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ENTRE TÚ Y YO

Murcia en fiestas

Ángeles Hernández-Gil Jueves, 09 de Septiembre de 2021 Tiempo de lectura:

 

             Después de las vacaciones la ciudad está de fiesta. Un aura momentánea y oportuna se cierne sobre el ambiente, una sugerencia para no lanzarse todavía a la rutina diaria; unos días de preparación antes de lograr integrarse en los medios habituales de trabajo, estudio, y problemas añadidos que se dejaron sin resolver, hasta más tarde. Al volver parece que necesitamos un respiro. Sí, respirar todavía el aire luminoso del descanso, nos hayamos divertido o no, o simplemente se haya saboreado un tiempo lento sin estrés ni horarios, salvo alguna escapada.

 

            Vivimos en una sociedad privilegiada donde existe la preocupación por el bienestar de los ciudadanos. Los consejos para vivir mejor los tenemos a nuestro alcance, pero aun así no nos sentimos satisfechos. Necesitamos que nos estén ayudando continuamente, que nos lleven de la mano para subsistir  a las asperezas que produce el ritmo de vida vertiginoso. Parecemos unos malcriados por tantos intentos de bienestar.

 

            Pero es verdad que las cosas agradables nos reconfortan: como un día radiante, soleado de aire puro,  con una temperatura templada, con personas que nos gustan, hablando de las cosas que nos interesan sin adentrarnos demasiado en sus interioridades, mientras tomamos una cerveza y una marinera, por ejemplo. Es muy común hacerlo con frecuencia, algo bueno que a todos nos encanta y nos sienta bien. Es nuestra idiosincrasia que nos define; una felicidad muy al alcance de la mano, que casi todo el mundo se puede permitir alguna vez. Esta es nuestra tierra fértil, y más pensando en los meses que tenemos por delante, con un clima perfecto. Hemos pasado un poco de calor, o mucho, pero ahora nos vamos a resarcir con un otoño maravilloso que nos irá preparando para un invierno lleno de luz.

 

            Todo esto provoca una determinada impresión en nuestro carácter abierto y comunitario. Necesitamos hablar mucho, poner en palabras lo que nos preocupa, nos ilusiona, nos decepciona. Nuestra ciudad es como un gran patio de vecinos donde sentirse seguro hablando con todos; un rasgo muy singular que he enmarcado, y no sé si exagerado también, porque esta es una muestra real de lo que yo observo y disfruto, como ciudadana que se patea la ciudad siempre que puede.

 

            Y sí, ahora estamos en feria. El Malecón se convierte cada año en un enorme restaurante, con los Huertos a pleno rendimiento. Los fogones muestran la gran variedad de platos que se pueden paladear con la certeza del buen hacer en gastronomía. El Mediterráneo nos regala el sabor marinero, exquisito, y la huerta recupera lo mejor y más excelente de los productos sanos y naturales. No tenemos que mirar hacia otro lado para reconocer que lo que aportamos al mundo de la gastronomía es magnífico, y que todos los que vienen saben reconocerlo.

 

            Poco a poco nos vamos adentrando en la normalidad, vamos abriendo los ojos después de un largo sueño que nos ha tenido un poco encogidos, abrumados. Con la sensación de ir protegidos ya podemos sentirnos mucho más seguros, nos enriquecemos con todo los que ofrece la ciudad.

 

            Una visita que echábamos de menos los domingos ya ha recuperado su espacio: El Rastro Plano de San Francisco, cerrado por la pandemia, está abierto de nuevo desde el 28 de junio, un recreo para los amantes de las antigüedades y enseres que recordamos con placer. Las mantas sobre las losas del suelo exhibiendo delicados y deseables objetos: cristal, cuberterías, plata, porcelanas, loza, cerámica, cobertores, sábanas y mantelerías de hilo, piezas únicas, antiguas, preciosas. Los puestos de vinilos, tebeos, numismática… un sinfín de artículos llenos de encanto… Nada que envidiar a Portovelo (Londres) o al Mercado de las Pulgas (París). Un encuentro con lo vintage, lo retro, para disfrutar con mucha elegancia.

 

            Tengo un amigo que me pone al día en cuanto a la finalidad de estos sugestivos objetos sacados de las arcas familiares, y conservados para disfrute de otras generaciones. Este chico merece que lo recuerde en este momento en que todo empieza a renacer, y nuestra artesanía, tan preciada y reconocida, no debe quedar al margen de la vida de la ciudad. La competencia está unida y estimada con un equilibrio  perfecto que aumenta el valor de lo que la región de Murcia proyecta hacia otros lugares. No olvidemos que la tradición alfarera va  incluida en los genes de esta tierra que ha creado un estilo que continúa en  activo, puesto al día, renovado y valorado. Ya lo dejó escrito Rosa Regás, en uno de sus viajes, en una entrevista al director del Museo Arqueológico de Estambul cuando dijo que el nombre de Murcia significa “arcilla” y tenemos la mejor tierra para la alfarería, y reconoce el valor cultural que nos viene de ella: en tradición y creación.

 

            Pues ha sido un paseo de feria y recuerdos de todo lo nuestro que surge de la necesidad de dar color, encogerse de hombros y decir en silencio: aquí estamos, siempre preparados.

 

¡¡Feliz semana para todos!!

 

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