabada.
En mi opinión: las buenas biografías son aquellas en las que late la profundidad del trabajo del autor y la delicadeza al mostrar la siempre esquiva esencia del biografiado; con la mayor independencia o, al menos, distancia sobre el afecto o desprecio a la persona en cuestión. Y los dos casos citados, sin duda, son excelentes herramientas para encontrar como una vida finita, deja huellas a considerar en la ardua tarea de completar nuestra propia existencia, nada excepcional pero individualmente valiosa.
Quizás, haya sido más osado Walter Isaacson para fijar veinte lecciones actuales de la vida de Leonardo; pero no es menos profundo, Peter Seewald, cuando reitera a lo largo de su extensa obra, el inquebrantable compromiso de Josef Ratzinger, por la razón, la fe y la búsqueda del bien.
Queridos lectores, es tiempo de personas y, por tanto, también de nosotros atentos a escuchar el esfuerzo, las dolencias, los éxitos y la esperanza de quienes coinciden en tiempo y espacio con nuestro ahora; y, por tanto, próximos a “las lecciones de sus huellas”, aunque no sean de la profundidad y extensión que dejan los biografiados.

