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Opinión |
Jueves, 26 de Mayo de 2022

Apología del apropiacionismo

 

No, no vengo a hablar de Rosalía y la apropiación cultural del flamenco, que es un debate muy 2018 que deberíamos tener superado.

 

Vengo a reivindicar que nos apropiemos de las cosas que nos han podido hacer daño en cierto momento y cambiar su uso, al más puro estilo del segundo Wittgenstein, ese filósofo continental que se convirtió en un analítico, de carrera bipolar y fue compañero de colegio del mismísimo Adolfito Bigotito, aunque esto es mera anécdota.

 

En plena era de la deconstrucción tenemos que vaciar de contenido ciertas cosas y darle uno nuevo. Voy a poner dos botones de muestra:

 

El primero es el más fácil de entender y el más reciente. El colectivo LGTBIQ+ se ha reapropiado de la palabra ‘maricón’, y puede llegar a ser una simple interjección o incluso una palabra cariñosa. Y encima la legitimidad de uso de la palabra, en cierto modo, se ha restringido al colectivo. ¿No sería maravilloso que las mujeres hiciéramos lo mismo con la palabra ‘puta’? Además, se está empezando a conseguir, más en EEUU que en nuestro país. Cuando Britney canta ‘you better work, bitch’, o cuando cantas ‘I`m a bitch, I`m a boss’ no te ofendes, al contrario, te empoderas, y sinceramente creo que ese es el camino. De momento en España al menos tenemos el ‘puto’ como aumentativo positivo, y me parece lo más.

 

Pero la reivindicación es más profunda y lo vais a ver con el segundo ejemplo. La famosa campaña de publicidad de Rosie la remachadora, dándonos el claro mensaje a las mujeres durante la Segunda Guerra Mundial ‘We can do it!’, no era más que una campaña machista para conseguir mano de obra, dado que los hombres estaban en el frente. La clave es que el patriarcado lanzó ese mensaje con letra pequeña, podéis hacerlo, pero hasta que volvamos a nuestro país y entonces vosotras volveréis al cuidado del hogar, que es donde pertenecéis. Señores, les salió rana. Las mujeres que habían experimentado la libertad económica (entre otras cosas) no se resignaron a volver a ser la perfecta ama de casa. Un tiro por la culata que revitalizó el movimiento feminista. Hoy en día ese cartel sigue siendo una imagen fundamental de referencia del movimiento feminista, porque las mujeres nos lo apropiamos.

 

También el movimiento Body Positive utiliza la palabra ‘gorda’ como un mero adjetivo descriptivo, como lo que es, sin ninguna otra carga de significado. ‘Gorda’ es un insulto si lo desnaturalizas y comienzas a usar eufemismos como se han usado durante tantos años como ‘fuerte’, ‘grande’, ‘de hueso ancho’, ‘entrada en carnes’ o cualquier otro sinónimo pueril que os venga en este momento a la mente.

 

Y, venga, para terminar sí que voy a retroceder a 2018 y a Rosalía. Lo que nos diferencia a los humanos de los animales, entre otras cosas, es que hemos sustituido la naturaleza por la cultura. Lo que muchos llaman apropiacionismo cultural, yo lo veo como amor y respeto a esa cultura, y puesto que la cultura es lo que nos diferencia, en el mundo de la Aldea Global todo lo que sea cultura es patrimonio de todos, aunque esa es sólo mi humilde opinión.

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