
Os ha gustado la entrada, ¿verdad?
Algunos pensaran que ya ha llegado el motivado del periódico, el listillo, el vanidoso, el egocéntrico o el narcisista. Pues de todo un poco y nada de mucho, aunque lo que piensen los demás está de más (eso decía la canción).
¿A cuántos de vosotros no os han dicho eso alguna vez? Puedes escribirme en mi perfil de Instagram @victorsalvadortutu, estaré encantado de decírtelo yo mismo si ya no tienes a tu abuela a mano o a tu madre.
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Ahí quería llegar yo. Cuando vemos a un bebé la mayoría decimos ¡ay qué precios@ es! Otros opinan que todos los bebés son feos, pero siempre está tu abuela que dice que eres el más precios@, guap@ o hermos@ del mundo. Esto es así aquí y en la China popular. Las abuelas/os son más ciegos que el símbolo de la justicia que tiene una venda en los ojos para ser siempre equitativa en las decisiones y no caer en favoritismos, prejuicios o conveniencias varias. Las abuelas son esas personas que te dan alguna moneda a escondidas y parece que te esté dando algún estupefaciente para que nadie se entere.
Lanzo aquí un aplauso por las abuelas y me dirijo en femenino ya que, aunque cada vez menos, parece que eso de amar sólo era cosa de mujeres, obviamente hablo de generaciones pasadas, ya que cada vez más la igualdad emocional es palpable, aunque aún muy de puertas hacia adentro.
Bueno, os cuento la historia de mi abuela y sí, voy a hablar de belleza. No es esta la columna del Dr. Amor, no os habéis equivocado de sección, pero todo va ligado.
Mi abuela se llamaba Manuela. Un nombre que me encanta tal cual, con garra y fuerza, sin diminutivos que parecen que van intrínsecos con algunos nombres. Y digo se llamaba, ya que falleció el año pasado no sin haber disfrutado 100 en su casillero. Una gran mujer, modista, de sonrisa fácil, paciente y que voy a decir yo, ¡la mejor abuela!
La piel de las abuelas de antes era otra cosa, a poco que se ponían ya lo lucían. Ahí entran muchos factores y no hace falta que haya hecho una tesis en la mejor universidad del mundo sobre antropología de piel. Sólo con observar un poco vemos que la polución, la alimentación y el estrés de vida de ahora hacen que cada vez gente más joven tenga que entrar al mundo de la cosmética clínica de estética y demás, para sentirse bell@ antes.
Manuela no era mucho de ponerse cremas, en su generación la prioridad era otra. Era enhebrar bien la aguja y que la artrosis no te atacase pronto como a la mayoría.
Manuela, me decía que era el más guapo del mundo y yo me lo creía. Pero me lo creía como antes, para mí sólo, sacándome una sonrisa. Esa sonrisa llega al corazón de cualquiera. Con esa palabra de abuela y ese gesto, pasabas el resto del día y te sentías importante.
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No le digáis a un bebé que es feo, ni gordo, ni alto, ni bajo, ni nada de eso. Es como es y debe creerse que es el más bello del mundo. Sus células lo escucharán y sanarán muchas cosas que le vendrán después.
Después de Manuela, vino Pilar, mi madre (aunque esa preciosa historia la contaré otro día) y ahí si llegó la belleza profesional y lo que soy hoy. Gracias a estas dos mujeres y la que llegó después, @angelesydiablillos. Ella cierra el círculo de la abuela y sigo creyendo que soy el más guapo del mundo para sacar esa sonrisa sanadora y transmitir que la actitud que tomes en la vida depende el presente de muchos.
Voy a ponerme crema y a mirarme al espejo. Seguro que angelito de mi hombro, que es la parte más emocional, logra vencer al diablito del otro hombro, la parte racional que me dice que mi belleza sólo está en mi cabeza.
La belleza es una actitud que refleja quién eres y tus emociones ¡Cómo te sientes y no cómo te ves!

