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ENTRE TÚ Y YO

La música, un viaje en el tiempo

Soledad Hernando Miércoles, 08 de Septiembre de 2021 Tiempo de lectura:

 

Acaba el verano, ese periodo donde el tiempo se dilata. Llega septiembre, ese mes en el cual el tiempo se contrae. El tiempo es un hecho subjetivo que intentamos medir para atraparlo y objetivarlo, pero se nos escurre entre los dedos. Hay segundos que duran una eternidad y horas que pasan en un instante. Es imposible definir el tiempo sin que se diluya.

 

Las artes se clasifican en espaciales y temporales. Así como la pintura o la escultura son artes espaciales, la música es el arte temporal. Se define la música como la combinación de los sonidos y de los silencios en el tiempo. Pero la música no solo incluye al tiempo, sino que se desarrolla en él. Es decir, la música emplea el elemento temporal de los sonidos y de los silencios para ser, y al mismo tiempo sucede en un tiempo determinado cuando suena.

 

El tiempo, el tempo en música, es la velocidad a la que se ejecuta una pieza musical. Se representa al inicio de la obra encima del pentagrama y puede hacerse de dos maneras: con números o con palabras. Hasta la invención del metrónomo se empleaban palabras como andante, allegro, adagio... palabras que aportaban una idea subjetiva de la velocidad de la pieza. A partir del metrónomo, aparato que mide el pulso de una composición musical, el tempo se empezó a representar mediante un número que correspondía a las pulsaciones por minuto (ppm).

 

Para comprender la complejidad del concepto temporal en la música voy a recurrir a una elipse. El compositor en la gestación de su obra utiliza el tempo como elemento constitutivo. Además, el acto compositivo se produce en un tiempo cronológico determinado, lo cual dotará a la obra de las características propias de la época. Asimismo, su composición se ejecutará en un momento concreto y en muchos otros momentos a lo largo de la historia. Y por si todo esto fuera poco, existe el acto de escucha del oyente, quien posee un tiempo psicológico determinado que le es propio y que puede variar dependiendo del momento. De esta manera, el tiempo interno de la obra, el tiempo en el que la obra fue compuesta, el tiempo en el que la obra es ejecutada y el tiempo psicológico del receptor, forman una elipse temporal en la que parece que tomamos distancia pero que siempre vuelve.

 

Un buen ejemplo de representación temporal a través de la música es “Las cuatro estaciones de Vivaldi”. Antonio Lucio Vivaldi nació en Venecia en 1678 y murió en Viena en  1741. Conocido como Antonio Vivaldi, fue un compositorviolinista, profesor y sacerdote católico del periodo Barroco. Fue apodado el “cura rojo” por ser sacerdote y pelirrojo. Se le considera uno de los más grandes compositores de la historia. Su influencia durante su vida se extendió por toda Europa y fue fundamental en el desarrollo de la música instrumental de Johann Sebastian Bach. Compuso unas 770 obras, entre las cuales se cuentan más de 400 conciertos, forma musical destacada en su época que él supo desarrollar esplendorosamente.

 

“Las cuatro estaciones”, estrenadas en 1725, son cuatro conciertos dedicados uno a cada estación del año. En ellos se puede apreciar el paso del tiempo a través de los paisajes sonoros que el propio compositor pasó largas horas escuchando y observando. Las estaciones son una manera de ordenar el tiempo como lo son los meses, las semanas, los días y las horas. Nuestra mente cognitiva necesita ordenar los hechos en un tiempo lineal para comprenderlo. Sin embargo, Einstein con su teoría de la relatividad nos hace replantearnos la linealidad de la causa y el efecto al hablarnos del tiempo como una cuarta dimensión. Lo interesante es que la música nos hace replantearnos el universo. Nos invita a revisar la ordenación causal que hacemos de la vida.

 

Parafraseando a Borges, “el hecho estético es la inminencia de una revelación que no se produce”. La música nos mantiene expectantes, en el transcurso de la escucha, en la ilusión de que nos hable, de que el sonido se convierta en palabra y nos hable. Esa palabra que como morfema no llegará nunca pero que sí encenderá una llama interior.

 

La música está hecha de tiempo, transcurre en el tiempo y perdura en el tiempo.

 

Un abrazo sonoro.

 

 

 

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