'Sympathy for the devil'
'Hope you guess my name' (The Rolling Stone)
El último fin de semana, de mañanita temprana, en ese rato en el que aún no conectamos con la realidad, recordaba algunos temas de los Rolling Stones, dispuesto a empaparme de emoción preparando con tiempo su concierto de Madrid. 'Sixty' han llamado su gira por Europa, toda una premonición pues parece que son muchos años para estar en acción, y podría ser esta gira un penúltimo aviso de que todo lo que empieza, acaba. Así que no me he resistido y me he venido arriba.
Oír a los Rolling es poner fondo a lo que hemos sido, es una comunión con la vida que tuvimos y con aquellas otras vidas más jóvenes que recordarán lo que hicimos. Es una especie de espejo que debe darnos el reflejo de lo que hemos sentido, que escupe todo aquello que no cuadra por no tener encaje en nuestro propio escenario, en esa pintura ideal que quisimos. Sus letras se adaptan a cada momento que hemos vivido, se convierten en una suerte de calidoscopio en el que hallar respuestas para casi todo.
Sin embargo la semana empieza fuerte de nuevo con las imágenes de muertos abandonados por las tropas rusas en las calles de Bucha. Así que, visto lo visto, cambio de tercio y, entre todos los temas que pude oír, he elegido 'Sympathy for the Devil', que dedico a estos personajes repugnantes que, con demasiada frecuencia, nos regala la Historia.
Ese fondo salpicado de música es también una elegía al poder del hombre, a sus méritos y miserias, algo sobre lo que hemos aprendido mucho más en estos dos últimos años que en el resto de nuestro pasado, pues estos días cumplimos segundo aniversario con nuestra particular experiencia con la pandemia, durante la que hemos visto, desgraciadamente, muchas bolsas negras. Pero ese contacto impactante con la realidad de la vida no es asunto que mantenga la exclusiva, hay muchas otras vivencias, peores y mejores, que te invitan a mirar profundo, que amplifican tu visión hasta permitirte observar el detalle más diminuto. Esto es algo, “pensar en pequeño”, que recomiendo.
Y, así, estos dos años nos estaban enseñando a recoger la siembra de todo lo que hemos leído, de lo que hemos amado, de todo lo que hemos aprendido. Hemos apreciado más nuestras convicciones, hemos puesto freno a lo innecesario, hemos vuelto a leer como posesos todo lo que hemos podido, hemos apreciado el sol y la lluvia a la vez, el frío y el calor con el mismo afecto. Y ahora, cuando parece que todo se supera, vemos de nuevo al hombre, en su grandeza y en su miseria, y ponemos la atención a otras grandes tragedias como esta execrable guerra. Cuando vemos tan cerca lo que somos capaces de hacer, ponerse a los Stones parece un delito. Y esta mañana, tras ver qué de nuevo pasaba en nuestro mundo y oír este tema, tan apropiado para las imágenes que hemos ido vomitando, he odiado al hombre y lo he amado al mismo tiempo. He descubierto qué diferentes somos todos, qué especie animal tan alucinante que repite los mismos errores, caemos y nos levantamos, nos amamos y matamos sin que nada nos importe. Capaces de admirar el Arte más selecto y de ser gobernados “democráticamente” por los dirigentes más mediocres.
Creo decirlo avergonzado, somos así, capaces de sobrevivir a una guerra nuclear, tan contradictorios e incoherentes como sorprendentes, mientras avanzamos somos capaces de mirar cadáveres en una guerra y, poco después, comprar entradas para un concierto. Hablo de todos, hablo de mí. Así que ya no sé si debemos ser indulgentes, somos así seguramente pero, si nada hacemos, no tenemos gran valor ni merecemos gran aprecio.
Mientras veo lo que tenemos por delante, sugiero poner a los Rolling. Oírlos es prueba de que aquí estamos, yo diría que hasta nos conformamos, incluso cuando hablan del demonio: “Encantado de conocerte, espero que adivines mi nombre”. Traducid esa letra.
Últimamente, viendo a Putin en acción, un mísero hombre más entre tantos, cada día aprecio más a mi perro.
Antonio Fuentes Segura. Linkedin





















