
Mi nombre es Lola. “Aterricé” en Murcia con 18 años, desde La Mancha vecina, para estudiar Técnico en Empresas y Actividades Turísticas, en la escuela privada asociada a la Universidad de Murcia.
Podía haber estudiado Periodismo, Derecho, Filología Hispánica…eran años sin nota de corte, donde pocos teníamos el privilegio de poder estudiar lejos de nuestros hogares, y mi selectividad me daba acceso a todo, pero mi sed de viaje y de conocimientos del mundo, me hizo tenerlo claro muy pronto.
Los sueños se cumplen, y hoy, más de tres décadas después, continúo en el camino…OMG…¡¡¡viajando y vendiendo viajes!!
El tsunami de la pandemia ha puesto un punto y aparte en nuestras vidas, por ello, quiero compartir detalles del último viaje que realicé antes de que esto ocurriera, allá por noviembre del 2019: PERÚ, UN DESTINO QUE MARCA, y aunque…el orden de los factores no altera el producto, este destino hubiera impactado con solo poner los pies en tierra Inca.
El tráfico es abrumador, en hora punta, y se mezcla con cientos de viandantes, que se mueven, sin prisa, cargados con niños a las espaldas, fardos de ropa, artesanía o comida, y ataviados con prendas multicolores. ¡¡ Es imposible que puedan moverse con tantos kilos de carga!!!...Primer pensamiento, sobre todo porque no son altos de estatura, suelen ser mujeres, y parecen “bolas andantes con sombrero”, cuyas caras cuarteadas al sol, sonríen y parlotean alegres al paso de todo.
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Y… ¿ese olor a comida? El país está lleno de restaurantes locales “Chifa”, donde se sirve comida originaria peruana. Exquisita la causa limeña, la yuca, el lomo saltado o el “obligatorio” ceviche, regado todo con una cerveza cuzqueña. Eso, para empezar…pudiendo continuar con las elaboraciones de quinoa roja o negra, o con el Cuy, un roedor comestible, para los más atrevidos.
No se pueden marchar de esta tierra sin probar la “Pachamanca”, una olla enterrada en la tierra madre (Pacha=tierra; Manca=olla), donde cocinan el pollo o la costilla de cerdo, y sin finalizar con un “Pisco sour”, cóctel digestivo, a base de pisco y zumo de limón.
Los paladares exquisitos e innovadores, se volverán locos con la cocina Nikei, que es la fusión perfecta entre la cocina peruana ancestral con la cosmopolita japonesa.
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Y claro, se me va la cabeza, con las primeras impresiones y la comida tan sabrosa y peculiar, que dejo para después esa cultura milenaria inca, esos lugares únicos, como el Valle Sagrado, el Machu Pichu, Cuzco, Puno, Ollantaytambo, Arequipa, Lago Titicaca…ese sentir y respirar que esta tierra ancestral lleva viviendo y latiendo tantos millones de años, que te hacen sentir tan pequeño, que hasta casi asusta.
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Pero, cualquier lugar, por maravilloso y peculiar que sea, guarda un as en la manga. Un “pero”. Los dioses incas, lo denominaron “mal de altura” y, a pesar de los avances de la ciencia, aun hoy en día, lo seguimos padeciendo. El remedio más casero es sacar el jugo de las hojas de coca, depositadas en un carrillo, y siempre de tres en tres. Gracias a ese empaste y al jugo que suelta, se traga junto con la saliva, se suaviza el mal de altura y se cortan las ganas de orinar, además de que aporta fuerza. Doy fe.
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Este destino daría para un periódico entero, pero les aconsejo que no lean sobre él, sino que traten de conocerlo, de vivir entre ellos y con ellos, de experimentar que hay lugares donde merece la pena sentirse vivo entre culturas milenarias.

