Tienes activado un bloqueador de publicidad

Intentamos presentarte publicidad respectuosa con el lector, que además ayuda a mantener este medio de comunicación y ofrecerte información de calidad.

Por eso te pedimos que nos apoyes y desactives el bloqueador de anuncios. Gracias.

ENTRE TÚ Y YO

Jacques de la Merde

Cristina González Jueves, 09 de Diciembre de 2021 Tiempo de lectura:

 

Hay alimentos que, servidos al aire libre, tienen su propia melodía. Qué bien suena el laurel en el estofado, el crepitar de unas verduras en la paella, la berenjena en un pastel; qué lírica la de las manzanas o los higos mientras se saborean directamente del árbol y, en cada bocado, asciende desde el  fondo del estómago la música de Caruso con “Una furtiva lacrima”. Son melodías naturales que deben quedar escritas sobre las cartas de los restaurantes sin más mejunjes literarios que rompan su sustancia natural.

 

Hace algún tiempo me tropecé por las redes a una Chef llamada Jacques de la Merde que presentaba una curiosa colección de platos. Se trataba de una cocina de impacto visual que a primera vista era muy refinada si se pretendía comer con los ojos. No obstante, cada uno de sus platos estaba elaborado con ingredientes chatarra.

 

[Img #87033]

 

Sin duda hay sibaritas que prefieren estos alimentos porque les hace parecer muy modernos, aunque les produzcan digestiones muy pesadas e incluso corran el riesgo de morir envenenados en mitad de su orgasmo. Habrá que llevar cuidado con estos chefs que no dudan en lavar las espinacas en la lavadora, utilizar instrumentos de quirófano en sus fogones o cocinar patos azules en honor a Picasso con una tapa de retrete en la cabeza para protegerlos de la grasa.

 

[Img #87034]

 

Por mi parte no hay mayor refinamiento que comer cosas sencillas condimentadas con una buena dosis de hambre para encontrarse con Platón en su banquete y reconciliarse con la vida. Hay que quedarse solo con lo esencial: con las grandes pasiones que mueven el estómago de unas hormigas, o con las horas infinitas que invierten los amigos comiendo rebanadas de pan y aceite bajo el alero de un tejado: son el primer peldaño para ascender a la gloria. Decía Aristóteles que la memoria es una vía del conocimiento; lo que aplicado a la cocina me lleva a la conclusión de que la verdad más consistente está contenida en el caldo de un potaje. 

 

El resto hay que mandarlo directamente con Jacques a la Merde, porque no es más que un fraude: un intento de convertir la basura en estética incorporándola a los platos.

 

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.