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Opinión | Pte. Consejo Editorial de MurciaEconomía
Jueves, 14 de Abril de 2022
Antonio Fuentes Segura

Quinientos años en Silencio

 

Cuando den las diez de la noche del Jueves Santo, si el tiempo lo permite, la Cofradía del Santísimo Cristo del Refugio de Murcia tendrá la ocasión, el honor y la responsabilidad de sacar a la calle a su titular, una talla de extraordinaria belleza venerada por todos los que pasan de cuando en cuando por su sede de la Iglesia de San Lorenzo, en el año en el que esta imagen cumple, precisamente, cinco siglos de historia. Y a la ocasión se une, además, el ochenta aniversario de la Fundación de la Cofradía, ese momento de iluminación en el que, para su Procesión del Silencio, sus promotores eligieron una talla de madera, mágica e intrigante, que había dado cobijo, sin distinción, a quienes buscaron refugio durante la Guerra Civil en el templo de San Lorenzo. Sabemos mucho de ella desde aquel momento fundacional de 1942, pero no tanto de cómo llegó, ni cuándo, ni por quién fue tallada.

 

Pues bien, para rendir todo el tributo que esta imagen merece, debe darse a conocer que, tras el estudio de expertos historiadores, actuales y fallecidos, y tras el examen indubitado de las imágenes de referencia, como los Cristos de San Agustín, el de las Misericordias del Convento de la Concepción, y el del Santo Entierro, todos ellos de Granada, su autor fue, nada menos, que Jacopo Torni, el Indaco, conocido en España como Jacobo Florentino.

 

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Nacido en Florencia, amigo directo de Miguel Ángel, de su misma edad, compañeros en el mismo taller como aprendices, se educó con Ghirlandaio, estudió anatomía, pintura y arquitectura, y tras trabajar en Roma en las obras de los apartamentos vaticanos destinados al Papa Alejandro VI y en la Capilla Sixtina, vino a España en el año 1520, siendo nombrado Maestro Mayor de nuestra Catedral en 1522, autor del primer cuerpo de su famosa Torre, precisamente el que más destaca por sus motivos renacentistas, por sus grutescos, guirnaldas, jarrones, sus escudos y adornos vegetales. Trágicamente muerto en Villena en 1526, por neumonía, la misma enfermedad por la que han fallecido tantas personas con la actual pandemia, cumplidos cincuenta años, no pudo hacer más. Precisamente por su obra en Murcia, realizada en apenas cuatro años, es fácil asignarle a su Cristo del Refugio este quinto centenario, sin mucho error, siendo 1522 la fecha indubitada de su contrato de servicios con la Catedral. Tan importante aniversario, quinientos años de historia, ha celebrado ya, en plena pandemia, el Ayuntamiento de Granada, otorgándole, a su Cristo de San Agustín, la Medalla de Oro, máxima distinción de la ciudad.

 

Así, cuando este Jueves Santo este Cristo pase por la Plaza de la Cruz para encontrarse con esa magna Torre, tras pasar entre tinieblas y en silencio la castiza calle de la Trapería, los murcianos y quienes nos visitan, y el espíritu de Jacopo Torni, legado a esta ciudad a través de sus obras, verán coincidir, en ese punto exacto, dos manifestaciones sublimes del Arte y de la Fe, quinientos años después de ser realizadas por su autor. Una circunstancia que, además de su efecto penitente en las convicciones más íntimas y profundas de los creyentes durante la Semana Santa, deben servir para que la Región de Murcia sea consciente de su larga Historia, una tierra elegida por quienes nos preceden para realizar obras prodigiosas, de cuyas alegrías y tragedias son testigos permanentes estas dos maravillas que dignifican diariamente nuestras propias vidas, pudiendo contemplarlas tan cerca, pese al tiempo.

 

Si, por causa del tiempo, fuera imposible ese encuentro, ello no evitará que, dentro del templo, los cofrades puedan venerar en silencio y resignados a su Cristo del Refugio, patrimonio de todos los murcianos.

 

Fdo. Antonio Fuentes Segura, cofrade del Refugio y presidente del Consejo Editorial de MurciaEconomía

 

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