
En la Exposición Internacional de París de 1937, se muestra por primera vez el Guernica, un encargo de la República española a Picasso y que relata el horror que sufrió dicha ciudad del País Vasco.
En la misma muestra se presenta también un cuadro que hace alusión a la guerra, Espanto, pintado en mayo de ese mismo año sobre un trágico acontecimiento ocurrido en Almería, el bombardeo de la ciudad por barcos alemanes que provocó el pánico y la muerte entre la población civil. Un intercambiando de valores artísticos sobre un mismo hecho, la Guerra Civil Española.
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Ramón Gaya (Murcia 1910), quiso reflejar a través su obra el planteamiento político y propagandístico que alimentaba aún más el desastre y muerte entre población civil. Comenta a través de las correspondientes cartas que intercambiaba con su amigo Juan Gil-Albert: “En vez de pedir un arte social y de contenido político, sería necesario pedir un arte verdadero, intenso, emocional, pasional de carne y vida”, un dato que se manifiesta público en la revista Hora de España de aquel año 37.
Gaya siendo fiel a esos principios, pinta esta obra que obtendría el primer premio de pintura de la Exposición de Barcelona, en 1938.
Espanto, bombardeo de Almería, una escena que muestra a dos mujeres junto a un cuerpo que yace muerto, mientras otra levanta sus brazos en un claro gesto de desesperación. Una contemplación desgarradora que queda sumida entre los muros derruidos de una casa, desde ese horizonte, el mar y el cielo negro de esa trágica nocturnidad.
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Hace unos años me encontré con esta obra que actualmente alberga la colección del Museo Ramón Gaya (Murcia). Un espacio relevante por su apuesta a la divulgación sobre este esencial artista y escritor universal.
La obra Espanto, refleja el desgarro y la sordidez de esa luz que habita en medio de todo conflicto y que da protagonismo a una figura esencial, la mujer como figura heroica ante la tragedia.
Hoy 8 de marzo, la UNESCO nos recuerda el día Internacional de la Mujer. Un día en el que se conmemora la lucha de las mujeres por alcanzar una igualdad de derechos reales contra todo tipo de violencia y discriminación. Aún queda por derribar esos muros ante las desigualdades que continúan produciéndose entre hombres y mujeres en todo el mundo.
Mientras que nuestra geopolítica actual se fractura, presenciando muros derruidos ante llamas, no puedo evitar reflexionar sobre esta obra de Gaya, éxodos y huidas masivas de civiles inocentes de un lado a otro con destino incierto en medio de un gélido espanto.
Desde esta posición es mucho más apremiante dedicar palabras al papel que juega la mujer en esta carta hacia el futuro, aún, menoscabadas en la sociedad, pues son las mayores heroínas que luchan, sufren las consecuencias devastadoras tanto de sus cónyuges, padres e hijos intentando cubrir esa necesaria protección mientras que vemos al patriarcado destruyendo vidas de hombres, niños y mujeres inocentes de forma injustificada.
Me siento afortunado de estar escribiendo ahora estas líneas y que no me haya tocado vivir tragedia de tal magnitud, mientras que veo el reflejo de la crueldad y de los acontecimientos que suceden en medio del conflicto bélico que sufre Ucrania.
Ante tanta impotencia espero y deseo llenar de palabras esta carta antes en blanco esperando un camino conciliador ante tanta desesperación. Pero el arte no se puede quedar relegado en un solo plano en todo esto, su papel evocador creo que debe funcionar a través de su mensaje para respaldar más aún una posición como ya lo hizo Gaya con esa serie de cartas con futuro incierto, cartas que estaban viviendo el desconcierto de un devenir sombrío. Gaya, con actitud y compromiso político, abre esa ventana para que la historia nos hable desde esa vía posible ante lo manifiesto.
Esto nos lleva a ser humanos muy fuertes ante lo que parece aún ser un desafío de EGOS.
El cuadro mencionado implica una trágica contemplación de lo sucedido en aquellos años ante el hecho de que toda la sencillez, la firmeza y la dignidad puede mantenernos fuertes, un ideal que me recuerda también sobre aquella figura de la mujer con el pecho descubierto, la heroína de La libertad guiando al pueblo de Delacroix, hacia otro futuro posible.
Y, sin embargo, hay algo en Gaya que me acerca más aún con Espanto, tal vez porque estuvo comprometido con su tiempo, un tiempo que hoy se repite para destacar sobre todo el desamparo y la valentía de unas mujeres indefensas que lideran la carga en este nuevo escenario de desafío geopolítico.


