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ENTRE TÚ Y YO

Valientes

Ángeles Hernández-Gil Viernes, 10 de Diciembre de 2021 Tiempo de lectura:

  

          Una persona valiente lo demuestra en su actitud de firmeza, decisión ante sus miedos, inquietudes y dudas. A pesar del temor actúan por un instinto que les permite hacer frente gracias a la subida de adrenalina, que impide quedarse quieto ante lo que ocurre. Esto sería dar una definición correcta. Un hecho heroico como consecuencia de algo peligroso y desconocido, en un impulso incontrolado. Sin embargo, aunque es habitual definir la valentía como situaciones osadas y peligrosas no puede asociarse únicamente a estos grandes actos.

 

            ¿Quién merece este adjetivo? ¿Qué es la valentía? Aristóteles dice que la valentía está a medio camino entre el miedo y la temeridad. Y es verdad que no hay un valiente por naturaleza, unido a los genes, más bien una consecuencia hecha desde la improvisación, la demanda a la que se acude sin intención previa.

 

              Conseguir un perfil del valiente no tiene por qué que llevarnos a engaño. Las pequeñas cosas que suceden cada día pueden hacer a una persona valiente, o cobarde. Porque afrontar los problemas, plantarle cara a la enfermedad, a las desilusiones que aparecen continuamente, saber derrotar el pesimismo, la angustia de tantas cosas que van haciendo una gran montaña personal, en realidad no es fácil ni tarea simple. La derrota puede ser catastrófica, como se ve a veces.

 

            Por consiguiente ¿de qué material están hechas las personas valientes? La valentía se consigue como un trabajo dentro de la existencia humana. Estar preparado para lo que venga; y lo que sea que venga se le hará frente en su tiempo y en su momento. Quizá ser valiente es una forma de resolver la cobardía que nos presiona constantemente, nos ahorra un sufrimiento prematuro y deja un respiro para aceptar lo que nos depara la vida.

 

            El hombre moderno no quiere sufrir. Para los habitantes del siglo XXI es una utopía de esta era que nos define, en la que podemos lograr todo, en la inmediatez, en la conquista de cualquier cosa. Por decir algo concreto, avanzamos acompañados de Internet con sus descubrimientos y sus locas carreras, ansiosos de una posesión engañosa, efímera y poco real. Lo que pretende cada uno, está al alcance de la mano, aunque sea un fraude pasajero.

 

            Pero tampoco hay nada que nos diferencie de otras etapas. El mundo ha crecido en sabiduría porque la inquietud sacude desde siempre lo más profundo del ser humano; en este concepto hay que ser agradecidos. La valentía está en ese afán de ir deshojando las páginas de la vida, motivos más que suficientes para dejar la imaginación trabajando para lo que está por venir.

 

            Sea como sea la valentía existe en todos nuestros gestos diarios, se podría decir que todos somos valientes, con ciertas connotaciones más veladas menos reconocidas, como alguien que desprecia ese valor por sí mismo, sin que nos demos cuenta de tantos hechos heroicos insignificantes, que pasamos por alto. Si tuviésemos constancia de lo que hacemos a diario podríamos sentirnos avergonzados, pero también dichosos.

 

            No estaría mal hacernos un test sobre nuestra actitud heroica en la vida, puesto que el cometido de la filosofía es “concebir lo que es, pues lo que es, es la razón”, y tal como el individuo es hijo de su tiempo; de la misma manera, la filosofía es su tiempo aprehendido en pensamientos”, nos dice Friedrich Hegel (siglo XVIII) filósofo alemán llamado también como la “conciencia de la modernidad”, por su teoría del “idealismo absoluto”.

 

            Y eso es lo que hace el hombre de cada tiempo, pensar, discurrir, investigar, utilizar sus medios más próximos para descubrir su mundo. Y estamos inmersos en planes de imaginación tan salvajes que por supuesto dan miedo. El mundo es un dilatado procedimiento de imprudencias actuando en las conciencias individuales, personales de cada uno de nosotros.

 

            Así las cosas, lo mejor es dejarse llevar por el impulso valiente que nos aísla de los demás y crea en nosotros un esfuerzo continuo, sin atajos, sin creer mucho en una felicidad salvo para que sirva de marco a lo que, se supone, anhelamos como personas sensatas.

                       

                        ¡¡Hasta la semana que viene!!

 

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