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ENTRE TÚ Y YO

Mueve tu culo

Esther Egea Martes, 07 de Junio de 2022 Tiempo de lectura:

 

¡Madre mía que no me da tiempo a estudiar el examen!; ¡Llego tarde al gym!; ¡no tengo patatas para el asado! ¡Se me pasa el plazo de la ITV!

 

Todos tenemos situaciones, cotidianas y  especiales, que requieren de nosotros una respuesta y cuando no podemos responder bien, aparece el estrés.

 

Escenarios típicos de estrés familiar como prepararse para ir al colegio, la hora de la comida, los deberes, actividades extraescolares, el aseo diario o irse a la cama convierte la convivencia en un campo de batalla donde todos pierden la tranquilidad, convirtiendo la experiencia en una fuente de estrés.

 

El estrés no es ni más ni menos que una emoción básica que activa respuestas de lucha o huida para nuestra supervivencia. No es malo sentir estrés, sólo nos pide actuar, pero según actuemos estaremos más tranquilos o más nerviosos.

 

Vivimos en cambio continuo y saber adaptarse a los cambios y no vivirlos como retos insuperables o amenazas peligrosas va a depender de cómo lo gestionamos.

 

Pero por las prisas, el perfeccionismo, la baja autoestima nos desadaptamos y en lugar de enfrentarnos de manera eficaz al desafío que tenemos presente, nos comportamos de manera perjudicial a las exigencias reales del entorno.

 

Más o menos la mayoría de las veces podemos estar organizados por la inercia de la rutina pero cuando toca “mover el culo” por acontecimientos estresantes puede que no nos planifiquemos bien y aparezca un malestar significativo que nos hace estar tristes, apáticos, indefensos, preocupados, nerviosos y como no, con muy mala leche. Estas reacciones no es porque la situación en sí sea mala sino por el bloqueo mental y conductual que disminuye la capacidad para generar alternativas eficaces para tomar decisiones y, por lo tanto actuar bien.

 

Y cuando estamos así no podemos pensar con claridad, reorganizar nuestros pensamientos, ser proactivos con ideas creativas para solucionar lo que tenemos delante. Al revés, le damos la espalda y vamos dando tumbos, tropezando con más problemas que nos alejan de la solución.

 

Darse cuenta de que tenemos una dificultad es el primer paso para recalcular ruta y orientar nuestra atención en el camino que nos lleva a conseguir resolver el problema.

 

Recuerda que el estrés tiene la función de informarte que tienes que responder de otra manera, porque las situaciones no son en sí problemáticas; es tu falta de respuesta apropiada lo que hace problemática la situación.

 

Volviendo a la convivencia diaria, el organizar por la noche la mochila y la ropa; levantarse 10 minutos antes; participar los hijos en el menú familiar; ir con tiempo a las actividades, casi dando un paseo; hacer una actividad tranquila antes de acostarse, puede disminuir considerablemente el estrés debido a la falta de planificación y a las prisas.

 

Si quieres que te ocurran cosas diferentes, haz cosas diferentes. ¡Mueve tu culo!

 

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