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ENTRE TÚ Y YO

Historia de una mañana

Manuel Menárguez Lunes, 28 de Marzo de 2022 Tiempo de lectura:

 

Ubicación (La Alcayna)

Época (invierno)

Lugar (mi estudio)

 

Fueron unas mañanas frías de invierno, húmedas, con sol en el confinamiento; no había pájaros en los árboles, sólo las ardillas saltaban entre las ramas de los pinos. Mis perros “Leo” e “Invierno”, siempre dispuestos a unas caricias, querían entrar. Yo, dentro del estudio los observaba, solo; más que la soledad sentía el reto de un lienzo. El taller lleno de obras, unas amontonadas y otras en proceso creativo, pero todas esperando un final que no llegaba.

 

Abrí las puertas y junto con el aroma resinoso los dejé entrar; “Invierno” satisfecho, me dedicó un gran movimiento de su enroscada cola, esparciendo sus pelos blancos de husky siberiano por todos lados.

 

Pongo música suave al empezar, como amortiguada. Se impone al pensamiento como luz a las sombras y entonces, como un alquimista, vacío de mi mente con vigor unas pinceladas cargadas de materia y voy construyendo fluidamente este mundo oculto, susurrado, brutal, frágil.

 

Este cuadro mudo repleto de pinceladas sordas es como un relato sin palabras, solo texturas inacabadas, donde las ideas van fluyendo, abordando y deslizándose desde el interior, viven en otra dimensión, en otro mundo olvidado. Empujado por este relato, me encuentro luchando contra el espíritu destructivo que se quiere apoderar de mí, recorriendo este camino, poco convencional, bordeado de inseguridades, pero siempre volviendo al refugio, buscando la liberación en un puerto de redención.

 

 Abandonando viejas enseñanzas artísticas para envolverme en sueños sin realizar; volublemente estoy escuchando una canción y me dejo llevar por ella, trazando pinceladas, bordando el lienzo como una mística de altares; descubriendo una naturaleza secreta, escondida en el tiempo y en la retina, que fluye despacio como un viaje sin prisa, disfrutando y sufriendo en cada momento de ese espacio, de ese tiempo.

 

Paisajes del alma íntimos que se hacen materia, signos de la memoria, de la que crece y se alimenta; son semillas engendradoras de puro color, que ahora explosionan desde el interior como una imagen nueva y, al mismo tiempo, antigua. No existe esta forma, solo la posibilidad de crearla.

 

Fascinado por descubrir el silencio de aprobación de “Invierno”, que, sin embargo, me busca sin éxito con miradas aturdidas; sus ojos brillando en mi sombra continuaban insolentes, desvelando su presencia desdeñosa, casi irritado, desbordaba una energía efímera pero reservada a las caricias que demandaba. Nada de arte ni de patéticas controversias complacientes, algo más terrenal que todo eso, en sus pupilas se reflejaba mi obra e impaciente busco su asentimiento de complicidad, esperando no decepcionarle.

 

Por el momento todavía aguardo su respuesta.

 

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