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ENTRE TÚ Y YO

Llegó la Semana Santa entre el turbio oleaje de un mundo revuelto

Francisco Luis Velasco Miércoles, 13 de Abril de 2022 Tiempo de lectura:

 

Aunque siempre la he sentido como una época tranquila que ha servido de alivio ante los infortunios de la vida, cuando los rumores de un mundo revuelto resuenan, hoy más que nunca estoy convencido de que ya es hora de disfrutar de cierto reposo, tras dos años de denodada resignación. La Semana Santa ha llegado en calma, tenemos la oportunidad de buscar, una vez finalizada la Cuaresma, un mejor aire que sosiegue esa fiebre que nos ha atormentado durante tanto tiempo.

 

Y es que, como si un golpe de fortuna se tratara, como si caminásemos por un paisaje lleno de luz, el coronavirus desaparece con indiferencia de nuestras vidas al unísono que admiramos y respiramos el aroma de la pasión, la muerte y la resurrección de Jesús. Y pronto de nuestras bocas, que, sin pronunciar una queja, dejarán de usar mascarilla a partir del 20 de abril. Una medida que se recibe con cautela, pues los golpes asestados por ese enemigo cobarde llamado Covid-19 han sido muchos y muy duros. El aliento postrero del virus todavía se deja notar pero muere, que sepamos, estrechando su negra sombra para convertirse luego en un amargo recuerdo verdugo de muchas vidas.

 

No nos quedaremos por mucho tiempo contemplándolo. Solamente el eco bullicioso de una guerra terrible en Ucrania donde Rusia invade arrasando con todo, y de la que solo la punta asoma, parece despertar nuestro verdadero interés. La incertidumbre revolotea viajera por el resultado de unas elecciones en el país vecino; Francia puede emprender un viaje tan curioso como preocupante y es mejor no perderla de vista. Como tampoco la típica greguería tras conocer otra de tantas del de siempre; Sánchez, que para lo que le queda en el convento, dispara el coste de su Gobierno nada más y nada menos que un 30%, un despilfarro para las arcas públicas que saldrá de nuestros maltrechos bolsillos.

 

No olviden que, tal día como hoy, Miércoles Santo, Judas Iscariote se reunió con los sacerdotes, escribas y ancianos para entregar y condenar a Jesús a cambio de 30 monedas. Hay incluso quien dice que, por analogía, esta efeméride bien podría ser (por lo de entregar algo a cambio de algo), una parábola de la reunión del presidente español, Pedro Sánchez con el rey de Marruecos pues, ya que estamos en ser causa de nuestra desgracia y preocupación, Sánchez decide, ordena y manda cambiar la postura histórica de España sobre el Sahara Occidental. No es de extrañar que una mayoría de los españoles pidan a gritos un cambio de gobierno y elecciones anticipadas. No hace falta decir qué ocurrirá…, ¿verdad? Es hora de escapar de esta interminable catástrofe cual Noé del Diluvio en el Arca.

 

No son realmente estas las reflexiones que quiero traer a colación, a pesar de que lo que está ocurriendo en nuestro país, en Europa y en el mundo entero no sea normal. Son estos solo el amargo preludio de unos días de Semana Santa, de tradiciones pascuales famosas en el mundo entero, donde los feligreses desde milenios hacen un esfuerzo por recuperar la condición del creyente que vive como hijo de Dios, abarrotando las iglesias y las calles, las procesiones, los Vía Crucis, las pasiones vivientes y otros momentos de gran fervor y sentimiento popular. De reencuentros de miembros de la misma familia que coinciden durante este periodo, de momentos de unión.

 

Estampas y más estampas de un ceremonial rico e interesante, ufano de su historia, donde cofradías de todo el territorio nacional amenizan el ambiente con sus cánticos y rezos. Donde todo aquel que interviene activamente en esta festividad cristiana, parece querer lucir el paso o el trono más pulcro y vistoso, velado pertinentemente por millares de brillantes ojos de observadores inquietos. Algunos aguardan de pie sin pestañear con la mirada fija en el cortejo con un cierto aire de natural abandono y otros, unos pocos, no pierden ripio, tranquilos yaciendo en una mullida poltrona.

 

Después de todo, hablar de una sola Semana Santa en España es tarea imposible, cuando hay decenas de ellas. Cada región española se jacta de tener su propia idiosincrasia, su adecuada y conveniente historia y esos matices que, como es fácil de imaginar, acaban reflejados en la forma de celebrar los múltiples ritos. Aunque ahora que ha llegado la nuestra, estando los seis de la familia en casa, espero que la Divina Providencia haya resuelto que el cielo esté libre de nubes de esas de las que lloran, porque ya que una cierta normalidad se impone en nuestras vidas, la lluvia debería quedarse esperando, para que nos encontremos allí un día más, encantados y sorprendidos, viviendo esta fascinante festividad y lo hagamos pasados por agua.

 

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