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ENTRE TÚ Y YO

En el Museo del Prado: El Cid Sale del Armario

Dolores Gil Alcayna Miércoles, 08 de Junio de 2022 Tiempo de lectura:

 

Marie Rosalie Bonheur, nació en Burdeos, el 16 marzo de 1822, fue una pintora e ilustradora francesa, y más allá de su indiscutible talento artístico, se impuso a una sociedad dominada, no solo por el hombre, sino por unos convencionalismos que, bien podrían haberla impedido realizarse como una mujer sin prejuicios y de libre pensamiento.

 

Por eso pienso que sus padres, pertenecientes a una corriente política que promovía una educación igualitaria tanto en mujeres como hombres, hicieron que se desarrollara en un ambiente poco común para la época.

 

Que importante es recibir una educación que no castre la naturaleza de la libertad emocional de las personas. Ser libre para pensar, sentir, soñar y, en definitiva, vivir; estar exentos de creencias atávicas que lastren e impidan que aflore la mejor versión del yo más auténtico. En contra de lo que pueda parecer, Rosa Bonheur, no fue la típica heroína que batallara contra todo y todos. Por muy difíciles que fueran aquellos tiempos para la mujer, ella vivió y se realizó y se mostró como su instinto le dictaba. Si bien es cierto que en los primeros años de su vida le fue difícil el aprendizaje escolar. Fue expulsada de varios colegios por su negativa a ejercitarse en otra cosa que no fuera la pintura. Así que su madre ideó algo genial: cada letra de alfabeto iría acompañada de un dibujo. Pensó que esto la ayudaría a memorizar. Pronto los animalitos comenzaron a poblar su universo imaginario. Algo decisivo y providencial en su vida.

 

La imagino indomable, yendo a la Prefectura de Policía de París para pedir permiso y vestir con pantalones, alegando motivos de salud, ya que frecuentaba ferias de ganado, donde observaba y tomaba sus apuntes (hasta llegó a diseccionar animales para su conocimiento de anatomía, en escuelas de veterinaria). De esa manera evitaba ser molestada y amonestada por miradas insidiosas.

 

[Img #91101]

 

Del talento virtuoso de Rosalie Bonheur, es éste majestuoso león, que simboliza el propio carácter de la pintora y de la mujer en general: poderoso, independiente, indomable, luminoso, seguro, etc. Lo llamó Cid. Ha estado en los almacenes del Prado más de cien años, saliendo de ese ostracismo para la exposición La mirada del otro.

 

[Img #91102]

 

Alberto García-Alix, es un reputado fotógrafo que se inició en este arte en los años ochenta del siglo pasado. Un profesional con una trayectoria vital digna de estudio. Un enfant terrible que me sedujo y enamoró desde que tuve conocimiento de su vida y obra.

 

Con su cámara analógica a cuestas, que más podría parecer una prolongación de su cuerpo, el mítico artista ha hecho un trabajo de cuatro largos años, en el Museo del Prado.

 

Por medio de laboriosas técnicas de múltiple exposición, ha conseguido una recreación onírica, casi espectral y palpitante, de las grandes obras maestras de la pinacoteca. Poniéndolas en primer plano de actualidad. Es como si hubiera abrazado sus almas y fusionado la suya con cada una de ellas. Y entre dichas obras, está el bellísimo Cid.

 

Fantasías en el Prado, que así es como se llama el proyecto, es una labor donde queda patente el magisterio hipnotizador y fascinante del autor.

 

MI NOMBRE ES CID

 

Si tienes una madre

universal como Rosa Bonheur,

estás destinado a ser diferente.

Yo fui de carne y hueso,

Para luego, en sus manos,

surgir como una escultura de arcilla,

después, un hermoso óleo.

 “Cid”, significa señor: es mi nombre.

 

Azares arbitrarios

me trajeron olvido

al enorme almacén de un gran museo.

Una guarida oscura

donde mi naturaleza salvaje

estaba oculta y presa.

Hoy,

Soy objeto de estudio y performance,

soy majestad en trato

excelso y bendecido,

subyugo a todo el mundo,

a los propios y extraños.

 

Medianoche, unos pasos en sigilo

como las apariciones etéreas

deambulan por las salas vacías:

es un león herido;

el fotógrafo de la voz quebrada,

y me mira fijamente, me estudia.

Frágil, cubre mi rostro con el suyo.

y así, en la fusión de nuestras faces,

con su artefacto de magia, me pinta,

y culmina un mágico autorretrato.

 

dolores gil

 

[Img #91100]

 

 

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