
“Antes que todas las cosas, en un comienzo, fue el Caos” (quizás mejor, “abismo sin fondo”) Hesíodo, poeta y filósofo griego del 700 a.C. en Teogonía.
En los últimos meses he intentado introducirles en la aventura intelectual de aprovechar las “luces de la razón” o acrecentar la racionalidad y “desaprender” o reconsiderar lo aprendido, como herramientas para comprender el mundo y actuar mejorándolo; y, hoy, pretendo culminar esta trilogía con la invitación a “renacer”.
Pero no hablo de un comienzo cualquiera; sino de una concreta invitación: “renacer en la ciencia”.
Desde el inicio de nuestra vida, interactuamos con el entorno y, con inagotable curiosidad, experimentamos sin descanso, lo cual nos permite ir conociendo el mundo y, por tanto, “la realidad”, de modo que, paulatinamente, vamos logrando habilidades que nos permiten enfrentarnos con éxito a los retos del mundo cotidiano. De igual modo, ya adultos, debemos saber y actualizar los conocimientos de la ciencia actual la cual describe un mundo físico muy diferente que, además, es fruto de todas las generaciones de científicos que nos han precedido; si duda, un ingente caudal que no podemos desconocer.
Para ello les traigo noticia de dos libros, absolutamente recomendables, escritos por físicos eminentes que coinciden en divulgar el conocimiento científico, como presupuesto ineludible para disponer de una nueva visión de mundo:
1º.- “Génesis: El gran relato de la creación del universo” (Editorial Ariel, 2021) de Guido Tonelli (Italia, 1950), físico de partículas del CERN y profesor de Física General de la Universidad de Pisa. Sus 270 páginas, escritas con un lenguaje ameno y brillante (también debido a la impecable traducción de Carlos Gumpert), tienen un claro propósito, a decir del propio autor: “permitir que todos puedan apropiarse del gran relato de los orígenes que la ciencia moderna nos entrega, comprender nuestras raíces más profundas y encontrar estímulos con los que afrontar el futuro”. Y ello, desde una convicción básica, cual es: “cuando se observa el mundo con ojos distintos, cambia nuestra cultura, arte y filosofía. Conocer estos cambios y anticiparse a ellos significa tener las herramientas para construir una comunidad de seres humanos mejores”.
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Para ello, Guido Tonelli sintetiza con brillantez la mejor teoría científica actual y comienza su relato en el “vacío” existente inmediato al nacimiento del universo; que no tiene que ver con “la nada que evoca miedos ancestrales”, pues el vacío como sistema físico es lo contrario de la nada (“no es un concepto filosófico, es un sistema material muy particular; en el que la materia y la energía son nulas”). Y, continúa en siete capítulos a los que significativamente llama “día”, que nos explican “la inflación cósmica” (“de alguna manera ese mecanismo perfecto -vacío- se atasca, algo extraño irrumpe… activa de repente el proceso que producirá a la vez un espacio-tiempo que se expande y masa y energía que lo curvan”); continúa con el papel del “universo primordial” y del “bosón de Higgs” (partícula neutra que no gira sobre si misma, medida en 2012 en el CERN), en la configuración del universo caracterizado con una gran uniformidad, perfección y simetría (doscientas mil galaxias, con estructuras casi idénticas y una temperatura igual en regiones separadas por miles de años luz, de 2,72548 grados absolutos); y así continúa el relato hasta llegar al séptimo día, en el cual empieza a brillar el Sol y se crea (hace cuatro mil quinientos millones de años) un sistema solar muy complejo; y entre los ocho planetas, uno de ellos sería nuestro hogar: la Tierra, único planeta rocoso que tiene un satélite de grandes dimensiones, la Luna, resultado de una “colisión catastrófica primordial” que el primitivo planeta sufrió (según la hipótesis más aceptada y contrastada) con un planetoide de masa similar a Marte, tras la cual la Tierra aumentó aún más sus dimensiones, recuperó su forma esférica y con la Luna consiguió estabilizar su órbita hasta nuestros días. Con ello acaba el séptimo día y la génesis termina cuando han pasado 13.800 millones de años.
Pero la ciencia e investigación física no concluye; y, por eso, nos da noticia el autor de como Europa está tomando decisiones cruciales (la construcción de un colisionador de 100 km en el CERN) y también China (con un proyecto similar), que determinarán los confines de la investigación científica básica de todo un siglo.
2º.- “Las diez claves de la realidad” (Editorial Planeta, 2022) de Frank Wilczek (Nueva York, 1951) profesor de Física en el Massachusetts Institute of Technology, galardonado en 2004 con el Premio Nobel de la especialidad. El autor, en sus 274 páginas, más un apéndice complementario, nos brida con rigor técnico y lenguaje asequible unas claves inacabadas de la realidad, por cuanto están abiertas al incesante progreso científico.
Todo ello con un objetivo declarado: “intentar transmitir los mensajes centrales de la física moderna”; una aportación fundamental: “nuestra comprensión del mundo físico sigue cambiando y creciendo. Es algo vivo”; y un regalo: “para quienes renacen en el camino de la ciencia, el mundo vuelve a ser fresco, lúcido y extraordinariamente abundante”.
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Del texto, absolutamente interesante y de perfecto rigor, me permito anticipar al futuro lector con algunas referencias clave:
Abundancia de espacio: interior (en nuestro cuerpo hay diez mil cuatrillones de átomos) y exterior (el radio de la Tierra es igual a una cincuentena de segundo luz, la distancia de la Tierra al Sol es de 24.000 veces el radio de nuestro planeta y la dimensión del universo estaría en 13.800 millones de años luz).
Abundancia de tiempo: el universo comenzó a formar estrellas y planetas hace unos 13.000 millones de años; el Sol y la Tierra llevan unos 5.000 millones de años; y los humanos hemos existido unos 300.000 años (unas 5.000 vidas humanas o 10.000 generaciones).
Velocidad del pensamiento: “es evidente que en una vida humana caben muchos pensamientos creativos. Pero ¿cuántos? Podemos decir que unos cuarenta “fotogramas por segundo”. Lo cual, como dice Frank Wilczek, “a lo largo de la vida procesamos y entendemos unos cien mil millones de escenas distintas… Estas estimaciones atestiguan que gozamos del regalo de más de mil millones de oportunidades de experimentar el mundo”. Para que nos hagamos una idea: “la velocidad limite de pensamiento para la inteligencia artificial es aproximadamente mil millones de veces más rápida que la velocidad de pensamiento de la inteligencia natural”.
El mundo físico está construido con muy pocos tipos de ingredientes: “podemos concluir que las mismas leyes actúan sobre los mismos materiales básicos en todo lugar del universo y durante toda su historia”.
Hay mucha materia y energía: “el universo contiene enormes riquezas… solo una fracción diminuta de esa riqueza se encuentra a nuestra disposición… la fracción que nos es dada sigue siendo, para nuestros propósitos, muy abundante… todavía nos queda mucho por explorar de lo que tenemos a nuestra disposición”.
Con un reto esencial: aun queda mucho por ver y numerosos misterios sin respuesta; y una conclusión esperanzadora: “hay una gran abundancia de espacio y tiempo, y de materia y energía. El mundo físico ofrece a nuestra especie un futuro mucho más grande, largo y rico de lo que hemos conocido hasta ahora”.
Mi opinión no puede ser mínimamente objetiva, pues siempre me ha apasionado la física, como ciencia que describe los fundamentos del mundo y el universo; máxime por su característica inacabada. Pues, pese a los inmensos avances que los científicos han obtenido, siguen existiendo “misterios” que nos recuerdan la humildad y perseverancia imprescindible para tomar el relevo y proyectar un futuro posible. Pero como nos recuerda Frank Wilczek “la ciencia no dicta cómo deberían ser (las cosas), ni nos prohíbe que imaginemos cosas que no existen. Contiene hermosas ideas, pero no agota la belleza. Ofrece una forma de entender el mundo físico que es única por fructífera, pero no es una guía completa de la vida”.
Queridos lectores: les agradezco los “fotogramas” que hayan empleado en leerme, de los mil millones de oportunidades de las que disponen para entender el mundo. Y, si me permiten como despedida, les dejo dos retos para que no dejen de leer los libros que hoy les recomiendo:
I.- ¿Por qué la cultura occidental ha construido una especie de tabú sobre el cero (0), que más tarde se extendió al vacío? Prejuicio que todavía condiciona nuestra forma de pensar. Solución: páginas 48, 49 y 50 del libro de Guido Tonelli.
II.- ¿Hay margen para el crecimiento económico basado en captar una fracción mayor de la producción de energía del universo? Solución: páginas 158 y 159 del libro de Frank Wilczek.

