
En los últimos días hemos visto acusaciones cruzadas entre Estados Unidos y China al respecto del conflicto en Ucrania. Desde Estados Unidos, algunos medios se han hecho eco de que Rusia ha solicitado equipamiento militar a China. Desde China, se acusa al país norteamericano de difundir fake news. Mientras tanto, China, que ha mantenido una posición bastante equidistante desde el comienzo del conflicto, se ha esforzado en dejar claro que su relación con Rusia no se ve en absoluto afectada por la contienda. ¿Qué papel juega China en el conflicto?, ¿Cuáles son las lecciones que se puede sacar?, ¿Beneficia o perjudica la situación actual a China? Para responder a estas cuestiones, conviene abordar la posición de China en tres claves distintas: la económica, la geopolítica y la diplomática.
EN CLAVE ECONÓMICA
Desde el punto de vista económico se presentan tanto amenazas como oportunidades para el gigante asiático. Por el lado de las amenazas, cabe destacar que China es uno de los principales socios comerciales tanto de Rusia como de la Unión Europea. Además, a diferencia de Rusia, la principal estrategia de China para expandir su influencia internacional es a través del comercio y las inversiones. Cualquier conflicto que ponga en jaque la salud del clima de negocios internacional representa una amenaza potencial para los intereses chinos. No obstante, el conflicto y la respuesta que se está dando desde occidente también ofrece oportunidades. Una de las más importantes: la posible consolidación del yuan como moneda internacional de reserva. El hecho de que los Estados Unidos y la Unión Europea hayan congelado el acceso de Rusia a sus reservas de euros y dólares en suelo europeo y norteamericano sienta un precedente peligroso, pues supone un menoscabo a su confiabilidad. En este sentido, es probable que otros estados intenten reducir su exposición al dólar y al euro y que el yuan chino sea una de las monedas beneficiadas. No obstante, si China no reforma su política de control de capitales, este escenario resulta poco probable.
EN CLAVE GEOPOLÍTICA
En el ámbito geopolítico, China puede sacar una clara lección de los acontecimientos en Ucrania. Si Xi Jinping se estaba planteando seguir el ejemplo de Putin con Ucrania y lanzar una ofensiva en Taiwán, más vale que lo reconsidere.
En primer lugar, Ucrania está siendo un ejemplo de coraje y voluntad. Las fuerzas ucranianas están resistiendo y alargando la guerra, lo que supone un enorme coste tanto humano como económico para Rusia. Asumir que la superioridad militar garantiza una victoria rápida le puede salir igual de mal al líder chino.
Además de las dificultadas presentadas en el campo de batalla, Putin está librando otra guerra y la está perdiendo: la guerra mediática. De poco sirve ganar una guerra si, a pesar de la victoria, tu propia población te condena. Las manifestaciones populares en Rusia o las declaraciones de algunos de los más influyentes oligarcas rusos en contra de la guerra resultan reveladoras. Controlar a la opinión pública es hoy más complicado que nunca. Aunque la reunificación china es un reclamo popular, pasar por una guerra para lograr el objetivo no lo es tanto, y el desgaste de esta podría condenar la imagen de Xi Jinping.
Por último, la guerra en Ucrania ha tenido un importante coste materializado en forma de sanciones y aislamiento internacional para Rusia, que aspira a parecerse más a Corea del Norte que a una potencia global. Además, ha servido como pretexto para el fortalecimiento de la presencia de la OTAN en el este de Europa. Una invasión de Taiwán situaría a China en un escenario similar.
EN CLAVE DIPLOMÁTICA
Para concluir, conviene entender las posibilidades reales de China como potencia diplomática. A priori, China podría ser el mediador perfecto. Hasta ahora ha mantenido una posición netamente neutral y, como ya se ha expuesto, cuenta con grandes intereses comerciales tanto en Rusia como en la Unión Europea, por lo que las perturbaciones que la guerra está causando en el clima de negocios internacional no le benefician en absoluto. No obstante, el gobierno de Xi Jinping se ha caracterizado por evitar involucrarse en los conflictos exteriores. Además, en la medida en que Rusia no haya conseguido victorias militares que, ante un eventual tratado, le permitan negociar ciertas condiciones que pueda vender como victorias a su población, es impensable que China empuje a Rusia a negociar. Por tanto, no debemos esperar que China vaya a ser un actor que acelere el fin de las hostilidades a día de hoy, aunque sí es probable que, llegado el momento, juegue un papel de mediadora para la finalización del conflicto.

