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ENTRE TÚ Y YO

Nuestro “porqué” individual

Ángeles Hernández-Gil Viernes, 26 de Noviembre de 2021 Tiempo de lectura:

 

            Hay escritores, como David Foenkinos que tienen debilidad por la fragilidad humana. Imagino que para este escritor es un tema apasionante relatar en sus libros esta realidad que no desencaja en absoluto en su trabajo: tratar de una manera delicada temas incómodos sin herir las relaciones personales. Una literatura con una fórmula luminosa, de colores claros, con el resultado de la vida misma en plenitud. Me encanta. Todo lo que cuenta es dramático, pleno de sensibilidad, creíble, aunque afirma que la literatura es el dominio superior del engaño.

 

            En la vida real, diaria, pasan muchas cosas. Sin detenernos a pensar, sabemos que existe la alegría y la tristeza, que condicionan los estados anímicos que sustentan el equilibrio personal. Porque en el día a día hay que cuestionar un montón de situaciones que surgen de manera irremediable. Yo los llamaría los “porqués” que cada uno tiene que asumir ante sí mismo, incluso ante los demás. Ajustarse a estas sensaciones tan comunes a todos, a esos razonamientos, argumentos, nos hacen darnos cuenta de que debemos tomar decisiones que incomodan e interrumpen ese espacio de tranquilidad en el que deseamos movernos. Aun así, cuántas veces nos hemos rendido ante los “porqués” de los demás; incapaces de responder con ideas propias hemos callado por no crear polémica. Los deseos se transforman en vagos intentos de salir del “yo” más elemental y acomodaticio. 

 

            Hago un parón mientras pienso. Sé de lo que quiero hablar, desde el principio, pero me cuesta encontrar las palabras, como tantas veces, enderezar algo que tengo en la cabeza, no quiere salir y me cuesta ayudarme. Así que es el momento de escuchar a Mahler: su quinta sinfonía. Visconti la convirtió en leyenda al utilizar su Adagietto en la película Muerte en Venecia. Cerraría los ojos y me dejaría llevar por esa plenitud musical, que no es melancolía sino una verdadera canción de amor que escribió para su esposa Alma, cuando lo abandonó después de la muerte de su hija María, víctima de una enfermedad que llegó con los peores presagios. Alma conoció a otros hombres, pero él la amó siempre. Y esta melodía fue su calmante para paliar la tristeza que le invadió ante los trágicos acontecimientos. Su drama personal y familiar es visible en el abatimiento que siente. Su “porqué” es rotundo, claro, tiene que continuar componiendo música para vivir.

 

            Y es que las mayores explicaciones nos las tenemos que elaborar nosotros mismos. Lo que decidimos, aceptamos, nos enfrentamos a cada momento. Las propuestas que nos convencen porque las afrontamos por decisión propia, con los razonamientos que creemos más acertados. En la vida cada cual dispone de herramientas para proteger su libertad. Sin duda. Aunque creamos que estamos presionados, no es así. Somos responsables de todo lo que hacemos, como el simple hecho de levantarnos cada día, ir a trabajar, salir de compras, hacer la comida, ser amables o demostrar lo peor de nosotros.

 

            Pese a todo, equilibrar el enorme empeño que una persona tiene, en ese viaje hacia alguna parte, hacia ese lugar que identifique su verdadera naturaleza, es una provocación poderosa que requiere mucho esfuerzo, y una saludable ética como disciplina moral. No sé si resulta muy abstracto esto que digo, si es como un agujero oscuro en el que permanezco escribiendo frases sin sentido, y me he tenido que hacer algunas preguntas al respecto. No quiero ser contemplativa, necesito tener una idea definida de mi comportamiento, aunque a veces es difícil con tanta información.

 

            Puede que con los años lo agradable sea dejarse llevar, tener como fin vivir en paz. Una fórmula magistral para no perder la compostura, porque, ¿quiénes son los otros?  Y es que desconfiamos a veces más de nosotros que de los demás. Y esa es mi idea que quiero reflejar hoy, así de sencillo.

 

            Buscar la imagen que refleje mejor a cada uno, la que más se ajuste a nuestra manera de ser. Salir de la estrechez de cumplir una agenda por instinto, por supervivencia. Teniendo siempre a mano el “porqué” como mecanismo que nos identifique como persona individual.  

                       

            ¡¡Feliz semana!!

 

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