
Cuando se escribe un relato es porque hay algo que decir, sea ficción, real, mágico, fantástico. Todo cabe mientras la imaginación vuela sin detenerse en la validez de lo que se cuenta. Al contrario, si se escribe un artículo es importante que lo que se va a decir tenga un sentido social, humano, político para dejar claro algo referente a lo que observamos cada día. El desarrollo de la vida, que va afectando el destino de todos nosotros. Lo que ocurre mientras vivimos y nos reconocemos en la rutina diaria.
Es cierto, que situarse en el centro de los acontecimientos rompe ese equilibrio que parece fácil. Decir lo que ya conocemos y sabemos, tiene que sostener una dinámica atractiva que supere los pensamientos anclados que llevamos en nuestras satisfacciones o preocupaciones. Contar cosas, a la fuerza tiene que seducir al lector, al menos un poco, con formas distintas para darles sentido y certeza. Y eso no es tan sencillo de mantenerlo mucho tiempo, sin que alteren el talante y la atención.
A los que nos gusta decir algo, sin molestar ni dañar a nadie, damos muchas vueltas para que ese proceso de contar las cosas sea una comunicación precisa y lógica. Con argumentos muy comedidos, aunque no lleguen a la verdad absoluta. Porque no existe un manifiesto científico exhaustivo, solo información controlada, inventiva, y ganas de poner por escrito cosas que nos interesan. Es una manera de concebir el reto que alimenta esta vocación personal, en la que tan importante es la decisión que empuja a mantenerte alerta sobre lo que ocurre a tu alrededor, usar ese pequeño potencial que crees tener, en un intento de cambiar o aportar algo a este mundo, que atraiga a otras personas. Historias, emociones, pensamientos y deseos que se sostengan sin presión, pero sí con sensaciones nuevas. Algo tan simple y complicado como dar una información estimulante para quien va dirigida.
Así de sencilla es la proposición que mantengo conmigo misma, mientras me siento cada día delante del ordenador. No es una alegría facilona lo que me atrae, puede que haya mucho de sufrimiento mezclado con la necesidad de decir, de comunicar. Pienso que por lo menos está llena de compromiso hacia los demás.
Aunque no se tenga un patrón original, cuando se piensa en la dificultad de lanzarse al vacío desde la nada, lo mejor es dejar pasar un tiempo muerto para que brote alguna idea generosa, pasar página y dejar la mente en reposo hasta que vuelva a renovarse. Puesto que suceden cosas, sí. Y te ves con la obligación de tener paciencia hasta que caiga del cielo una buena estrella que abra la mente y te haga correr, buscar de nuevo el cuaderno.
Pero hay tantos puntos en los que detenerse… Enrique Rojas propone temas de máxima utilidad, siempre. Cuando habla de la felicidad necesito sacarle todo el jugo, porque, ¿quién no está necesitado de ella? “Hay que aspirar a una felicidad relativa, que significa una vida lograda, pues no existe felicidad absoluta”. “La vida afectiva y la profesional deben estar situadas en un mismo nivel”. La voluntad es una cualidad más importante que la inteligencia, es la joya de la corona de la conducta”. Estos pequeños apuntes van como flechas hacia un manifiesto del saber vivir: “Atrévete a sacar lo mejor de ti” nos dice…
El hombre sufre un deterioro universal. Nos quedamos atrapados en las redes sociales, mientras todo se ve desde una superficialidad en la que los jóvenes sufren mayormente las consecuencias. Es un deber educar para que ellos aprendan mejor lo bueno que lo malo, ya que la pandemia ha deteriorado nuestra estabilidad en objetivos que se ven inalcanzables.
Y los inventores se debaten por hacer artilugios que faciliten la vida, al mismo tiempo que al conseguir más cosas se cae en el fastidio de no saber qué hacer con ellas. Sin embargo, el futuro del mundo está en manos de otros inventores más peligrosos que juegan con poderes, que no son mágicos precisamente.
Entre tanto, la era del vacío se cierne entre nosotros. Pero en el devenir silencioso, íntimo, personal, cuando se ha aprendido a vivir escogiendo, pensando por sí mismo, como nos enseña la educación humanista, el ánimo se alimenta dando sentido a un juicio sensato, que durará un soplo, o una vida entera.
¡¡Hasta la semana que viene!!

