
Voy a comenzar pidiendo perdón por este artículo. Hasta ahora, siempre he hablado de Recursos Humanos, Responsabilidad Social Empresarial, desarrollo empresarial, competitividad, beneficio, cuidado del entorno, …
Hoy no lo voy a hacer y la razón es sencilla. Como decía Café Quijano, en una de sus canciones, “la vida es eso que pasa mientras tú haces otros planes”. No lo voy a hacer, porque hay prioridades más allá de lo anteriormente dicho, prioridades primarias, sencillas, cercanas, necesarias.
Dejemos de lado el mito de “la conciliación de la vida laboral y personal”. Eso no existe. No podemos diferenciar la una de la otra, todas forman nuestra vida. Si tuviera que clasificarlas en importancia, lo primero sería la vida personal y, luego, si queda algo, la profesional. Personal sin profesional es posible, profesional sin personal no se puede.
¿Quién ha terminado un día pensando que todo ha pasado demasiado rápido y no ha tenido tiempo de saborear aquellas cosas buenas que le han ocurrido? Yo levanto la mano, pues me ocurre muy habitualmente.
Pasan los días, las semanas, los meses y todo parece repetirse. Todo es urgencia, necesidad, prioridad, …
Pero un día, de repente, te sientas al lado de alguien que tiene marcado en su cara el paso del tiempo, que ve como el viaje de la vida llega a su fin y comienza a hablarte, dando lecciones de vida con sus palabras.
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Hablas con uno, con otro y todos coinciden en que la vida se ha pasado demasiado rápido, que no tuvieron tiempo para hacer aquello que desearon y, cuando pensaron que era el momento, era demasiado tarde. Todos te dicen: “no seas tonto, aprovecha cada momento. La vida es un camino que avanza a una velocidad de vértigo y cada día pasado es una oportunidad perdida”.
Y esas palabras suenan tan fuertes en mi cabeza que pienso que hay que hacer algo, algo urgente. No malgastemos ni uno solo de nuestros minutos, ni uno solo de nuestros momentos. Y digo esto pensando en esas personas que deben dejar de ver los días pasar, para afrontar la vida como algo maravilloso, bonito, rico; pero, a la vez, veloz, rápido e implacable. Seguro que todos tenemos alguien a quien deberíamos explicarle esto.
Llevo trabajando desde hace tiempo en una teoría empresarial de la que ya he hablado, la teoría de EC (Egoísmo Colaborativo) que, en este caso, podemos llamarla EPC (Egoísmo Personal Colaborativo). Todo parte de la visión egoísta del ser humano. Un sentimiento que todas, todas, todas las personas tenemos. El ser humano es egoísta por naturaleza.
Pues bien, si somos capaces de canalizar ese egoísmo hacia el bien común encontraremos que, como concluyo, somos tan enormemente egoístas que queremos que a todo el mundo le vaya bien para que nos vaya bien a nosotros. Debemos ayudar a mejorar nuestro entorno, pero no por él, sino por nosotros.
Seamos egoístas, seamos egoístas colaborativos ayudando a los demás para, en definitiva, ayudarnos a nosotros mismos.
Los días pasarán, las semanas pasarán, los años pasarán, la vida pasará y un día será el último. Mientras eso ocurre disfrutemos, que la vida son tres días y uno es puente (en honor a mi amigo Manuel Sansegundo “Laja” que esa frase la hizo muy suya).

