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ENTRE TÚ Y YO

No me chilles que no te veo

Esther Egea Jueves, 10 de Febrero de 2022 Tiempo de lectura:

 

La comunicación es necesaria para entendernos y comprendernos pero no siempre es circular. Decimos lo que queremos decir pero más como monólogo que como diálogo, en una conversación paralela pero no empática.

 

Una cosa es hablar y otra comunicar. Una cosa es oír y otra escuchar. Y es que a la hora de escuchar llevamos nuestro ruido interno que interfiere para comprender al otro.

 

Esta falta de escucha activa nos llena de malentendidos; y es que entre lo que tú quieres decir y al final dices y entre lo que el otro quiere escuchar y al final entiende hay un pérdida enorme de información. De ahí vienen las célebre frases; “no me entiendes” “yo no dije eso” “lo entendiste mal” “te lo estás inventando”…

 

En la comunicación intervienen dos cerebros; el del emisor y el del receptor. Cuando tú hablas con otra persona y lo haces desde el reproche o el enfado puede recibir la información no desde el cerebro maduro que reflexiona y planifica sino desde el cerebro reptiliano, el cerebro animal que se quiere defender del ataque. Y si yo activo ese cerebro en el otro ya no va a entender el mensaje que intento transmitirle y va a comenzar a disparar con respuestas típicas erráticas.

 

Supongamos que mi hijo no quiere hacer los deberes del cole con tono desganado. En lugar de utilizar el código empático y comprenderlo voy a activar mi ruido interno del reptiliano y voy a intentar consolarlo o criticarlo. Pero no se va a sentir escuchado porque tú estás con tu propio discurso (otra vez el mismo rollo, no es responsable, tengo que ayudarle,..). Pero, ¿realmente sabes por qué no quiere hacer los deberes? y lo más importante, ¿lo estás estimulando para que busque la solución a sus desgana?

 

Para comunicarnos bien, deja tu ruido interno e intenta entender lo que dice con sus palabras y comprender lo que dice con sus gestos, con su tono de voz. Porque si una persona se siente comprendida hará su propio cambio en lugar de utilizar la comunicación para iniciar un conflicto bélico, más centrado en el enfrentamiento que en la resolución.

 

En muchas ocasiones nos pasa como a los protagonistas de la película “no me chilles que no te veo”, donde se producen  comunicaciones trágicas, viviendo cada uno la misma situación pero a su manera, con la sospecha de asesinos. Colaborar mutuamente en la comunicación ayuda a la familia a resolver los problemas diarios. Por lo que te invito a que le prestes tus oídos a tu hijo para que pueda verse y no ser los culpables de la situación. Necesita de tu comprensión para entender lo que hace y lo que siente en su vida, con su cerebro racional activo y su cerebro emocional controlado.

 

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