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ENTRE TÚ Y YO

Apocalipsis Now

Consuelo Aguayo Martes, 24 de Mayo de 2022 Tiempo de lectura:

 

“Los adolescentes ignoran la voz de su madre a partir de los 13 años” así sentencia el titular de un famoso periódico que dejó en mi mesa en cierta ocasión una alumna airada espetándome a voz en grito: ¡Ya era hora de que alguien investigara sobre lo que de verdad importa, y no sobre el asunto suyo de los Reyes Godos y su Historia de las historias!  Yo no sabía bien a qué se estaba refiriendo, así que cuando salió la joven -con el mismo ímpetu que irrumpió- y pude leer con detenimiento la noticia, comprobé que invocaba a una investigación  llevada a cabo por el Stanford School of Medicine que concluía que el cerebro de los jóvenes desconecta de la voz materna a esta edad, es decir, que `escuchan` pero no ´oyen´ (¡vaya era eso!), bueno pues quizás llevara algo de razón porque ¿quién no recuerda la voz de su madre relatando los eternos presagios de cosas desagradables que nos iban a ocurrir si no seguíamos sus instrucciones?: “si no haces esto verás…”, “si malgastas tu tiempo no llegarás a ser una persona de provecho”, “como no estudies no vas a llegar a ningún sitio” y tú estabas en modo avión como el que oye llover. Aunque la verdad es que la mayoría de esos vaticinios fueron tan eficaces que ahora somos nosotras mismas quienes los hacemos a nuestros hijos. Pero, insisto: no me gustan los profetas. Y menos los bíblicos. Esos que relatan el apocalipsis final con todo lujo de detalles: la peste, el hambre, la guerra…Y siempre parece que el momento actual es el momento final. Bueno, últimamente sí lo parece, aunque no es nuevo. Todo parece que se repite como decía una antigua canción de Il Volo Gira, el mundo gira.

 

Para los jóvenes que siguen esta sección de ´Entre tú y yo´ en Murcia Economía vayan poniendo el tono ´on´  voy a hacer un poquito de historia de algunos momentos que se llevaron la palma en esto de asustar.

 

Uno de los ´trompetazos´ de la venida de la apocalipsis (y que ahora parece que se repite, como la copla de Il Volo) sucedió en el siglo XIV, y aunque ´sonó´ en Asia en forma de epidemia -que llamaron ´la peste negra´-, pronto se contagió a Europa convirtiéndose en pandemia a través de las rutas comerciales entre Italia y Asia (vamos que cuentan que se llevó por delante a casi toda la población de Florencia) y claro desde Italia contagio por contagio, ciudad por ciudad, país por país, dicen que provocó la muerte  de entre el 30% y el 40% de la población europea, con estos datos ya pueden hacerse ustedes una idea.

 

Una pandemia que no se supo con certeza si estaba provocada por una bacteria presente en las ratas o en las pulgas – o en las pulgas que tenían las ratas ¡quién sabe!- el caso es que una persona podía morir en 14 horas y además desprendiendo un olor nauseabundo (apestoso, claro), de hecho cuentan que muchos ciudadanos solían pasear con un ramo de flores en la mano para diluir el olor que había en las calles por la multitud de cadáveres que yacían sin enterrar por miedo al contagio.

 

Como se desconocía el origen (y como suele decirse ´siempre hay niños que paguen´) se atribuyó el origen a los judíos a los que se atacó con tanta intensidad que ya el Papa Clemente VI tuvo que tomar cartas en el asunto y redactó hasta 2 bulas condenando la violencia que se generó contra ellos. Fíjense en la magnitud del problema que hasta el Papa tuvo que ponerse a buen recaudo para sobrevivir y dicen que por consejo facultativo pasó él mismo el caluroso verano de 1348 sentado entre dos fuegos que se atizaban permanentemente (¡pobres fogoneros! Aún no sabemos a ciencia cierta si el fuego ahuyentó a las pulgas, a las ratas o a ambas).

 

Pero aquí no acaba la historia. Allá por los siglos XVII y XVIII se desató una epidemia de viruela  con una tasa de mortalidad en torno a un 10% de la población europea quedando un 30% de la misma con graves secuelas. De viruela murió el rey Luis I, hijo de Felipe V de Borbón, el infante Gabriel hijo de Carlos III, su esposa y su hija; enfermó la infanta María Teresa, hija de Carlos IV (y el apuntador no murió porque huyó a tiempo).  La infección traspasó las fronteras y se importó desde Europa al nuevo continente. Todo fue de tal magnitud que la Corona organizó una expedición (la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna de 1803 que salió de España)  para vacunar a las poblaciones aborígenes americanas de ultramar siguiendo el proyecto propuesto por Francisco Javier de Balmis, médico de cámara de Carlos IV, que proponía transportar la vacuna inoculada en ´los niños vacuníferos´ pues se consideraba que los niños respondían a la vacunación mejor que los adultos y con menos síntomas (hoy esto no lo aprobaría nadie, claro está). Uno de esos niños fue el hijo de la enfermera Isabel Zendal, única mujer que formó parte de la expedición.

 

Seguramente los adolescentes a partir de 13 años no escuchan la voz de sus madres (aunque esto de los niños que portan las vacunas seguro que sí lo ´oyen´ y no se les olvida), pero a buen seguro que a ninguno se le escapa una película de Netflix, pues que sepan que la plataforma estrenó la película de Francis Ford Coppola Apocalypse Now, y quizás los más mayores puedan ya comprender de ella lo que nos humaniza y, sobre todo, lo que nos deshumaniza.

 

Si pasan ustedes por Sevilla les recomiendo que visiten el Archivo General de Indias y vean el documento titulado Los niños vacuníferos de la Real Expedición Filantrópica de la vacuna (1803-1810), sin duda les resultará interesante.

 

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