
Llevamos ya, por desgracia, más de dos años que parecen un mal sueño y que no termina de acabar, y de hecho, el panorama no se antoja con un futuro próximo muy halagüeño en la perspectiva económica. Pero, desde luego, no será un servidor el que, más allá de contextualizar la realidad, no vaya a plantear la que considera una solución a corto/medio plazo para algunos (no todos ni mucho menos) de los problemas latentes. Hablo de la formación, en toda su extensión.
La inversión en formación es sumamente importante para las empresas y para los empleados, por lo que los recursos económicos destinados a tal debieran dejar de ser considerados como un gasto, pues la formación se traduce en capital humano, aumentando la productividad de los empleados y generando un mayor y mejor rendimiento para la empresa.
Para los trabajadores, la inversión en formación incrementará sus oportunidades de empleo y la consecución de un mayor salario. Además, la formación supone un seguro contra el desempleo ya que cuanto mayor es la formación recibida, se está en mejores condiciones para mantener un puesto de trabajo o acceder a otro diferente.
Para la empresa, la formación incrementa la productividad de los trabajadores, aumenta su motivación, genera mayor confianza en la propia organización, suscita un sentimiento de adhesión y pertenencia a la empresa, disminuye la sensación de estancamiento profesional y aumenta los periodos de permanencia en la empresa.
La formación, una inversión para las empresas
Para superar la situación actual, las empresas necesitan innovación, la cual implica más conocimiento, lo que genera una mayor necesidad de formación. El conocimiento es un factor de producción que afecta a la competitividad de la empresa y de él depende su capacidad de innovar (condición indispensable para crecer en la economía del conocimiento). Innovar es convertir el conocimiento en riqueza, y el conocimiento se aporta y se transmite mediante la formación.
El conocimiento de sus empleados es el mayor capital de la empresa y está en cambio continuo. La globalización de los mercados la eclosión de nuevas tecnologías exige a las empresas una inversión continua en el recurso más importante con el que cuentan: su capital humano.
La formación motiva a los empleados y esta motivación asegura el éxito de la empresa contribuyendo a que las personas sean más competitivas y permite alcanzar los mayores proyectos empresariales. Un buen plan de formación de los empleados mejora la imagen de marca y el prestigio de la empresa que resulta así más atractiva tanto para sus propios trabajadores como para los externos, y permite atraer y retener el talento que es clave para el éxito empresarial.
La formación de los empleados aumenta la calidad de servicios o productos, aumenta la productividad, mejora el trato, la satisfacción y la fidelización del cliente, aumenta la rentabilidad del empleado y del producto, mejora la fidelidad del empleado, mejorando y complementando su retribución, incrementa su polivalencia mejorando la flexibilidad y reduciendo gastos de absentismo.
El personal formado es mucho más eficaz en su trabajo. La empresa es más atractiva para los candidatos a incorporarse, pues éstos valoran muy positivamente la posibilidad de recibir formación continua. Además, el coste de la formación en la empresa es bajo y puede estar totalmente subvencionado.
También el trabajador autónomo debe ser consciente de que la formación le diferencia del resto y aporta un valor añadido a su actividad en un mercado muy competitivo.
Características más importantes del proceso de formación en la empresa
- La incidencia de la formación en la empresa tiende a ser mayor entre los jóvenes que entre los adultos.
- Los grupos con mayor probabilidad de recibir formación son: los de mayor nivel de estudios, los empleados de nivel superior y los obreros cualificados.
- Las grandes empresas invierten un mayor porcentaje del salario en formación.
- La existencia de subvenciones y bonificaciones en la formación incide, de manera directa, sobre las decisiones de formación en las empresas.
- La influencia que la formación interna tiene sobre la productividad es evidenciable a corto y medio plazo, tiene efectos positivos sobre los salarios y constituye una garantía parcial de estabilidad en el empleo dentro de la empresa a largo plazo.
- Además de reflejarse positivamente sobre la permanencia en el empleo, la formación también se refleja en una mayor probabilidad de reciclaje y/o recolocación en caso de pérdida del puesto de trabajo.
En definitiva, invito a todos los sectores empresariales a tener muy en cuenta la formación como elemento principal y como eje vertebrador del futuro más próximo de sus empresas.
Y como siempre, dejo un mensaje a mis queridos alumnos y a todos aquellos jóvenes que nos sigan: En la vida, unas veces se gana, otras se aprende.

