
Soy ese pensamiento que pulula por tu mente. El que está presente en las ocasiones en las que no sabes qué hacer.
Como si de un “Pepito Grillo” se tratara, aparece en los momentos de dudas, obligándonos a decidir y, en consecuencia, a sentir de una manera o de otra.
- ¿Vas a dejar pasar esta oportunidad? - me decía mi “Pepito” particular.
- Pienso y pienso y llegas tú y lo tambaleas todo - contesté sin darme cuenta en voz alta-. (Menos mal que estaba sola porque de lo contrario habría sido algo incómodo para mí).
- Haz lo que quieras, pero piensa que ya dejaste escapar una oportunidad de oro hace unos años y que, aunque nunca te has arrepentido, esta vez puede ser diferente… -insistió mi “impostor” interior.
Esta vocecilla que nos incordia de vez en cuando (a todos) forma parte de nosotros, está en nuestra conciencia y sirve para algo.
- ¡No lo olvides! -Me dije a mi misma.
Pensamiento fugaz que se cruza al despertar: ¿Lo hago o no? Recapacito un poco, me incorporo y lo dejo pasar… ya volverá en otra ocasión esta oportunidad.
A continuación, viene ese sentimiento de tranquilidad por dejar las cosas como están y a su vez la frustración por no haber hecho caso al corazón.
Pensamiento con dudas, sentimiento contradictorio. Actuación en consecuencia: dejar ir…no echar a volar…otra vez será.
Y vuelves tú, mi “Pepito Grillo” que me pone en alerta, que me da una sacudida:
- Pero ¿qué haces?, recuerda que todo lo que has hecho en tu vida y te ha salido bien, ¡ha sido con el corazón! ¡Es mejor sentir que pensar! ¡Siempre! Así es que recapacita una vez más. Yo me voy a dormir. - Y desapareció, dando paso a un silencio ensordecedor.
Y en este momento llega el tiempo de reflexión, de dejarse llevar, de pensar, pero dejando espacio a lo que sentimos, y de repente lo ves claro.
- Pues ¿sabes qué, Pepito? ¡Qué tienes razón! ¡¡A por todas!! Y si me equivoco no pasa nada, mejor equivocarme que quedarme con la duda. Mejor a pecho descubierto que con coraza de hierro. Mejor con las alas desplegadas.
Abrazos. Mariate.

