No está fácil, no…
No está fácil encontrar trabajo en España, no.
En el sector de la ingeniería apenas nos encontramos con alguna oportunidad para concursar, a pesar de dedicar a ello nuestros esfuerzos, y cuando por fin surge una -el año que surge-, vemos con tristeza que las condiciones son casi imposibles de asumir manteniendo los principios de ética profesional que se exige en todas nuestras actividades. Cuatro años de continuas reducciones de ingresos han dañado y reducido al mínimo nuestros equipos de excelentes profesionales, para quienes no tenemos trabajo. También se ha dañado y reducido la esperanza -en general- que manteníamos en nuestros gobernantes, para quien parecemos no existir, salvo a la hora de votar e ingresar impuestos. Promesas electorales que aliviarían nuestra deficiente situación económica -como la de no pagar el IVA hasta el momento de cobro de la factura- permanecen en el olvido. Fórmulas que desatascarían la falta de inversión pública -como la inclusión del capital privado en la inversión pública mediante la Colaboración Público Privada- se comentan fugazmente de vez en cuando por nuestros dirigentes, pero más de vez en vez que de cuando en cuando. La sangría económica de las Entidades y Empresas Públicas persiste sin que exista una propuesta seria de solución al grave problema. Y no digamos la falta de rigor que evidencian nuestros gobernantes cuando evalúan las necesidades de financiación de las arcas públicas en 200 ó 300 M€ un día, y en unos 700 M€ el siguiente.
Pero tampoco está fácil encontrar trabajo fuera de España, no.
Hay que exportar servicios y buscar trabajo fuera de España, nos decía recientemente la máxima autoridad del Estado en una misión comercial a Rusia en la que acompañó a un grupo de empresas de ingeniería y construcción para reforzar su candidatura hacia un importante proyecto de ferrocarril. Y en eso estamos. Pero, no desde ahora, sino desde hace ya varios años y con mejores resultados para quienes antes comenzaron. Ahora nos encontramos con barreras crecientes impuestas por los países receptores de fondos aportados por los países de las empresas licitadoras, con una elevada competitividad al juntarnos allí todos los licitadores de distintos países, y con prácticas deshonestas por parte de algunos gobiernos, que generan inseguridad jurídica. El último caso lo conocimos el pasado viernes, cuando la empresa de capital español Concesionaria Dominicana de Autopistas y Carreteras, CODAXA, denunció la incautación de sus bienes por parte del Gobierno Dominicano y el incumplimiento de un laudo internacional que obliga al Estado a indemnizarle con 45 millones de dólares.
No está fácil, no.
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En el sector de la ingeniería apenas nos encontramos con alguna oportunidad para concursar, a pesar de dedicar a ello nuestros esfuerzos, y cuando por fin surge una -el año que surge-, vemos con tristeza que las condiciones son casi imposibles de asumir manteniendo los principios de ética profesional que se exige en todas nuestras actividades. Cuatro años de continuas reducciones de ingresos han dañado y reducido al mínimo nuestros equipos de excelentes profesionales, para quienes no tenemos trabajo. También se ha dañado y reducido la esperanza -en general- que manteníamos en nuestros gobernantes, para quien parecemos no existir, salvo a la hora de votar e ingresar impuestos. Promesas electorales que aliviarían nuestra deficiente situación económica -como la de no pagar el IVA hasta el momento de cobro de la factura- permanecen en el olvido. Fórmulas que desatascarían la falta de inversión pública -como la inclusión del capital privado en la inversión pública mediante la Colaboración Público Privada- se comentan fugazmente de vez en cuando por nuestros dirigentes, pero más de vez en vez que de cuando en cuando. La sangría económica de las Entidades y Empresas Públicas persiste sin que exista una propuesta seria de solución al grave problema. Y no digamos la falta de rigor que evidencian nuestros gobernantes cuando evalúan las necesidades de financiación de las arcas públicas en 200 ó 300 M€ un día, y en unos 700 M€ el siguiente.
Pero tampoco está fácil encontrar trabajo fuera de España, no.
Hay que exportar servicios y buscar trabajo fuera de España, nos decía recientemente la máxima autoridad del Estado en una misión comercial a Rusia en la que acompañó a un grupo de empresas de ingeniería y construcción para reforzar su candidatura hacia un importante proyecto de ferrocarril. Y en eso estamos. Pero, no desde ahora, sino desde hace ya varios años y con mejores resultados para quienes antes comenzaron. Ahora nos encontramos con barreras crecientes impuestas por los países receptores de fondos aportados por los países de las empresas licitadoras, con una elevada competitividad al juntarnos allí todos los licitadores de distintos países, y con prácticas deshonestas por parte de algunos gobiernos, que generan inseguridad jurídica. El último caso lo conocimos el pasado viernes, cuando la empresa de capital español Concesionaria Dominicana de Autopistas y Carreteras, CODAXA, denunció la incautación de sus bienes por parte del Gobierno Dominicano y el incumplimiento de un laudo internacional que obliga al Estado a indemnizarle con 45 millones de dólares.
No está fácil, no.
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