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ENTRE TÚ Y YO

Reflexiones de un artista solitario

Manuel Menárguez Lunes, 11 de Abril de 2022 Tiempo de lectura:

 

La incertidumbre de lo que está pasando, se corresponde con la esterilidad de la cultura de los medios de masas (mass media).

 

Este mundo que conocemos, está a punto de detenerse ante la emergencia espiritual; ralentizándose todo lo simbólico y ético (que se lo pregunten a mi compañero de sección José Luis Reverte, en su trabajo de formación).

 

Descendemos de la luz a las sombras, de la oscuridad al vacío existencial, todo se consume rápido y se desecha con más velocidad aún.

 

Objetos usados, cotidianos, consumidos por el tiempo. Esos restos de naufragios enigmáticos, que evocan largos viajes misteriosos, rastreados en la playa, como objetos inertes de lo que un día fuimos; recuerdos de lo que un día seremos.

 

En sus ausencias, se escenifica un mundo, un universo paralelo, con sus propios signos. Una comunicación empobrecida por esa distancia insalvable, en el tiempo sumergida.

 

En estos santuarios, rebuscados y delicados como un rayo de sol, como un sueño detenido en el tiempo, late fértil la imaginación en nuestra mente, como suave brisa, lenta y aromática, que nos transporta frágilmente a una ceremonia por descifrar.

 

Las imágenes quedan suspendidas en nuestra retina, como una representación atemporal, que se hace visible bajo una luz tenue, lechosa, sosteniéndose varada en el pensamiento bloqueado; sin movimiento, desde nuestra incredulidad y sin energía. ¿Cómo vamos a alcanzar a señalar nuestro desconcierto? Estamos confundiendo la mentira, y con esa escisión, abandonamos toda esperanza de encontrar la verdad.

 

“Bien merecido tiene quien se lamenta, al aferrarse tras aquello que no dura, del tormento que en su vida encuentra”

 

 Dante Alighieri (1265-1321)

 

Con luz difusa y el interior en penumbra, cobran vida los sentidos; da la impresión que todo empieza a moverse latiendo, poco a poco, como una visión. Cada imagen habla por sí misma. Son signos no escritos, sin orden, que van apareciendo, interconectándose a una sutil narración, trasformando y aprehendiendo su propia lectura, fértil, en equilibrio frágil e inestable, siempre dispuesto a romperse.

 

Despacio, adelantamos nuestro gesto casi desvanecido, marcando esa línea imaginaria, para después, con fuerza renovada a grandes ritmos y con tensión contenida, dibujar, saturar de color ese lienzo.

 

[Img #89782]

 

Aparece vulnerable, casi místico, latente, manifestándose espiritual, con intervalos más rápidos y precisos.

 

De pronto, todo se desvanece.

 

Vuelve la calma y, con reflexión cargada de realidad, conectamos con el silencio para descifrarla, como si fuera un enigma, un altar sagrado, nuestro templo.

 

¿Así observamos el mundo interior o simplemente somos observados?

 

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