
En los últimos tiempos estamos viviendo muchos cambios en la sociedad y en su forma de comportarse, principalmente entre los más jóvenes. Llevamos algo más de 2 años de pandemia (y aunque ya intentamos normalizarlo sigue aquí y seguirá mucho tiempo), hay una inestabilidad, llamémosla político-económico-social, latente a nivel mundial; existe además un odio descontrolado que hacía tiempo que no se vivía y se observa una ruptura generacional muy fuerte entre personas que no se llevan tantos años, o al menos ese es mi parecer (aún no he cumplido los 32 años).
Mi pregunta es, ¿Qué estamos haciendo mal como sociedad? ¿Cuál es el problema? ¿Por qué tanto odio? Si al final yo pienso que todos queremos lo mismo: vivir lo mejor posible dentro de nuestras posibilidades y ser felices entre familia y amigos.
Pues bien, aquí va mi humilde opinión, y vaya por delante que es más que probable que esté totalmente equivocado.
Cuando era un crío, en mi querido colegio de los Franciscanos en Cartagena nos hacían mucho hincapié en una serie de valores y comportamientos que siempre he valorado, valoro y valoraré mientras viva (y ¡ojo! hablo de valores éticos y morales, no meteré la religión de por medio para no herir sensibilidades). También nos decían que existía una clarísima diferencia entre LIBERTAD y LIBERTINAJE, pero con una línea finísima que te hacía estar en uno u otro lado. Desgraciadamente creo que hemos traspasado, destrozado, fagocitado, vilipendiado esa línea que tan importante era no sobrepasar. Decía el gran Aristóteles "in media virtus" (en el término medio está la virtud) y voy a utilizar una reflexión de su obra Ética nicomáquea o Ética a Nicómaco que nos explicaba a las mil maravillas en clase el mejor humanista y filósofo que he conocido nunca, mi idolatrado Padre Valenzuela (franciscano).
Para Aristóteles existen dos clases de virtudes: primero las virtudes éticas que se adquieren mediante las costumbres y los hábitos, para controlar la parte sensitiva del alma, de estas las más importantes son la fortaleza, la templanza y la justicia. Luego están las virtudes dianoéticas que son propias del intelecto y la cual se logra a través de la educación, en estas las principales son la sabiduría y la prudencia.
Para Aristóteles la virtud está en el punto medio entre dos extremos, por ejemplo, entre el libertinaje y la insensibilidad el punto medio serio la templanza, o sea moderación entre los placeres y las penalidades.
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Pues bien, a mi juicio, esta obra del siglo IV a.C. da en el CLAVO de la situación actual. La sociedad ha perdido esa TEMPLANZA que tan importante es para la toma de decisiones. Y volvemos al punto de partida con el que comencé esta sección de "EDUCAR en tiempos revueltos" reclamando una y mil veces el papel clave de la EDUCACIÓN mediante el que poder conseguir esa sabiduría y prudencia tan imprescindible para nuestro día a día y para las relaciones con el prójimo.
Bueno, y más allá de esta reflexión que me ha permitido uno de los grandes de la historia, entremos al tema en cuestión que quiero tratar y además "a puerta gayola".
Vivimos en un mundo completamente mediatizado y dirigido por los cientos de redes sociales que nos rodean y que "nos vigilan": WhatsApp, YouTube, Facebook, Instagram, Twitter, Tik Tok, Snapchat...
Las distintas redes sociales se han convertido en el día a día de la llamada "Generación Z". Muy lejos quedan los tímidos comienzos de los que en su momento conocimos Messenger o posteriormente Tuenti que eran las redes sociales en las que hace años se podía hablar con amigos y familiares que vivieran fuera o simplemente por echar un rato agradable. Algunos somos nostálgicos de Messenger puesto que fue una herramienta que, en mi caso, me permitió conocer mejor a la que a día de hoy es mi mujer y madre de mis hijas, socia empresarial y compañera de vida, Rocío Meroño.
Pero esa timidez de los comienzos de las redes sociales, ese descubrimiento de Google y otros avances tecnológicos que han contribuido al progreso social, económico y empresarial, y que tan bien han venido si se saben utilizar en su justa medida, han dado paso a un absoluto desmadre.
A día de hoy muchos de nuestros jóvenes piensan que para qué estudiar, para qué esforzarse, para qué perder el tiempo en investigar si pueden ser youtubers, instagramers, tictokers y Dios sabe cuántas cosas más. Aquí no puedo dejar pasar la oportunidad de mencionar a mi querido suegro, Juan Meroño Bernal. Nacido en Las Lomas de El Albujón (Cartagena), veterinario de reconocido prestigio y especialista en dermatología, una persona culta y cultivada; debe estar "apochinchao" de tanto anglicismo que no soporta ya que es un enamorado y defensor acérrimo del castellano y no entiende por qué con lo rica que es nuestra lengua y cultura todo tiene que pasar por manos "yankees". Es verdad que a veces se pone "cansino" pero tiene más razón que un santo.
Las redes sociales han revolucionado todos nuestros hábitos comunicativos. Las interacciones han ganado en inmediatez y capacidad de difusión. Ahora podemos traspasar las fronteras y contactar con cualquiera, sin importar lo lejos que se encuentre. Sin embargo, esta revolución también ha traído consigo consecuencias negativas, como son las fake news la adicción a Internet, o el ciberacoso, ejercido por los “haters” u “odiadores” como diría mi suegro. En fin, que parece ser que estos avances no han traído precisamente lo que debería ser el progreso, sino todo lo contrario, parecer ser que nos llevan por el mal camino si no los usamos correctamente.
Por eso, quiero terminar con una recomendación a mis alumnos y al resto de la “Generación Z” citando a Antonio Machado: “...caminante, no hay camino, se hace camino al andar...”
A tiempo estáis de elegir el camino correcto. Nos vemos en 2 semanas, ¡Portaos bien y no tengáis HATE acumulado que no es bueno!

