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ENTRE TÚ Y YO

Colección otoño-invierno

Ángeles Hernández-Gil Jueves, 16 de Septiembre de 2021 Tiempo de lectura:

 

El título no es lo que parece: La moda tiene sus profesionales más comprometidos y yo lo he elegido al azar, antes de saber de lo que escribiría esta semana. Se me ha ocurrido, me gusta la frase, y sí, la he vivido en su esencia durante años, pero me voy a decantar por otro camino, en reflexiones sobre cosas diferentes, en esta vuelta a la normalidad.

 

            Y aquí me encuentro con el síndrome del folio en blanco. Algunas veces me ha pasado, pero con menos estrépito. Siento una sensación de estrés cuando me encierro entre las paredes de mi propia impotencia. Espero que mientras escribo, sin un patrón que guíe mis palabras, las ideas vayan tomando forma de alguna manera.

 

            Nunca he sentido el otoño como una estación oscura y triste, al contrario, lo he esperado siempre con muchas ganas. La electricidad que desprende la atmósfera es dulce y serena. Empieza una etapa de suaves cambios, de días cortos y noches largas. Las hojas de los árboles caerán poco a poco envueltas en maravillosos colores, y las ramas desnudas dejarán al descubierto un largo paisaje urbano, mucho más concurrido y elegante. Creo que no está mal imaginarlo de esta manera; al igual que para los poetas, es un motivo de inspiración con esa especie de melancolía, que tiñe el ambiente de una nostalgia infinita, una buena base para el reencuentro interior, donde si se es sensible, cada uno podrá hacer uso de sus emociones particulares y sus deseos.

 

            A partir del equinoccio de otoño, las mismas horas de luz que de oscuridad, las noches serán más largas y los días irán menguando hasta diciembre. A la luna llena más cercana al equinoccio de otoño se le llama “Luna de la cosecha”, por la luminosidad extra que brinda a los agricultores. Como un buen presagio, el otoño es sinónimo de transición. Noches claras en el campo, con el cielo estrellado donde es divertido jugar a saber más de lo que parece, observar el firmamento, definir las estrellas, conocerlas sin riesgo a equivocación por parte de alguien que tenga una mínima solvencia en esta materia. Si todavía no se ha hecho la prueba, no se puede pasar por alto el intento por recibir la asombrosa experiencia: detener la mirada en el cielo, en sus misteriosos cuerpos celestes con forma definida, que son los astros.

 

            Pero ahora lo más importante es retomar la rutina, soñar el día a día, los encuentros con las realidades más próximas; proyectos, decisiones, responsabilidades, esperanzas. Me gustaría cambiar de golpe, dar un giro sin confundir nada de lo que me atañe por naturaleza, como si fuera una sombra provocadora. El otoño y su cadencia absoluta me insinúan que hay que renovarse o morir ¿Podría hacerlo? ¿Sería bueno intentarlo? ¿Qué pasaría? Nada más pensarlo el corazón empieza a latir con más intensidad, ¿cómo se puede cambiar la fisonomía cotidiana con tantas asperezas alrededor? Estoy improvisando y no sé si se me ocurrirá algo a partir de este disparate. Ha sido como un pequeño desliz cuando hay que rellenar la página, pero la realidad es que habrá que demostrar que ha llegado la hora de salir del estancamiento personal, si es que lo hay y también si no lo hay todavía.  El esfuerzo está en tratar de hacerlo, puesto que lo que ya está establecido se puede cambiar, ya que no hay felicidad sin el valor del esfuerzo y la voluntad.

 

            He tenido suerte al abrir el libro de poemas. Una casualidad que hace coincidir, en un verso, todo lo que tanto me ha costado hoy reflejar. Son perfectas y oportunas las palabras de Louise Glück:

 

Dormí, tal vez. Cuando desperté

el cielo había cambiado. Caía una fina llovizna,

haciendo que todo pareciera nuevo y fresco…

 

            ¡¡Gracias. Hasta la semana que viene!!

 

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