
¿En qué se parece Murcia a Australia? Aunque nuestra pequeña región no sea tan extensa como el país que se encuentra en nuestras antípodas, ni aquí se hable inglés ni salten canguros por las calles, existe algo que nos iguala a los murcianos con los australianos: el oscuro pasado de nuestros ancestros.
Desde finales del siglo XVIII a mediados del XIX, más de 100.000 convictos británicos fueron deportados por Su Graciosa Majestad a Australia, la enorme colonia que el Reino Unido mantenía en Oceanía. Ingleses, galeses e irlandeses, condenados a largas penas de reclusión por sus acciones delictivas, fueron forzados a embarcar hacia el Pacífico para comenzar allí una nueva vida, en régimen de semilibertad, con la obligación de trabajar y bajo el juramento de no regresar jamás a Inglaterra. En aquellos barcos llegó lo peor de cada casa. No sé cómo lo harían para organizarse, dotarse de leyes y respetarse unos a otros, pero el experimento no les salió mal del todo y, en la actualidad, Australia ocupa el puesto número 12 de los países con mayor bienestar del mundo. Supongo que muchos de los actuales ciudadanos de ese país tendrán escondida en el armario la foto de aquel tatarabuelo de rostro pendenciero.
En Murcia tenemos la suerte de que en siglo XIII aún no se había inventado la fotografía, porque habría que verles la cara y los hechos que mostraban muchos de nuestros ancestros. En aquellos tiempos, Murcia era un territorio muy peligroso, un lugar de frontera codiciado por tres reinos en el que continuamente se libraban sangrientas batallas. Nuestra Región era una lengua de tierra perteneciente a Castilla y cercada por tres fronteras: a un lado, Aragón; al otro, Granada; y al fondo, el mar. A veces, el enemigo aparecía de improviso y quemaba cosechas o arrasaba un pueblo entero. No había escapatoria. Un territorio muy inseguro, donde los campesinos vivían con el alma en vilo y en el que nadie quería establecerse. ¿Quién iba a querer venir aquí habiendo otras tierras más tranquilas y seguras a lo largo y ancho de Castilla? Sólo los locos, los temerarios, los aventureros… se ofrecían para instalarse en este reino fronterizo.
La negativa de los castellanos a repoblar esta tierra obligó a Alfonso X el Sabio a poner en marcha un singular privilegio: a quien accediera a asentarse en Murcia se le perdonarían todas las deudas que tuviese pendientes con el Rey, a la vez que se olvidarían los delitos de robo o asesinato que hubiese cometido en cualquier reino. Así, Murcia se convertía en tierra de perdón y miles y miles de delincuentes, muchos de ellos con las manos manchadas de sangre, llegaron hasta aquí para sentirse a salvo. Nadie les preguntaba por qué habían dejado familia y hacienda y habían decidido venir. El antiguo Reino de Murcia era el lugar perfecto para que, aquellos que habían tenido un fuerte tropiezo, comenzaran una nueva vida. De esta manera, esta tierra se fue transformando en el refugio perfecto para prófugos de la justicia o condenados a muerte y penas de destierro; gentes que aceptaron ese trato a cambio de defender con lanzas y espadas sus castillos, que continuamente estaban expuestos a las embestidas musulmanas. No pongan esas caras de extrañeza, pues seguro que algunos de ustedes son descendientes de aquellos hombres de pasado incierto.
Seguro que han escuchado en muchas ocasiones ese dicho que dice: “Mata al Rey y vete a Murcia”. Pues viene de ese privilegio que otorgó Alfonso X y que, como tierra de perdón, logró que a este aventurado territorio llegase gentes de todas la raleas. Fuera cual fuese tú delito aquí no importaba.
Así que australianos y murcianos tenemos algo en común, y no son ni los canguros ni los paparajotes: un álbum familiar escondido bajo la cama.

