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ENTRE TÚ Y YO

Luces Intermitentes

Ángeles Hernández-Gil Viernes, 04 de Marzo de 2022 Tiempo de lectura:

 

       “Después del castigo físico, había una lógica interna que aceptábamos y creíamos comprender. Este hecho contribuyó posiblemente a nuestra pasiva aceptación del nazismo. Nunca habíamos oído hablar de libertad y no teníamos ni la más remota idea de a qué sabía”. Linterna roja: Memorias de Ingmar Bergman (1918-2007).

 

       Bergman sufrió en su infancia una educación represiva, angustiosa. Pero se agarró con fuerza a su imaginación, que le ayudaba a salir adelante, a vivir de otra manera. Sin embargo, el genio por excelencia en que se convirtió después, tampoco sucumbió a la felicidad; los demonios de la infancia le acompañaron siempre, y gracias a ellos pudo crear un cine auténticamente diferente: severo y esclarecedor de un pensamiento tortuoso, con profundas grietas que ponen en entredicho preguntas y estados de ánimo muy complejos, que lo acompañaron siempre. No podía ser de otro modo.

 

      Beethoven (1770-1827) es uno de los más admirados genios de la música. Sabemos que sufrió en su infancia: retraído, taciturno y desastrado, apenas tenía amigos. Un niño prodigio y más tarde temperamental, mujeriego y comprometido con la política. Nunca se casó. Y al contrario de lo que se ha creído siempre, su sordera no fue tan dramática como se cuenta. Su padre alcohólico murió cuando el músico tenía 18 años. Hacerse cargo de su madre y hermanos le hizo madurar y las influencias que recibió impregnaron su proceso educativo: “Hacer el bien allí donde podamos, amar la libertad sobre todas las cosas, y nunca negar la verdad, aunque sea frente al trono”. Recibió agravios y rechazos, pero a partir de la sonata nº 8, Patética, encontró la dirección correcta para lograr una plena madurez. Anna Holtz fue la copista y ayudante del compositor de la que estaba medio enamorado, ambicionaba ser como él y en una ocasión al rechazar esa ayuda por parte de su sobrino, fue ella quien lo hizo con la novena sinfonía, dejando perplejo al maestro.

 

       Es así que casi todos los genios de la historia sufrieron experiencias dañinas que vivieron en su infancia, que fueron decisivas para una vida difícil y controvertida. Porque seguramente la incapacidad para relacionarse de una manera normal los aisló hasta convertirlos en seres excepcionales, solitarios, incluso narcisistas, un dato a tener en cuenta, cuando no separamos la persona del genio en cuestión.

 

       Quizá, equivocadamente, se haya desdibujado la figura del genio. Soñar, escribir, crear, pintar, hacer música, filosofar, incluso hacer política puede llevar a la genialidad. Pero hacerlo posible no basta con tener inteligencia. Ser diferente provoca, cuanto menos, un interés por conseguir lo que se propone, una capacidad mental extraordinaria para crear cosas admirables, que los aparta del grupo.

 

       Leo una interesante novela en la que habla de los Tiempos, como significado del ser y el hacer de sus protagonistas. De esta manera va edificando su historia, que es la historia de un país en un momento concreto. Los tiempos de las personas van tejiendo la trama para conseguir una realidad; van midiendo las vidas de sus habitantes, lo que hacen como viven y se comportan. Tiempos personales que se mezclan con los de la naturaleza, pues cada elemento tiene su trascendencia, su cometido, su singularidad que afecta a lo que ocurre y es indispensable. Arrastrados por la inercia de lo imposible se adaptan, aceptan una vida donde todo está concebido, mientras otros escapan hacia lo irrealizable.

 

      En la vida real existe un tiempo para todo, que nos corresponde a cada uno; donde se encuentran los anhelos, el amor, la dignidad, las traiciones, la violencia, el envejecimiento, la muerte. En esta confluencia nos encontramos muchas veces en la duda de lo que hacer con nuestra vida. Salir nos da la posibilidad de elegir lo que necesitamos y queremos, mientras en ese tumulto surgen personas encaminadas hacia alcanzar metas revolucionarias, que los convertirá en genios.

 

      Si observamos con detenimiento lo que ocurre a nuestro alrededor nos daremos cuenta de que esos genios que aparecen entre la multitud no siempre son los genios que deseamos, necesitamos y nos convienen.

 

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