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ENTRE TÚ Y YO

Cuando ya no hay ruido

Manuel Menárguez Lunes, 25 de Abril de 2022 Tiempo de lectura:

 

El pasado día siete de este mes de abril, se inauguró una exposición retrospectiva de un artista leones, afincado, por ciertas circunstancias de su vida y de su profesión, en Torre Pacheco.

 

Creo de justicia hablar sobre la obra de Manuel Frutos Llamazares (1935-2010) reflejada en esta exposición retrospectiva, comisariada por su hijo David Frutos, reclamado fotógrafo de arquitectura, y el arquitecto Enrique Nieto, donde se nos muestran muchísimos trabajos inéditos del artista, de su colección particular.

 

Con el titulo “Cuando ya no hay ruido”; según dice su hijo: una enfermedad lo dejo sordo siendo joven y esto le condujo a un aislamiento creativo que duro hasta su muerte en 2010.

 

Se inauguró en un entorno potente, privilegiado, excepcional, como es el Centro de Arte Palacio Almudí, y permanecerá abierta hasta el doce de junio.

 

Deambulando por sus salas, descubrimos los recovecos sombríos; rápido, como un reflejo de una existencia por vivir, deleitosa, como una caricia del pensamiento, cálido.  Las miradas revelan secretos que encuentran en su camino, el alma de estos cuadros, que se comunican con nosotros, esperando ofrecernos su sufrimiento y sus recuerdos ocultos.

 

Son ciento treinta obras, algunas de gran formato, con cierto predominio de los ocres y   negros, su cromatismo es limitado, por decisión propia. Sus obras se funden en un relieve repleto de volúmenes, que bien iluminados, crean unas luces y sombras que se proyectan sobre ese entrelazado de hilos, esa estructura abstracta, recubierta de telas de lino; es una experimentación donde juega la luz una importantísima y complicada ilusión óptica.

 

Sus formas geométricas, pero muy voluptuosas, muestran esa esculto-pintura que va desarrollándose muy meticulosamente en su juego con la tridimensionalidad de la obra.

 

Si vemos su taller en Torre Pacheco, muestra en el techo unas estructuras complejas, como su propia obra, yuxtaponiendo todos los elementos hasta crear su Este desarrollo necesita de la luz para poder entender todos esos volúmenes, proyectando sombras y creando espacios, irradiando sensaciones dramáticas para saborear con imaginación esos momentos de creación. Todas esas estructuras forradas de inmaculada tela, con una pulcritud digna de procesos mecánicos, van dibujando sueños, alcanzando unas formas muy complejas, creando esa espacialidad abstracta; es su proceso estético experimental. Él, es el artífice de ese mundo reservado, irónicamente a su intimidad, aunque nos lo presenta minuciosamente elaborado, con un sentimiento verdadero, profundo, clave para intentar comprender su trabajo.

 

Llamazares es fruto de su época, en esos años, de grandísima creación artística en España, conoce la obra del canario Manolo Millares, y, dentro el grupo el Paso, a Rivera, que marcaron el proceso creativo de tantos pintores españoles.

 

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Él logra alcanzar su propia identidad, tiene libertad de expresar esas emociones e inquietudes. Su arte es muy racional, aunque deriva del cubismo, va apartándose de la figuración y creando un estilo mas abstracto, experimentando con técnicas de telas y cuerdas tensadas; así se desvincula de la influencia de otros pintores contemporáneos de su generación. 

 

En la sala superior y Lucernario, podemos ver unas obras mucho más íntimas de dibujo y maravillosas, de tinta con plumilla, cuadernos de autor, bocetos muy directos y de una gran autenticidad.

 

Para mí, sin ánimo de influir en el visitante que se adentre en su mundo tan singular, sus obras más impactantes son las de la década de 1970.

 

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