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ENTRE TÚ Y YO

El poder de la emoción positiva

Juanma Quelle Lunes, 18 de Octubre de 2021 Tiempo de lectura:

 

“Suma años a tu vida sumando vida a tus años”

 

Después algo más de tres décadas de investigación, existen pruebas que evidencian la relación existente entre las emociones positivas y la salud. Así, hoy sabemos que quienes experimentan más emociones positivas tienen hábitos más saludables, menor tensión arterial y un sistema inmunológico más fuerte que quienes tienen menos emociones de este tipo. Como consecuencia directa de esa mejora en la salud, también aumenta su esperanza de vida.

 

Así que hay que ponerse manos a la obra cuanto antes con esto de las emociones positivas, ya que el premio de hacerlo es nada menos que disfrutar de una vida más saludable y larga.  ¿Se te ocurre algo mejor que poder disfrutar con salud y durante más tiempo de tus familias y de todos esos logros que tanto trabajo te han costado alcanzar?

 

Como te explicaba, desde hace algunos años, y cada vez más, se insiste en la relación directa que tienen con nuestra salud. De hecho, las emociones positivas pueden potenciar nuestra salud del mismo modo que las negativas la pueden debilitar.

 

En este sentido, resulta paradigmático un estudio realizado por un grupo de investigadores de la Universidad de Kentucky, conocido como "The Nun Study" (El estudio de las monjas). Se trata de un estudio longitudinal que en un principio se había planteado con el propósito de estudiar el envejecimiento y el Alzheimer y que hoy en día se ha convertido en el estudio más importante sobre la felicidad y longevidad que se ha llevado a cabo hasta el momento, transformándose en todo un clásico.

 

La importancia de este estudio radica en que la población objeto de estudio posee unas características únicas: las monjas llevan una vida rutinaria en un entorno protegido, todas siguen las mismas costumbres, pertenecen a la misma clase social y económica, de forma que casi todos los factores externos que habitualmente sesgan los estudios que siguen a un grupo de personas a través del tiempo quedan en este caso controlados y, por tanto, eliminados.

 

El estudio contó con la participación de 180 monjas residentes en tres conventos que pertenecían a la misma congregación católica. Desde 1930 se pedía a todas las novicias que iban a entrar al convento a tomar sus votos que escribieran un breve texto autobiográfico. Danner, Snowdon y Friesen tomaron estos textos, que las monjas habían escrito entre los 18 y los 32 años, y analizaron detalladamente el contenido emocional de los mismos. Para organizar el análisis dividieron el contenido emocional en positivo, negativo y neutro, y analizaron cada palabra y cada frase distribuyéndolas en uno de estos tres grupos.

 

El análisis de los datos reveló la existencia de una relación inversa, estadísticamente significativa, entre el contenido emocional positivo de los textos autobiográficos y el riesgo de mortalidad en la vejez. Es decir, descubrieron que por cada 1% de incremento en el número de frases emocionalmente positivas, se producía un 1.4% de descenso en el índice de mortalidad. Por el contrario, el estudio no demostró ninguna relación entre las emociones negativas y neutras con el riesgo de mortalidad o la longevidad.

 

Analizando las frases con contenido emocional, los resultados indicaron que la media de edad alcanzada por las monjas que menor contenido emocional expresaban en sus escritos era de 86,6 años, mientras que la media de edad alcanzada por las monjas cuyos textos aparecían cargados de emociones positivas alcanzaba los 93,5 años. Esto es, existía una diferencia de 6,9 años entre unas y otras. Estos resultados fueron todavía más sorprendentes al analizar la variedad de emociones: aquellas monjas que expresaban mayor variedad de emociones positivas vivían 10,7 años más que sus compañeras.

 

El 90% de las monjas que más emociones positivas expresaban en sus escritos seguían vivas a los 85 años, mientras que del grupo que menos emociones positivas expresaba en sus textos sólo vivía el 34%. Algo más de la mitad del grupo más alegre seguía vivo a los 94 años, mientras que, del otro grupo, sólo lo estaba el 11%. Controladas todas las variables, la única que afectaba a la longevidad era la cantidad de emociones positivas que las monjas habían experimentado en su vida. Las mismas que habían expresado en sus escritos 30 años antes.

 

Este estudio podría parecer anecdótico, pero lo cierto es que no es un hecho aislado, muchos otros estudios han encontrado relaciones parecidas entre una actitud positiva y una mejor calidad de vida, así como mayor longevidad.

 

Emociones y sentimiento que debemos potenciar.

 

Aquí te dejo un breve recordatorio con algunas de las emociones y sentimientos de las que deberías doblar la dosis desde hoy mismo.

 

Alegría y diversión

 

La alegría es quizá una de las emociones más rápidas. Sucede en un instante, cuando nos encontramos en un ambiente que resulta placentero. Aparece en aquellos momentos “perfectos” donde sentimos que las cosas son exactamente como deberían de ser y estamos donde deberíamos estar.

 

De igual importancia, la diversión es la emoción asociada al placer y se encuentra en aquello que nos hace reír y permite nuestra recreación. La diversión es un poderoso relajante natural.

 

Gratitud

 

Esta emoción debe ser entendida en su más amplio sentido. Dar las gracias a la vida, a la naturaleza, a nuestros compañeros de vida. Sentirnos agradecidos por la salud, por el lugar donde vivimos, etc.

 

Dar gracias al mismo tiempo es un motivo de alegría. Significa que alguien nos cuida o que la suerte nos sonríe. Y, ¿A quién no le reconforta esto?

 

Serenidad

 

La serenidad es una emoción más relajada, sostenida y sutil que la alegría. Se disfruta cuando estamos totalmente presentes y conscientes de lo que estamos viviendo. Además, la serenidad es la emoción que facilita que veamos el bosque y no solamente el árbol cuando hay un problema, aumentando así las probabilidades de encontrarle una solución.

 

Interés

 

El interés es un estado más elevado que motiva las conductas de exploración e investigación. Gracias al interés tenemos el deseo y la motivación para aprender y desarrollar nuestros conocimientos, cualidades y habilidades.

 

Amor

 

En el estado de enamoramiento, en nuestros cuerpos se produce una reacción biológica que incrementa nuestros niveles de oxitocina y progesterona. La consecuencia es inmediata: aumenta nuestra sensación de bienestar y se reduce nuestro nivel de estrés. De este modo, mejora nuestra salud y calidad de vida.

 

A las ventajas expuestas debemos sumarle, además, que las emociones positivas facilitan la puesta en marcha de patrones de pensamiento receptivos, flexibles e integradores, favoreciendo la aparición de situaciones y conductas novedosas. Es muy posible que esta forma de pensar haya precedido a los grandes descubrimientos y a las realizaciones más importantes de la de la humanidad.

 

No se a ustedes, pero a mi se me hace difícil imaginar a Miguel Ángel cabreado mientras pintaba la Capilla Sixtina, a Newton iracundo debajo del manzano o a Edison y Marie Curie, deprimidos en sus laboratorios.

 

Lo que si resulta fácil es imaginarles pensando posibilidades y alternativas, combinando elementos a priori imposibles, absortos en su tarea, emocionados contemplando sus avances hacia una meta deseada y llena de significado para ellos.

 

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