Madrid, Madrid, Madrid… metaverso del PP
Nos cuentan que el futuro se encuentra en el metaverso un espacio virtual en el que se recrean situaciones reales o ficticias, son entornos donde los humanos interactúan social y económicamente convirtiéndose en una metáfora del mundo real.
En definitiva más o menos lo que ocurre en el Partido Popular donde todos parecen vivir en una realidad paralela pero que a diferencia de esta sus escenificaciones y esperpentos tienen consecuencias en la vida real a la que todos estamos atados.
La implosión en la planta noble de Génova, 13 es de tal magnitud que ni los propios del lugar alcanzan a entender la profundidad de tal cainismo solo comparable a la torpeza con la que los pésimos aprendices de Maquiavelo han manejado esta situación.
Hablamos de una guerra civil, una crisis interna de libro con todas las premisas propias de cualquier serie de ficción donde los convulsos protagonistas se ven inmersos en enredos de espionaje, tráfico de influencias, montajes para despistar al enemigo, rupturas de amores de juventud, filtraciones de gobiernos, y así un largo etc. de irregularidades varias y faltas de transparencia. No podremos acusar de indolente al guionista de tremendo serial con giros tan continuos de la trama que aún nos hacen dudar si los malos son menos malos y los buenos no tan buenos o viceversa.
Ahora bien, si me conceden la licencia me aparto del cariz cinematográfico del suceso y retomo el relato político de donde nos conduce tremendo disparate y es que el conflicto es tan desafortunado e intenso que agita las críticas en todos los órdenes del Partido Popular desde sus votantes y simpatizantes hasta los presidentes regionales y de gobierno de sus comunidades autónomas.
La gestión del problema es tan sorprendente que en vez de calmar y templar los ánimos acrecienta las diferencias e incendia los puentes de unión haciendo prácticamente imposible una recomposición decorosa, visualizando con relativo alarmismo que ninguna de las partes está a la altura de las circunstancias que exige la responsabilidad política y el compromiso con los ciudadanos, primando sus intereses y luchas de poder por encima del interés general y del rigor que requiere ser la segunda fuerza política y el partido líder de la oposición.
Ni los ceses, las dimisiones, o la concreción de un congreso extraordinario justifican ni maquillan la tormenta política generada y la fragilidad infligida a nuestro sistema democrático.





















