
No tengo nada que temer la Tierra me sostiene. Éste es un mantra que repito hace años para tocar suelo y sentirme segura. Una frase que aleja el miedo a un futuro incierto que mi mente humana no puede controlar. ¿Por qué nombrar la palabra Tierra nos reconforta? Porque la Tierra es la Madre.
Venimos de la Tierra, somos tierra. La tierra es una entidad viviente que se mueve y da vida. Es la casa que habitamos. Es la casa común. Nos da alimento, cobijo y abrigo. Al igual que la Tierra, la Madre nos da la vida, nos alimenta y nos protege. Somos concebidos en un vientre materno y dentro de un útero materno nos vamos gestando. Inicialmente somos el ser más indefenso del planeta ya que necesitamos muchos años de acompañamiento. El vínculo que establecemos con la madre, desde el cordón umbilical hasta el psicoemocional de los primeros 7 años, definirá nuestra manera de desenvolvernos en la vida.
Escritores, pintores y músicos se han refugiado en la naturaleza para perseguir material e inspiración para sus obras. Algunos compositores se han fijado tanto en cómo suena la Tierra que hasta se pueden reconocer sus ecos en las piezas musicales. Beethoven en su Sinfonía nº 6 “Pastoral”, Grieg en su “Peer Gynt”, Stravisnky en “La Consagración de la Primavera”, Mahler en su Sinfonía nº1 …pero hoy hablaremos del compositor y pianista contemporáneo: Ludovico Enaudi.
Ludovico Enaudi nació en Turín, Italia, en 1955. Hijo del editor e intelectual italiano Giulio Einaudi y nieto de Luigi Einaudi, quien fue presidente de la República Italiana de 1948 a 1955. De niño su madre tocaba el piano con él. De formación clásica, es un músico curioso y abierto a experimentar con sonidos vanguardistas. Su música es ambiental, introspectiva, calificada como minimalista porque toca la esencia prescindiendo de los adornos. Reconoce su influencia de Satie, aquél compositor francés no aceptado por los ortodoxos y que es fuente de inspiración para todos los compositores posteriores a él.
Los sonidos de la naturaleza tienen un efecto terapéutico porque conectan con nuestra esencia. Nos recuerdan de dónde venimos y a dónde regresaremos. Enaudi ha sabido encontrar el sonido de la Tierra y lo ha compartido con nosotros en muchas de sus obras. Todas las mañana va a pasear y al regresar dibuja en el piano sus direcciones, sus sensaciones. Componer para él es una meditación. En el proceso compositivo ordena su mente, evita la divagación, le da sentido a su existencia. En su “Preludio de la Tierra” consigue producir dos direcciones una intimista hacia dentro de cada uno de nosotros y otra expansiva que nos conecta con todos los seres vivos del planeta Tierra.
Ha editado 24 álbumes y muchas de sus composiciones aparecen en cine y televisión. “ Una mattina” (2004), “Nuvole Bianche” (2004), “Divenire” (2006), “Intouchables” (2011)… En 2016 compuso “Elegía para el Ártico” para poner voz y pedir la protección del Océano Ártico. Se fue hasta allí con Greenpeace y grabó en un piano de cola sobre una plataforma flotante. La madre que nos dio vida y nos protegió, ahora nos pide que la protejamos para poder seguir viva.

