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ENTRE TÚ Y YO

¡Que vienen los magos!

Consuelo Aguayo Lunes, 13 de Diciembre de 2021 Tiempo de lectura:

 

Quiero confesar que me declaro en rebeldía a comparecer en días de frío. Y también a cualquier convocatoria de matrimonio por esas fechas. Y menos por conveniencia. Si uno decide casarse, que lo haga en verano como Dios manda, que todo luce más. Y, a poder ser, por amor. Hombre, yo puedo entender que los padres quieran un buen futuro para sus hijos porque ¿qué padres no han pensado aquello que cantaba La Cabra Mecánica? ´Tú que eres tan guapa y tan lista, tú que te mereces un príncipe, un dentista´. Pero lo de atar el destino de sus hijos a príncipes o dentistas para unir tierras o reinados o para que te salgan gratis los brackets, ustedes convendrán conmigo que ese ya es otro cantar, y nunca mejor dicho.

 

Pero es que aquello de  El sí de las niñas de Fernández de Moratín tiene largos tentáculos. No tenemos más que pensar en el ciego asentimiento de los Senadores y Diputados  parlamentarios, a las consignas del Partido. Rebelarse contra la autoridad siempre tiene un coste. En el caso de Moratín la obra sufrió la prohibición por parte de la Santa Inquisición (no sé si era muy Santa) de esa comedia durante al menos 30 o 40 años. Bueno, en realidad la tuvo hasta que se cansaron los inquisidores de prohibirla y permitieron volver a representarla pero advirtiéndole: “¡Hala! Moratín, ya puedes volver a poner en escena esa obrita de las niñas, pero con recortes, vaya a ser que las insurrectas se nos suban a las barbas”. Y así terminó el caso.

 

Seguramente ustedes estarán pensando que con la Literatura, el Teatro y la Comedia se me va el hilo. Y llevan razón. Porque yo he venido aquí a contar historias  y no quiero que la directora de esta sección (que tiene infinita paciencia conmigo), se canse y quiera ´darme puerta´. Así que a lo que iba. Esto del ´sí de las niñas´ no era exclusivo ni de los senadores ni de las niñas, también valía para reyes, emperadores, nobles, en fin, para muchas castas (que dirían hoy día algunos políticos). Y claro, de tanto forzar los casamientos, de tanto casar a unos familiares con otros, de tanta endogamia acumulada, de tantos matrimonios consanguíneos, pues al final sale lo que sale. Un Rey de España atribulado. Se llamaba Carlos II.

 

Según cuentan, Mariana de Austria estaba prometida desde niña con su primo Baltasar Carlos (¿sería porque era príncipe de Asturias? Cualquiera sabe), pero como éste murió prematuramente,  al final se casó con su tío Felipe IV que había enviudado (total qué más da, de primo a tío y tiro porque me toca) y de ese matrimonio nació el futuro rey de España, Carlos II. Pero el pobre no se sabe bien si por los cruzamientos de sangre o por hechizos o maleficios, el caso es que acumuló una debilidad tan enfermiza que la Santa Inquisición decidió que había que exorcizarlo. Y allá que se presentó un famoso exorcista traído de Asturias, padre Argüelles, con toda la corte de inquisidores a liberar del demonio al rey. Yo no sé si la cuestión fue como ´la niña´ de la película del exorcista, pero al pobre le hicieron tomar aceite de ricino en ayunas, frutas recogidas por San Felipe, por Santiago y en Navidad (¡válgame Dios, con el frío y a coger hierbas!), y lo típico, ya le colgaron el  sambenito y pasó a la historia como El Hechizado.

 

El caso es que muy muy hechizado no debió de estar porque según reflejan algunas páginas de economía de la época (creo que no existía el Financial Times) aumentó el poder adquisitivo en sus reinos, promovió la recuperación de las arcas públicas, puso fin al hambre y procuró la paz en sus territorios (si es que las malas lenguas, ya se sabe, la prensa desde siempre ha sido el Cuarto Poder).

 

Parece ser que por esto de las supersticiones y exorcismos se mofó de Carlos II media Europa pero ¿de qué se iban a reírse si todos los reyes tenían en sus cortes respectivas a magos, hechiceros y adivinadores para mantenerlos a salvo de brujerías? Además los Magos ya tenían muy buena prensa desde de que el Cristianismo los recogiera en sus páginas principales como personajes importantes, queridos y respetados en Belén. Tanto es así que todos los niños ansían que lleguen los Reyes Magos. Al fin y al cabo, eso era privilegio de reyes ¿y que son nuestros hijos sino los reyes de la casa?

 

Si son aficionados al arte seguramente querrán ver el cuadro de La adoración de la Sagrada Forma por Carlos II, obra firmada por Claudio Coello, pintor de cámara del rey que decora la sacristía de la basílica del Monasterio del Escorial.

 

Al final sólo me queda desearles a todos ustedes que pasen unas felices fiestas y que los Magos les colmen de su magia. Y si les entusiasma la Cabalgata tanto como a mí, disfruten de su colorido y de su arte. Ahora lo que no les perdono a los Reyes es que vinieran en invierno ¡caramba!

 

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